‘Los juegos del destino’: Los perdedores también ganan

Con todo se puede vivir, excepto con el engaño. Los juegos del destino (Silver Linnings Playbook, 2012), la adaptación que el director David O’Rusell hizo al best seller de Mathew Quick, es la perfecta muestra de que una persona puede vivir en el engaño sólo el tiempo necesario para que la inquebrantable fuerza de la realidad obligue al reencuentro y la aceptación.

Pat Solatano es un maestro sustituto que termina pasando nueve meses en un hospital psiquiátrico de Baltimore. Solatano sufría un trastorno de bipolaridad que se detonó cuando encontró a su esposa Nikki con su amante, hombre a quien casi mata a golpes y la razón por la que decidió ir al psiquiátrico para evitar la cárcel. Al término de su tratamiento, Pat decide regresar a la casa de sus padres en Philadelphia para reconquistar a su esposa. En su intento por salvar su matrimonio, Pat conoce a la gótica Tiffany, que también sufre trastornos mentales, a través de quien intentará volver a hablar con Nikki.

El director lleva al espectador a un viaje a través de las diferentes etapas que debe enfrentar Pat Solatano para descubrir el sentido real de su enfermedad, sus deseos personales y la nueva vida que se niega a aceptar. Al regresar a casa de sus padres, interpretados por la maternal Jackie Weaver y el duro Robert DeNiro, las consecuencias de sus acciones se exteriorizan en situaciones tensas que sutilmente se van desvaneciendo a lo largo del filme.

El papel de Robert DeNiro es clave para definir ciertas actitudes ansiosas e intolerantes del protagonista y para representar la idea del perdedor en los roles de una familia: la madre sumisa, el padre proveedor, un hermano exitoso y el protagonista que lo ha perdido casi todo. DeNiro interpreta la contraparte prejuiciosa que rechaza a su ‘fracasado’ hijo, con quien progresivamente terminará identificándose. La figura del perdedor, en este alto contraste, termina ganando la batalla lentamente cuando la realidad obliga al padre y al hijo a lidiar juntos con la nueva reconfiguración de la vida de Pat.

David O’Rusell vuelve a retomar la marcada figura del antihéroe de The Fighter para transportarlo a un plano mucho más sensible en Silver Linnings Playbook. El personaje de Bradley Cooper se confronta con sus problemas de bipolaridad al encontrar en Tiffany (Jennifer Lawrence) el reflejo de sí mismo. A través de la convivencia, ambos comienzan a desarrollar un vínculo amoroso construido a través del auto reconocimiento y la compasión.

A pesar de que el planeamiento inicial del filme es retomar las imposibilidades de un hombre con trastornos de conducta y personalidad, la narrativa melodramática con tonos de farsa es clave para que el peso recaiga en los personajes buscando un equilibrio emocional y no en la enfermedad misma. Bradley Cooper y Jennifer Lawrence logran transportan el carácter caótico de sus personajes a un plano cómico con mucha sutileza; lo que hace del filme una entretenida historia.

Casi inmediatamente después de que Silver Linnings Playbook se convirtió en un Best Seller estadounidense, los preparativos para hacer su adaptación al cine iniciaron. Desde que David O’Rusell tomó las riendas del proyecto puso el pie firme para la mayoría de las decisiones que hacen de este filme uno de los más nominados y entretenidos de este año.

La primera decisión de O’Rusell, y quizá la más acertada, fue la de escoger a los protagonistas. En un primer momento los productores propusieron a Mark Wahlberg –con quien el director trabajó en The Fighter–, sin embargo, el director decidió dar una oportunidad a Bradley Cooper para interpretar al exasperante, necio, ansioso, pero sensible Pat Solatano. Tras su participación en películas cómicas estilo blockbuster, Cooper había sido encasillado en un rango de galán de comedia, perspectiva que se revirtió en la crítica estadounidense gracias a la capacidad histriónica de Cooper en un papel más dinámico.

Por otro lado, el papel interpretado por Jennifer Lawrence representaba una serie de problemas debido a que en la novela se describe a Tiffany como una mujer adulta y la actriz apenas cuenta con 22 años de edad. David O’Russell insistió en que Lawrence interpretara a la protagonista de esta historia, por lo que decidió resolver la complicación de edades al darle un look gótico a la actriz. Su deseo de que Lawrence estuviera en el filme fue tal que gestionó una reconfiguración completa de diseño para la actriz.

El trabajo histriónico de los protagonistas de la cinta hacen en gran medida que los espectadores se sientan identificados con los personajes, a pesar de que ambos están representados en la lógica del perdedor. Por otro lado, el uso de las cámara fija a lo largo de la narrativa del filme se comporta como un recurso que relega el peso de la imagen a la acción de Cooper y Lawrence y acentuar el contraste emocional de ambos personajes en escena, aportando una sensación de equilibrio dentro del caos.

Silver Linnings Playbook es una de las películas favoritas para arrasar en la próxima edición de los Oscar debido a que logra que sus audiencias se identifiquen y acepten la figura del perdedor –una de los más marcados prejuicios en la cultura estadounidense– y lo hace con estilo a través de un melodrama cómico que además resulta ser muy entretenido.

Por Alejandra Arteaga (@adelesnails)

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