Macabro | ‘Piel rota’: Chantajes carnales y adolescentes

Inventamos horrores para ayudar a hacer frente a los reales.
Stephen King

En las primeras tomas de Piel rota (2014), el nuevo trabajo de Leopoldo Laborde (Un secreto de esperanza, Angeluz), dos cuerpos adolescentes se buscan desesperados, con la intensidad propia de quien descubre por primera vez los placeres de la carne. Pero, como cantaba José José, “porque el sentimiento es humo y ceniza la palabra, el amor acaba” y pronto nuestro joven protagonista, Diego, se queda sin su compañera de juegos y sin ilusiones. Al menos hasta que Karina regresa a su vida de manera intempestiva y sin un motivo aparente.

De esta manera, Laborde propone un thriller sexual que trabaja con la estructura de un rompecabezas. Los detalles de la relación entre Diego y Karina se revelan poco a poco conforme avanza la trama y sus encuentros sexuales aumentan. ¿Por qué Diego está escondiéndose? ¿Tendrá Karina intenciones más allá de una reconciliación? Hay un juego presente a lo largo de la película entre el guión y el espectador.

Como gran parte del cine de género que se hace en el país, Piel rota tuvo un presupuesto limitado. Sin embargo, no estamos ante la clásica salida del cine independiente, donde al tener cinco pesos de presupuesto se empeñan en hacerlos lucir como dos, buscando hacer un producto tan malo que resulte bueno. La segunda parte de Machete y la serie de Sharknado son un buen ejemplo de este planteamiento. Piel rota no se hizo con millones, sí, pero lo usa a su favor.

Laborde busca insertarnos en la atribulada mente de su protagonista, un muchacho verdaderamente afectado por sus desencuentros amorosos. Por eso sus recuerdos están coloreados como en un lindo sueño, su gesto parece estar desbordándose o su presente parece estar filtrado por la mirada de un loco. Tal vez lo sea, e incluso podríamos confirmarlo gracias a  esas fantasías necrofílicas que invaden sus ciclos R.E.M.

Alejado del cine de terror fantasioso e inspirado por casos reales de nota roja, el director mexicano intenta trasladar el horror a un terreno más común. Es un concepto que también utiliza Regina (2013), la ópera prima de Javier Ávila.  Las verdaderas atrocidades no son perpetradas por seres demoniacos o entidades sobrenaturales; al contrario. El demonio no porta cuernos y cutis rojizo, sino una sudadera y las manipuladoras curvas de una jovencita.

Por Rafael Paz (@pazespa)

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