‘Los renglones torcidos de Dios’: Señor, ¡usa una regla, por favor!

En el botadero la encuentras como: Los Renglones Torcidos de Dios

Pregunta por ella así: Soy pasante en un hospital psiquiátrico, ¿tiene algo para ponerme a tono? ¿Tiene alguna en la que Lucía Méndez sepa judo? Y recuerda pedirla en la compra de uno de los libros del Dr. César Lozano o pide la versión rosa de Shutter Island.

Valor Agregado:  Lentes de carey, actuaciones secundarias de Alejandro Camacho, Xavier Marc y Lucía Méndez en terapia de electroshock y un tétrico Manuel Ojeda como director de un psiquiátrico.

…o de cuando diosito escribe chueco.

…o de cuando diosito escribe chueco.

Michel Foucault, en sus elaborados trabajos de investigación histórica, ha demostrado que la enfermedad mental ha estado vinculada históricamente a la criminalidad, la degeneración y algo de lo que el Estado y las instituciones del poder deben temer y controlar de manera urgente. Sea una mazmorra, una cárcel o una cámara de tortura, la contención de la locura es prioridad para quien tiene el mazo más grande.

Pero, ¿merece realmente la locura un tratamiento tan severo? No sería mejor que fuera escenario para una intriga periodística al estilo de Shock Corridor de Samuel Fuller o el escenario idóneo para una historia de dulce tortura como en Someone Flew over the Cuckoo’s Nest de Milos Forman? ¿O un pretexto perfecto para hacer que de alguna manera se fusionen ambas historias para formar, con una pizca de patológica morbosidad, un rosa menjurje con olor a pinol protagonizado por Lucía Méndez que apele a que los loquitos y enfermitos mentales son un error de Dios?

A ver, hágame unos ojitos de loquita…

A ver, hágame unos ojitos de loquita…

La historia sigue a Alicia, una periodista que es internada en “complicidad” con el director de un hospital psiquiátrico para resolver el asesinato del hijo de uno de los médicos. Pretexto suficiente para hacer que una inapropiadamente vampirizada Lucía Mendez presuma un par de movimientos de judo, tenga dos carreras universitarias, haya terminado con el apartheid, cesado brevemente las tensiones Israel-Palestina y lograr reconciliar a los Jackson 5, entre otras virtudes que hacen dudar al personal médico que esté loca. La Méndez entrega con soberbia convicción cada uno de los diálogos concebidos por algún dramaturgo buga en sus 45 entre ellos “Estar contigo me pone fuerte y valiente” o ser descrita como “una mujer de espíritu exquisito”.

Gonzalo Vega pide a gritos unos lentes de carey.

Gonzalo Vega pide a gritos unos lentes de carey.

Apoyada en su “investigación” por un cuerpo de médicos y enfermeras, entre los que destacan el Dr. Arellano (Gonzalo Vega) y las enfermeras, una de las cuales, Conrada, está fuertemente inspirado en la enfermera Ratched de Someone flew… con todo y su uniforme del IMSS, Alicia comienza a ganarse a los médicos con su inteligencia (¡le recomienda al Dr. Arellano cambiar sus lentes de recepcionista por unos flamantes lentes de carey- brillante!) y a las enfermeras por su buen corazón y su trato hacia los pacientes, que más bien parecen un compilado de ‘greatest hits’ de enfermedades mentales.

Hacia una nueva tipología de la patología.

Hacia una nueva tipología de la patología.

Así, tenemos una galería bastante colorida de patologías bajo una nueva tipología que desafía los cánones psiquiátricos más rígidos, ya sea rebautizando a una niña con autismo severo como ‘la niña péndulo’, un hombre con una aguda esquizofrenia como ‘Cosme, el jardinero’, una anciana con un desorden disociativo como ‘La Duquesa de Windsor, Mónaco y la Bondojo’, un hombre con severo retraso mental que es apodado ‘El Jorobado’ que anda subido de calores con la llegada de la Méndez al, como ella dice, “infierno” (sanatorio mental).

-Aguas…que va a llover -¿DÓNDE?

-Aguas…que va a llover
-¿DÓNDE?

Dentro de esta amplia gama de hilarante locura, destacan un hombre que se cree Nicolás Copérnico, quien en sus ataques comienza a gritar locamente “¡HECATOMBE! ¡HECATOMBE!” y que incendia el sanatorio para evitar el choque de las galaxias provocando que Alicia, en su intento por sacar pacientes, le grite al jardinero “Mójame…MÓJAME” en un momento incómodamente erótico.

Las palmas, sin embargo, se las lleva el hombre que le tenía miedo al agua, Alejandro Camacho, que cuando llueve se retuerce y dobla como una gimnasta china en sus ejercicios de piso, ni qué decir de la escena en la que, por atreverse a besar en ambas mejillas a Alicia después de su heroico rescate, es lanzado a la piscina del sanatorio (¿piscina? ¿En un manicomio? Si no están de vacaciones) creando una escena de hilarante dramatismo y crueldad, como meter un perrito al horno.

Y sí…decidimos formar un trío musical, “Los Chuequitoz”, tocamos tribal con infusiones de jazz y hip hop.

Y sí…decidimos formar un trío musical, “Los Chuequitoz”, tocamos tribal con infusiones de jazz y hip hop.

Es cierto que Dios es capaz de cometer errores, pero la locura es culpa del hombre, de sus instituciones, de sus miedos infundados y naturales y de su profunda incapacidad de lidiar con el mundo y los traumas que impone, así como esta película habla de una mujer que puede estar loca o no, pero que se encuentra plena, pensando que es una línea chueca en los cuadernos Scribe del Señor, que investiga un crimen y se enamora del hombre de los lentes de carey.  Lo único torcido en esta película, es su convicción de grandeza, no la locura.

Lucía Mendez en la estética de Alfredo Palacios, sucursal Zona Rosa (junto al Vips).

Lucía Mendez en la estética de Alfredo Palacios, sucursal Zona Rosa (junto al Vips).

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

    Related Posts

    El clóset imperfecto: ‘El lugar sin límites’ de Ripstein
    ¿Qué estrena la Cartelera?
    ‘Nosotros los nobles’ rompió el récord de ‘El crimen del padre Amaro’
    Los artistas necesitan validarse como intelectuales: Karla Souza
    ¿Qué estrena la Cartelera?
    ‘Nosotros los nobles’: Entre lobukis y mirreyes te veas

    Leave a Reply