‘Wendy y Lucy’ de Kelly Reichardt

En un principio la cinta de la directora Kelly Reichardt, Wendy y Lucy (Wendy and Lucy, ), puede parecer llena de todos los aspectos de una película independiente cualquiera, pero es más que eso. La historia del viaje de una joven llamada Wendy, interpretada por Michelle Williams, hacía Alaska acompañada solamente por su perra Lucy escarba más profundo y explora aspectos muy diversos.

Esta cinta no funciona como una novela, sino como un cuento, con una narrativa limpia y dinámica, que se ve reflejada en el estilo cinematográfico de la directora. El viaje no es una historia épica llena de aventuras en las que se decide el destino del mundo, solamente se trata de una mujer que se detiene por un momento en un pequeño pueblo en su camino a Alaska.

La trama no es complicada, incluso se le puede tachar de sencilla, pero esto sólo es lo que se ve en la superficie. En realidad se trata de una cinta llena de melancolía, que describe de manera detallada la vida en algunas partes de Estados Unidos. El objetivo es tomar un evento mundano y explorarlo lo más a fondo que sea posible, considerando todos los ángulos sentimentales que se ven involucrados.

La película no es larga, dura tan sólo 80 minutos, pero dentro de este tiempo la directora logra insertar una gran cantidad de contenido, tanto en la trama como en la forma cinematográfica. Ninguna toma se desperdicia. El soundtrack es casi inexistente, normalmente lo que se escucha de fondo en cada escena es ruido de ambiente: el viento soplando, hojas que se mueven, trenes y camiones viajando de un lado a otro y los ruidos inconscientes que hace la protagonista de la cinta.

Sonido e imagen se comprimen de una manera perfecta para transmitir la cantidad necesaria de emoción y crear un retrato, no sólo de una situación, sino de un punto geográfico bien definido. La situación de la protagonista nunca se revela por completo, pero aquí lo que importa es el momento en el que su carro se queda sin gasolina en medio de un pequeño poblado, no el porque llegó hasta ese punto.

Este flujo constante de información sentimental se beneficia de la actuación de Williams. La actriz le da vida a una joven común y corriente de manera completamente convincente. Su actitud cautelosa y calmada puede dividir un poco las opiniones del público, pero es innegable su habilidad para hacer avanzar la cinta.

La trama depende por completo de ella, como único personaje principal aparte de su compañera canina, y Williams logra crear una empatía casi inmediata por su actuación. Este sentimiento se ve incrementado con los errores que al fin se amontonan para crear su mala suerte y el mayor nudo de la historia.

La directora logra llevar de manera más que satisfactoria la emoción contenida dentro del cuento en el que está basado el guión, Train Choir de Jon Raymond. Así, la textura nostálgica y el contenido del mensaje primordial se mantiene intacto. Reichardt evita las exageraciones dramáticas para concentrarse en retratar una historia común de manera que alcance nuevas dimensiones estéticas al conjuntarse con sus elementos minimalistas que amplifican el comentario social contenido dentro de la cinta.

Por Xavier R. Vera (@SoyXavito)

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