‘Buscando’: El glitch humano

Lo primero que debemos decir es que Buscando (Searching, 2018) es una película con una particularidad propia. El ejercicio de su visión, en este sentido, puede llevar a dos caminos; la fascinación por la innovación en el lenguaje cinematográfico, o el desdén de experimentar la maximización de la interfaz rutinaria de la que intentamos huir.

La película se presenta toda como el screenshoot de una pantalla, ya sea de un viejo ordenador, un celular o una nueva MacBook Pro. Donde una familia deposita sus recuerdos y anhelos, y donde nosotros, como espías cibernéticos, vemos el progreso y crecimiento de cada uno de sus miembros. Pero todo cambia, la familia se rompe y la única hija, un día sin más, desparece. El padre (John Cho) tendrá que ingresar a lo más profundo de aquellos aparatos para tratar de dilucidar qué pasó; a su vez, mientras más escarba en la memoria binaria de sus gadgets, más se adentra en los secretos oscuros de su familia, descubriendo lo rota que se encuentra la relación con su hija.

A diferencia de Eliminar amigo (Unfriended, 2014), que utiliza la misma condición narrativa, en Buscando vemos los males de una sociedad siempre conectada a la red, pues expone como su memoria colectiva se convierte también en esa gran biblioteca donde podemos extraer lo bueno y malo de la sociedad en la que estamos. Desde un primer momento, hay un recuento que muestra la relación histórica que tenemos con la pantalla, tanto personal como socialmente. La computadora como un miembro más de la familia, que escucha y ve las historias del día a día. Un analista frío que muestra alegrías o tristezas, y que, por esa misma frialdad, a veces, se vuelve peligroso, pues detrás de sus circuitos hay una naturaleza humana que puede perjudicar el mero recuento de datos y hechos.

Otra vez, comparando a Buscando con Unfriended, vemos una diferencia en el mero sentido estético. Mientras la cinta de 2014 hace del glitch una muestra del horror y la desesperación propia de la nueva era, en Buscando los errores en la interfaz se presenta sólo como un adorno, pues los fallos y males tecnológicos no son evocaciones a sus emulaciones humanas. Aquí se ve a los aparatos sólo como eso, un cúmulo de circuitos y códigos que no entienden lo que sucede, ni lo que aportan o muestran, es el ojo y el cerebro humano el que va elaborando casos, encontrando pistas y decodificando los hechos fríos de la red.

No hay un temor a lo Frankenstein, pues se entiende que la tecnología no es maligna por sí misma, es decir, no hay un castigo por lo que hemos creado (otra vez como en Unfriended), sino una elaborada trama de datos y sucesos que expone, y busca ejemplificar, la forma escueta en que retratamos, compartimos y miramos sucesos humanos a través de una pantalla. Por eso Buscando es más una cinta de misterio, de claves y descubrimientos, que una cinta de horror tecnológico.

En medio de este galimatías tecnológico, sale a la luz otras referencias que muchos de los espectadores tenemos a la mano, como la serie CSI, dónde la tecnología esta siempre al servicio de la verdad, y bastan unos cuantos clics para que ésta sea descubierta. Hay, en esas series, un orden perfecto de datos, fotografías y archivos, lo que permite sin el mayor esfuerzo, encontrar lo que uno está buscando. La realidad dista mucho de la obsesión compulsiva de las interfaces de la agencia de investigación, pues sabemos que el orden dentro de nuestras computadoras a veces es tan caótico como nuestras vidas.

Por eso es que Buscando es mucho más cercano, por que las reacciones que genera, tanto de incertidumbre como de humor, son propias de cualquiera. El tratar de descifrar una contraseña, y el ver lo ridícula que es, así como viajar al pasado y encontrarnos con las fotografías de lo que éramos antes, es algo que nos pasa, o ha pasado, a muchos. El conflicto generacional, la súbita aparición y desaparición de redes sociales, así como el rápido movimiento de la tecnología nos confronta en lo personal, y por lo mismo, nos hace participes de lo que sucede dentro de la trama, más allá del uso de una interfaz reconocible, y hasta amigable, son los recuerdos de la cultura pop tecnológica los que nos atrapa; una vez envueltos, en el primer giro de la trama, ya no tenemos hacia donde escapar.

Muy de moda, también, son los misterios de Internet, para una generación que nació y creció en la era de la conspiración, es muy fácil caer en el juego de la sospecha. Las nuevas leyendas urbanas poco versan sobre cocodrilos en las alcantarillas o seres de otros lados, sabemos que no hay mayor misterio que lo que sucede aquí y ahora. Buscando abreva de estas aguas y se concentra en las pistas, en mostrarnos siempre, y a cada momento, claves para resolver el misterio. Pero, sabe que no todos somos Sherlock, por lo que regresa una y otra vez, en ojos y tez de su protagonista, hasta que el acertijo queda expuesto. Sin embargo, eso no nos impide jugar con la interfaz, y poder leer hasta el más recóndito espacio dentro de ella, y tal vez ahí, encontrar algo; una pista, una referencia o un simple guiño que nos diga: sí, tu eres parte de esta cinta.

Una forma diferente de construir el cine, que, como dije, lo mismo puede fascinar que ser repulsivo; pues el cansancio que tenemos entorno a esos códigos busca que, en el cine, querremos ver algo distinto. Pero, habrá que decirlo, tampoco podemos ver sólo lo malo, y de esto va la cinta, de que hay diversas opciones dentro la interfaz, o ser un apocalíptico, y darlo todo por perdido o ser un integrado, y ver en las nuevas tecnologías un fomento para el cambio. A final de cuentas, el error siempre es humano.

Por Ali López (@al_lee1)

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