Mórbido | La peste de la nueva normalidad

El cine siempre encuentra la forma de capturar las ansiedades del mundo que lo rodea, cada evento de nuestra atropellada historia no es sino la oportunidad de crear, de usar los miedos presentes como si de pintura se tratara en un vasto celuloide. No es sorpresa entonces que, meses después después del primer reporte de Covid-19, el cine haya comenzado a agregarlo a sus temas. El encierro, seguramente, le ha dado oportunidad a más de uno para encontrar la manera adecuada de llevarlo a pantalla.

El programa de cortos La peste de la nueva normalidad, presentado en la actual edición de Mórbido Fest, es una pequeña muestra de la manera en que algunos cineastas han comenzado a sublimar el momento que vivimos, una temporada donde las noticias nos han entumecido y el mundo parece estar en constante aceleración, una experiencia, además, que muchos han debido enfrentar desde la distancia, asilados y con el temor de ser la siguiente cifra de contagio.

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Solución para la tristeza (Solution for Sadness, 2020), de Marc Martínez Jordán & Tuixén Benet, retrata precisamente lo complicado de enfrentar nuestros sentimientos en aislamiento. La protagonista del corto –la propia Tuixén– está deprimida, muy deprimida, tanto que la gente a su alrededor acude a un servicio especial que la “ayudará” a luchar contra su tristeza con una máscara de mono.

Tuixén vive agobiada por sus sentimientos sin notar que no es la única buscando como sobrevivir a pensamientos similares, su encierro, físico y mental, le impide mirarse en sus amigos o vecinos. La tristeza es un elemento democratizador, parecen decir los realizadores, uno del que es posible ser parte con sólo mirar atentamente al otro.

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Por su parte, Best Selfie Ever (2020) es una mirada a un mundo en plena decadencia donde la adicción al internet se mantiene con fuerza. Filmado en varias ciudades de Japón, incluyendo Hiroshima, de manera guerrillera, el cortometraje aprovecha la estética de los celulares y las redes sociales para narrar los últimos días de la humanidad antes de un nuevo estallido nuclear: en apariencia, el definitivo.

Si la protagonista está interesada por encontrar dónde tomar una última selfie perfecta, se debe a que el mundo parece ofrecer pocas atracciones fuera de su fatal destino. ¿Qué otra cosa podría importar sin futuro? La selfie parece ser el último triunfo de la banalidad, sí, pero las otras opciones tampoco ofrecen salidas satisfactorias al trance.

La idílica paz de You Wouldn’t Understand (2020), cortometraje dirigido por Trish Harnetiaux, resulta extraña desde sus primeros fotogramas. Tal vez sea la peculiar sensación de ver a su tranquilo protagonista disfrutar de un refinado picnic al aire libre dadas nuestras circunstancias actuales o que una vida con historias de horror y terror nos ha programado para sospechar de las situaciones de apariencia “perfecta”.

La presencia de un segundo hombre introduce el elemento que nuestra cabeza adelantaba, más porque su solicitud, casi exigencia, de un frasco con salsa de rábano y la cambiante historia de sus razones para estar en el lugar sólo acrecientan las sospechas. Harnetiaux cierra el cortometraje con un guiño de ironía, confirmando y ridiculizando nuestras aleatorias suposiciones. Véase Rattlestar Ricklactica, quinto episodio de la cuarta temporada de Rick & Morty, para más sobre el tema.

La estética de Madrid 2120 (2019), de los españoles José Luis Quirós & Paco Sáez, recuerda la de otras miradas pasadas al futuro que nos ha dado el cine, visiones de un mundo cada vez más cercano. Este pequeño noir bebe por igual de Blade Runner (1982) o El quinto elemento (The Fifth Element, 1997) para retratar a la capital española como un lugar donde la brecha entre ricos y pobres sólo se ha agudizado y ahora se trafica con una sustancia –Nitrogreen– que permite reverdecer pequeños lugares.

La tragedia del protagonista de Madrid 2120 es muy similar a la de muchos que no tuvieron la suerte de nacer entre el 1% y se han visto obligados a subsistir para apenas malvivir. Como otros “héroes” del noir, el taxista convertido en traficante vive en un constante volado con el destino, uno que ha determinado su suerte gracias al injusto sistema en el que vivimos.

Un sentimiento similar se presenta en Rutina: La prohibición (2020), del también español Sam Orti. Esta animación en stop-motion no recurre al noir sino a los estados distópicos y totalitarios –como esa donde Richard Burton tortura hasta el olvido a John Hurt: 1984– para hacer un crudo retrato del presente, digo, del futuro… ¿cuál era?

En la visión de Orti, los ricos disfrutan en sus torres lejos de los sufrimientos a ras de suelo. Ministros religiosos se unen con ricos industriales para hacer promoción del producto más reciente y la ideología más adecuada para sus lucrativos fines, mientras la televisión arroja luz y pocas ideas. Estos cíclopes están condenados al olvido.

Si Rutina: La prohibición deja un amargo sabor en las retinas, El desfile de los ausentes (2020), del mexicano Marcos Almada Rivero, provoca el efecto contrario. Aquí el estado totalitario es manejado por un fantoche cerdo, quién controla a la población a través de un asno mecánico y un implacable cuerpo de vigilancia.

Rivero subraya los riesgos que cargan aquellos que deciden alzar su voz contra las injusticias o que expresan una opinión disidentes, al tiempo que muestra lo necesario de ese ejercicio aun cuando es reprimido, su ejemplo mantiene viva la esperanza del mañana.

Cyberpunk U.S.S.R (2020), del ruso Aleksey Khazov, es un viaje a una Rusia inexistente aunque extrañamente reconocible. En este universo, los soviéticos no cayeron y su enredada burocracia ha degenerado en un torpe organismo gubernamental, todavía con la capacidad, más o menos, de ejercer el poder.

El corto de Khazov es un divertimento que hace eco de otros homenajes ochenteros recientes como Kung Fury (2015) o Turbo Kid (2015), donde el exceso abunda y parece ser la única regla frente a la pantalla. Que el robo del cadáver de Lenin sea el motivo de arranque de la trama resulta bastante lógico.

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El programa dedicado a nuestra anormal normalidad de futura ansiedad cierra con un documental animado bastante peculiar donde un grupo de mujeres recuerda su relación con Richard Ramírez, un asesino conocido como “The Night Stalker” que durante los años 80 asesinó a más de una decena de personas en la ciudad de Los Ángeles.

La cámara de Just a Guy (2020) aprovecha su capacidad animada para capturar los relatos de estas mujeres –uno de los testimonios es de la propia directora, Shoko Hará– y las razones que las acercaron a Ramírez, quién se encontraba en el pabellón de la muerte esperando el cumplimiento de su sentencia.

Para ellas, el convicto era un hombre necesitado de contacto humano, una situación muy similar a la que experimentaban ellas fuera de la cárcel. La curiosidad y saber que había muy pocas posibilidades de verlo salir de prisión sólo eran un aliciente para estrechar la relación con Ramírez, a diferencia de otras mujeres que se acercaron al condenado buscando fama y dinero.

Hará crea un mosaico rico en texturas y de gran expresividad para explicar la atracción que sintió dicho grupo de mujeres, donde el significado del amor encuentra raras maneras de manifestarse, como lo demuestran los inocentes suspiros de enamorada que acompañan sus recuerdos.

Por Rafael Paz (@pazespa)

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