‘Yo, Tonya’: Humor negro y jalón de orejas

La desgracia puede ser chistosa cuando le pasa a alguien más. A veces parece que tenemos fascinación por aquellas historias donde todo sale mal, donde la ley de Murphy impera y hace que cualquier cosa que pueda ir mal, salga peor.

Cintas de estas hay muchas, quizá un referente de humor negro es The Big Lebowski (1998) extraordinaria comedia de humor negro de los Hermanos Coen donde la desgracia es divertidísima. Pero Yo, Tonya (I, Tonya, 2017) es una historia real convertida en una cinta de humor negro en la que todo va de mal en peor.

Divertirse con una desgracia ficticia quizá a pocos les causa un dilema moral, pero reír a carcajadas con la infeliz vida de una mujer que se esforzó y dejó su vida en la pista para brillar, y a quien el american way of life no le hizo justicia, es mucho más cuestionable.

La dirección de Craig Gillespie, creador de películas entre mediocres y para el olvido como Mr Woodcock o Fright Night, es, al menos, diferente, y el guión de Steven Rogers hace que el espectador se sienta más cercano a la trama, casi interactuando con los personajes.

Se ha dicho que Alyson Jannie se roba la película en el papel de la madre de Tonya Harding, pero Margot Robbie hace un papel fenomenal, al igual que Paul Walter Hausen, encargado de darle vida al amigo del esposo de Tonya, quizá la pieza más crucial y odiada de la película.

En algún momento de la cinta, Tonya Harding, “sólo una redneck” como ella se define, cuestiona al público por reírse de la desgracia: “Me sentí abusada, abusada por ellos, pero también por todos ustedes”, y es que es imposible no reírse de la forma en que se cuenta la serie de eventos que llevó a esta mujer, extraordinaria patinadora, a ser una paria en el deporte al que le dedicó su vida.

Quizá lo más impresionante de esta biopic es que los detalles más inverosímiles fueron incluso más ridículos en la vida real.

Hay que ver Yo, Tonya para entender su versión, para cambiar ese juicio condenatorio que muchos hicieron al conocer la historia oficial de la primera mujer estadounidense en poder completar un “triple axel”, una de esas personas que toda su vida han padecido violencia y a quienes la corrección política y las tendencias sociales no les han hecho justicia.

Tonya Harding es una heroína, una víctima de las circunstancias y de las costumbres a quien los gringos le fallaron por no estar dentro del estándar, por no apegarse a las reglas, porque las apariencias son todo, porque el talento no es suficiente cuando la moral impera y quienes emiten los juicios tienen permitido arruinar vidas en aras del puritanismo.

Por Hugo Maguey

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