‘Una bella luz interior’: Diálogos de amor

El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro.
Como si tuviera dedos en la punta de mis palabras.*

El camino del amor es intrincado, cavernoso y terriblemente dúctil, pero todos pretendemos caminarlo como expertos, o cuando menos, con una idea “muy clara” de lo que estamos buscando. La seguridad inicial gradualmente se va convirtiendo en zozobra a lo largo del trayecto de Isabelle (Juliette Binoche), una bella artista parisina que después de una frustrante relación con un banquero (Xavier Beauvois) emprende encontrar amor, pero amor verdadero en la nueva película de la enorme cineasta francesa Claire Denis.

La película, estrenada en la pasada edición del Festival de Cannes, está inspirada (que no basada), en Fragmentos de un discurso amoroso, el agudo breviario del semiólogo francés Roland Barthes que busca, en sus propios términos, vincular el discurso amoroso al de sus mecanismos (ciencias, conocimientos, artes) y hacerlo gregario, es decir, sacarlo de la soledad en la que se encuentra. La película de Denis, construida a base de encuentros fortuitos y planeados, pareciera más bien fragmentar no el discurso, sino el encuentro amoroso.

Denis sigue a su heroína a lo largo de distintas jornadas amorosas, en las que su rostro es diseccionado por planos cerrados de su cámara, que en otras películas había hecho penetrantes exploraciones del cuerpo (Beau Travail, 2001; Les Salauds, 2013) y que en esta ocasión toma mayor inspiración del cineasta coreano Hong Sang-soo para trazar un ejercicio que va en una línea de discreta sobriedad, sin pirotecnias actorales, reveladores soliloquios sobre el amor, distanciándola de una simple comedia romántica. Lo que Denis busca es capturar los intersticios del amor, las conversaciones en las que se filtra la intimidad, no a través de exponerlas, sino de ocultarlas: volver el lenguaje una piel o cuerpo sensible a través del dialogo.

Denis arma los encuentros de Isabelle de forma similar a la que Barthes describe la jornada amorosa:

La jornada amorosa describe tres etapas:

1) La captura – soy raptado por una imagen

2) Una serie de encuentros en los cuales “exploro” con embriaguez la perfección del ser amado

3) La “secuela”, el largo reguero de sufrimientos, heridas, angustias, desamparos, resentimientos, desesperaciones, penurias y trampas de las que soy presa.*

En sus encuentros con actores como Alex Descas, Xavier Beauvois, Nicolas Duvauchelle y Gerard Depardieu, como un pícaro vidente, la Isabelle de Binoche ilustra con refrescante naturalidad lo que Barthes describe en su libro: la incesante complejidad del amor y la eterna incógnita de realmente haberlo conocido. ¿Se puede pensar el amor o solo se puede pensar en el amor?

La respuesta final apunta a algo místico o mágico, una invitación por parte del vidente interpretado por Depardieu a mantenerse “dispuesta” (open) al predecir su futuro y responder sus preguntas sobre sus amantes pasados. Hallar el amor se convierte así, como una luz interior, en algo lejano a toda razón y cercano a una certeza que es falsa: la de su existencia.

De todo consejero, sea cuel fuere, espero que me diga: “La persona que usted ama, lo ama y se lo va a decir esta noche”.*

La única evidencia del amor es la afirmación de que existe, independientemente que la diga un banquero, un actor, un galerista o un vidente.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

* Barthes, R. Frgamentos de un discruso amoroso. 1982. S. XXI

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