‘Sonidos vecinos’: Retratando la ciudad

Varias historias urbanas suceden paralelamente en un barrio de clase media en la ciudad de Recife en Brasil. Un ama de casa hundida en la monotonía de su vida diaria que además debe soportar los interminables ladridos del perro del vecino; un joven y frustrado agente inmobiliario que intenta darle seriedad a la relación que lleva con su amante; el empresario más poderoso del lugar que además es dueño de media colonia y un repartidor de garrafones que vende marihuana clandestinamente.

Un barrio donde a pesar de tener rejas en las ventanas y puertas de las casas, cámaras de seguridad colocadas estratégicamente y estar habitado por supuesta gente de bien, los asaltos, los robos de autopartes y la constante sensación de inseguridad están a la orden del día.

Una empresa privada de seguridad aparece, aparentemente de la nada, para brindar  con sus servicios la tranquilidad que tanto desean los inquilinos y terminan por convertirse en parte del paisaje urbano diario y en una historia más dentro de las miles que el barrio tiene por contar.

El director Kleber Mendonça Filho retrata en Sonidos vecinos (O Soma o Redor, 2012), su primer largometraje de ficción, la vida diaria del Brasil contemporáneo. Un Brasil en una constante lucha por dejar atrás la pobreza, la desigualdad y el crimen, para poder crecer política, económica y socialmente.

Un cambio que aparentemente se está logrando pero solamente de forma física. Es un cambio constante del entorno donde las grandes casas con enormes jardines habitadas por una sola familia desaparecen para dar lugar a grandes torres departamentales donde habrá un sinnúmero de gente en un espacio reducido.

Un cambio que todos dicen querer pero que hacen poco a nada para lograrlo. Un Brasil donde aún hay discriminación, doble moral, desigualdad envidias de los que no tienen hacia los que sí y que finalmente es esa envidia y esa frustración la que termina por llevar a ese modo de vida donde sobrevive el más fuerte.

Una sociedad en donde a pesar de estar rodeado de gente, con el ruido constante de una enorme urbe donde aparentemente hay una infinidad de cosas que hacer la sensación de soledad es una constante en los habitantes que viven inmersos en sus propios pensamientos sin prestarle atención al prójimo.

Una película contada por medio de distintas historias relacionadas entre sí, pero que difícilmente logran cuajar entre ellas, realmente es muy complicado entender hacia dónde está yendo la trama hasta casi el final y aún al final no logra dejar las cosas del todo claro.

Más bien es una de esas películas que si se divide y la vemos escena por escena en cada una se ve un gran trabajo de dirección, de actuación, de fotografía, de diseño sonoro (el ruido urbano es uno de los personajes principales de la película), pero ya en conjunto se tambalea.

No hay alguna situación que logre atrapar la atención del espectador, no hay un desarrollo interesante de los personajes, tiene algunas escenas que pudieron haber sido suprimidas y no hubiera pasada absolutamente nada.

Efectivamente el retrato social que el director buscaba mostrar ahí está y está muy bien hecho, pero nada más, como película le falta, entiendo que hay películas en las que el hilo conductor es poco convencional o que de plano no hay una historia como tal, pero ésta deja con la impresión de que sí se tenía la intención de una historia que desafortunadamente no se logró.

Por Luis Arredondo

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