FICUNAM | Estrellas en mi corona: El verano eterno

Will there be any stars in my crown?

En las películas de Jacques Tourneur, lo sagrado se hace profano a través de una elegante digresión, casi siempre hecha de luz. Sus películas más conocidas son aquellas que fueron producidas por Val Lewton como La mujer pantera (Cat People, 1942) o Yo dormí con un fantasma (I Walked With a Zombie, 1943), frecuentemente citado como co-autor de las mismas, y a pesar de que éstas son agrupadas y clasificadas usualmente como un “período” dentro de la filmografía de Tourneur, es evidente que en otros trabajos no pertenecientes al “género” existen elementos que persiguen una preocupación con la disrupción de lo sobrenatural en el cotidiano, una disfrazada de normalidad. En sus películas, ese mundo, inasible a la experiencia, es tangible únicamente a través del dispositivo fílmico.

Estrellas en mi corona (Stars In My Crown, 1950) es usualmente descrita como un drama rural y aunque se adhiere a los códigos de operación impuestos a tal género, la película no dista de aquellas denominadas de “horror” que se mueven bajo otras reglas. Tourneur las disuelve y se ostenta como un cineasta que filma bajo sus propios códigos, inmune a la rigidez de límites invisibles entre proyectos. Una película religiosa, una película de terror, una película noir y un western no obedecen a reglas implícitas más que a convicciones personales. Se desmenuzan como agudas observaciones antropológicas desde uno de los conflictos centrales de dicha disciplina: la confrontación de magia y ciencia.

Descrita como Tourneur como su “película preferida” –misma que casi arruina su carrera–, Stars In My Crown presenta a mediante los recuerdos de infancia de un hombre (“a story that had its beginning before I was born”) la historia de Josiah Dozia (Joel McCrea), un pastor protestante recién llegado a la comunidad ficticia de Walesburg, de la que conoceremos a casi todos sus habitantes a través del narrador, John Kenyon (Dean Stockwell) en su infancia y el pastor, quién junto con la Tía Harriet (Ellen Drew) forman una familia unida por adopción, ausentes de toda carnalidad, como la Sagrada Familia.

En su prodigioso libro Jacques Tournuer: The Cinema of Nightfall, el crítico Chris Fujiwara señala la relación existente entre Stars In My Crown y el poder totémico en Cat People, entre magia y ciencia que comparte con I Walked With a Zombie, así como la forma en que estas películas basan su funcionamiento en los fracasos de la medicina occidental. Son películas en las que un mundo intangible que escapa a la comprensión humana devora la complacencia del hombre moderno.

Más que hablar sobre el culto a Dios, Stars In My Crown se centra en el culto a un emisario de Dios y el poder de sugestión que dicha autoridad le confiere. La toma inicial y la toma final de la película establecen el hecho de que estamos en un universo cerrado, relatado a través de las memorias de Kenyon (Stockwell, curiosamente, se convertiría en una figura que condensa el pathos y la angustia nihilista de la juventud sesentera mejor que James Dean) en las que los habitantes de Walesburg transitan como fantasmas alrededor de la ominosa figura del Pastor Dozia. La fuerza de la película, apunta Fujiwara, es centrípeta y se basa en la trayectoria del Pastor, quien debe someter dos resistencias claras para su total dominio: la ciencia representada por el joven Dr. Harris (James Mitchell) y la ambición, disfrazada de racismo, que pretende despojar a Famous (Juano Hernandez), un anciano afroamericano, de su propiedad.

Desde su llegada a Walesburg, en el que su primer sermón es en una cantina a punta de pistola, se hace evidente que la promesa de una ciudad dorada, aquí en la tierra como reza el himno que abre la película, es posible únicamente bajo un principio de imposición en el que cada habitante constituye una joya en la simbólica corona del carismático Pastor. No es casual que el mismo Tourneur declarase que él prácticamente “desapareció” durante el rodaje.

-It’s all over
-No, Dr. It’s just beginning

Después de ver a un paciente desahuciado, el Dr. Harris le dice al Pastor que “todo ha terminado”, a lo que el Pastor responde que “apenas comienza”. La cinta ofrece la primera resistencia a través del encuentro entre ciencia y religión cuando una epidemia de tifoidea hace que el Dr. Harris ponga en cuarentena al Pastor, a quien ha responsabilizado de esparcir la enfermedad, cuando en realidad la fuente es el pozo de la escuela. Las almas casi nunca gozan de buena salud, dice el Pastor, sugiriendo que su labor como predicador es tanto o más importante que la del médico. Cuando se percata del error del médico, el Pastor sale, empoderado, a hacer una demostración de la fuerza de sugestión tan afecta al cine de Tourneur.

¿Cómo filmar un milagro? Cuando el Pastor es llamado por el propio médico, quien ha aceptado su fracaso, para ver a una joven que esta en el lecho de muerte, Tourneur deja al Pastor y a la mujer solos en el cuarto. El Pastor se arrodilla frente a la cama de la enferma con los ojos cerrados. El plano se abre y una brisa entra por la ventana izando levemente las cortinas y otras prendas de ropa en la habitación. Tourneur vuelve a cerrar el plano sobre el Pastor, quien continua con los ojos cerrados. Ninguno de los dos se percata del viento. La toma se abre para ver a la mujer que lentamente abre los ojos a medida que la música aumenta. Cuando la mujer abre los ojos, lo primero que ve es la mirada del Pastor. Para Tourneur, el milagro se filma desde el encuentro de la vista. La presencia divina o sobrehumana, como en otras películas de Tourneur, no es mostrada más que sugerida.

-This ain’t no will!
-Yes it is, It is the will of God.

La otra fuente de resistencia al dominio del Pastor viene de un grupo de miembros del Ku Klux Klan que desean adueñarse del terreno donde vive Famous, un afable anciano afroamericano y entrañable amigo de John. Cuando la turba de sotanas y mascaras blancas llega dispuesta a expulsar al hombre, el Pastor les dice que no pretende convencerlos de que hagan lo contrario, pero desea leer el testamento de Famous. Cada objeto que Famous posee es legado a la persona con la que tiene relación, por ello, aunque todos lleven la capucha blanca, sabemos quién es cada uno de ellos. El rol de los objetos transparenta la relación entre Famous y sus perseguidores y su renuncia voluntaria a la propiedad privada se vuelve tan poderosa que la turba se disipa. Famous gana su libertad gracias al Pastor, pero cuando John lee el testamento, solo encuentra hojas en blanco. John le dice al Pastor que no hay ningún testamento (will en inglés) ahí, el Pastor responde que sí, que ahí esta la voluntad de Dios, refiriéndose más bien a él mismo. Es su voluntad. En Walesburg, Dios no tiene cabida, sólo su misterio.

Este encuentro entre lo divino y lo terrenal se concentra en un bellísimo momento de la película. Cuando John y otro niño están junto al pozo de agua, el niño le pregunta a John cuál sería la primera cosa que haría si fuera Dios. John responde que haría el verano permanente. La fantasía de poder detener el tiempo se anula cuando, al final, nos percatamos que ahora todos los habitantes de Walesburg se someten al poder de la religión, ilustrado a través de la entonación del himno y la toma que abre y cierra la película. La duración del verano es el más grande y bello misterio en el reino del Pastor Dozia.

Will there be any stars in my crown?

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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