Qué importa lo que diga la gente: José José en cine

José José es una de las grandes voces en la historia de la música en México. Punto. Es innegable su influencia en la cultura popular mexicana, desde que comenzara a tener éxito a finales de los años 60. Canciones como El triste, La nave del olvido, Amar y querer, Amnesia, Almohada, Volcán, entre muchas otras, forman parte del inconsciente colectivo y no es raro encontrar que aun aquellos que niegan conocerlo, con unas copas encima conocen de pe a pa toda su discografía.

Como muchas figuras del ambiente musical, nuestro estimado José Romulo Sosa Ortíz –verdadero nombre de El principe de la canción– sucumbió al canto de las sirenas y aceptó incursionar en el mundo del séptimo arte. La lista de estrellas que dieron el paso incluye nombres tan disímiles como Frank Sinatra, Vicente Fernández, Raphael, Serge Gainsbourg, Mariah Carey o agrupaciones de la talla de Magneto, Kiss, las Spice Girls o The Beatles.

Como muchos falló en lograr convertir su talento vocal en actoral. Si la carrera de José José en celuloide tiene pocos títulos se debe más a su acartonado y poco convincente desenvolvimiento ante la cámara que a su popularidad con el respetable. El cantante tiene un registro limitado y sus mejores momentos llegan cuando está cantando o haciendo de borracho, un papel que se dedicó a perfeccionar con ahínco fuera de cuadro.

Que triste, todos dicen que soy…

El corpus cinematográfico de José José inició en 1972 con Buscando una sonrisa de Rubén Galindo. JJ interpreta a José, un joven humilde, soñador, responsable, cariñoso y un poco acomplejado, que tiene un solo objetivo en la vida: sacar a su madre de trabajar y comprarle una casa con harto marmol. Un trágico giro del destino provocará que nuestro protagonista pierda a su progenitora e inicie un periodo oscuro en su vida, una luz aparecerá en su camino el día que conoce a una linda güera en la playa y se enamora perdidamente. Los complejos se desatan cuando José descubre que su amada es millonaria y él siendo pobre siente que no la merece.

El nudo principal de la trama es un ir y venir del personaje principal entre estar enculado sin remedio y su orgullo ciego por tener dinero y ganarse a la chica que ya tiene en el bolsillo, maltratandola sin intención. Las grandes fallas de la cinta son culpa de Rubén Galindo, falla en imprimirle un ritmo decente a la trama, asimismo es incapaz de hacer convincente el amor entre José José y la actriz Nadia Milton. Su mejor acierto es convertir a un joven Fernando Luján en un hippie que cambia de postura política como veleta, aunque la mayoría de las veces esté fuera de tono.

Busco la prisa loca de tu mente, la lenta entrega de tu cuerpo…

El correr del celuloide siguió con otra colaboración con Rubén Galindo, también del 72, Un sueño de amor. Aquí, José José encarna a un niño bien, con unos padres millonarios, una mansión paradisiaca, gusto por el golf y los sacos de gamuza morada de nombre David Granados. La intriga arranca en una ostentosa fiesta donde la madre de David (Beatriz Aguirre) trata de presentarle a dos lindas muchachas y él las rechaza, descubriremos que el problema es que su mente y corazón están ocupados por el recuerdo de Graciela (Sasha Montenegro con la ropa siempre puesta), a quien vemos en unos brumosos flashbacks.

La cosa cambia con la aparición de Caritina (Verónica Castro), que embelesa con su belleza a David. Hipnotizado y obsesionado con la muchacha, David intenta una y otra vez conquistarla sin resultados. El giro de tuerca es que ella es ciega y cree que el amor de David se debe a la lástima, por otra parte el muchacho chicho de la película gacha se siente culpable por haber encontrado de nuevo el amor sin poder olvidar a Graciela.

Al final es un trabajo de Rubén Galindo y el resultado, gracias a la edición, vuelve a ser confuso. El drama se dilata al grado que el conflicto sentimental de David no tiene resonancia. El puchero permanente de José José tampoco ayuda, ¿ya les dije que el personaje de Verónica Castro se llama Caritina?

Como una flor tu corazón al sol le mostrarás, una mañana…

Es probable que de haber tenido otro mentor que no fuera Rubén Galindo, la parquedad casi graciosa de José José hubiera sido aprovechada en favor de sus papeles. Pero no. Para su tercera película, el cantante se volvió a juntar con Galindo y el resultado tiene un aliento artístico parecido a la saga del Chanfle o una cinta de Capulina.

La carrera del millón del 74 bien pudo ser filmada back to back junto a Buscando una sonrisa. Ambas tienen escenas en Acapulco, la misma mansión para la gente rica y a Fernando Luján robando cámara. La diferencia es que la primera trataba de ser un melodrama y la segunda es un pueril intento de comedia con un guión simplón y poco desarrollado.

La guapa Nubia Martí interpreta a una chica empecinada en casarse con su novio, un  interesado hijo de papi encarnado por Luján. Dos tíos son los encargados de cuidar su dote, ya que es huérfana, uno dice que sí, el otro se niega. ¿Su solución? Un rally con dos campeones que luchan por el amor y la mano de la chica, el underdog es José José, un mecánico de buen corazón. Es una comedia romántica así que ya saben qué sucede al final.

Fui de todo y sin medida…

Probablemente el trabajo más conocido de José José en cine, la autobiográfica Gavilán o paloma (1985) de Alfredo Gurrola. La historia es bastante conocida: José Sosa venía de un hogar con problemas, jovén encontró la fama y la fortuna gracias a su privilegiada voz, también encontró el amor en los brazos de Anel (Christian Bach). Pero tanto lujo y tanto dinero, junto a unas compañías nada gratas, provocaron que cayera en adicciones y casi perdiera su carrera.

Sin ser un genio, ni nada parecido, el oficio de Gurrola es suficiente para sacar el barco a flote. Los golpes de pecho son continuos y la actitud de “entiéndeme, tomo porque sufro” permea toda la trama. Lo sabemos Pepe, tú no tienes la culpa de nada. Lo mejor, un irreconocible Jorge Ortiz de Pinedo como el ayudante homosexual del intérprete. Todo un placer culpable.

Si en el aire las compones…

Por si su propia biopic no fuera suficiente, en Sabor a mí (1988) es la historia de la vida del cantautor mexicano Álvaro Carrillo. La cinta abre y cierra con el accidente automovilístico –chafisímamente recreado– en el que Carrillo perdió la vida. De casi dos horas de duración y dirigida por Ricardo Cardona Jr., la película se pierde en conflictos sin suficiente fuerza dramática y los intentos de José José por mostrar un rango actoral más amplio ensayando un acento que nunca cuaja y lo hace parecer borracho 24/7. Roban cuadro Angélica Aragón como la sufrida esposa del compositor y una melancólica Carmelita Salinas como la matrona del burdel en que trabaja.

Soy así, así soy yo…

La actuación más convincente del intérprete de Quiero perderme contigo llegó en 1995 con Perdóname todo. Sin ser descaradamente biográfica como Gavilán o paloma, es evidente que la vida de su protagonista se coló al guión.

José José da vida al exitosísimo y conflictivo cantautor Ricardo Alfaro. Un hombre que compone hits al mismo ritmo que enamora jovencitas. Su nueva conquista es la talentosa Alejandra Montes (Alejandra Ávalos), con la que se casa. El infierno se desata porque David no puede dejar la bebida y la juerga, afectando su vida amorosa y laboral.

En esencia, Perdóname todo es un obvio anuncio de Alcohólicos Anónimos. Al igual que en la vida real, el personaje de José José es víctima de las circunstancias y la presión laboral, nunca es directamente responsable de sus acciones. Es mejor que su biopic porque al final no hay una redención completa y Raúl Araiza lleva las riendas del circo. Como bonus, Claudio Brook da una de sus últimas actuaciones.

Dicen que soy un payaso…

José José tiene un par de cameos en otras cintas. Uno en la irreal e involuntariamente hilarante Siempre en domingo (1984), en un número musical. En el melodrama sobre inmigración, Sueño (2005), donde la hace de músico misterioso. Y, aunque no hay mucha información, tendrá una participación en Clean Sweep de Leon Rodriguez que está en post-producción.

Casi todos sabemos querer, pero pocos sabemos actuar….

Por Rafael Paz (@pazespa)
Publicado originalmente en Revista Freim.

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