‘La región salvaje’: Los tentáculos del macho

A lo largo de interminables noches,
la tierra se vuelca hacia una creación desconocida…
Henry Miller, Trópico de Cáncer

La obscenidad se mueve con la misma cautela que un pulpo en los terrenos de la libertad moral, una zona tan peligrosa e inconcebible para nuestras limitaciones humanas que se le suele dar un origen externo, como un fenómeno ajeno a nuestra realidad que se convierte en una seductora y absorbente amenaza que tiene cada tentáculo ocupado en una cavidad distinta. En  La región salvaje, el ya muy dilatado cuarto largometraje del cineasta mexicano Amat Escalante la pulsión sexual, ambivalente, por su ímpetu creador como por su destructivo poder, se transforma en una criatura cefalópoda que aterriza en Guanajuato y que funge como violento catalizador en la dinámica de una joven pareja.

Acreedora al León de Plata en el Festival de Cine de Venecia y con explicita inspiración de la bestia doméstica que habita el corazón de la Posesión (1981) de Zulawski, La región salvaje es, en primera instancia, una intuitivita metáfora sobre la homofobia y el machismo como potentes corrosivos del tejido social en México, pero más allá de dicha lectura, la película continua la exploración que Escalante ha hecho del origen de la violencia en la sociedad mexicana, de origen ambiguo y actuada por diligentes autómatas bressonianos.

Desde la opacidad de Sangre hasta la explícita crueldad de Heli, los personajes de Escalante parecían actuar motivados por un ente externo, como si estuviesen hechizados y fueran incapaces de tener plena conciencia de sus actos mientras que en La región salvaje tal fuerza toma una forma corpórea, pero tal creatura no es muy diferente de Ángel (Jesús Meza), hombre violento que sacia su inagotable libido teniendo relaciones con su cuñado Fabián (Eden Villavicencio) ni de la enigmática Verónica (Simone Bucio), que es tan seductora como vulnerable y que al igual que la feroz alienígena de Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013), se intoxica con la moral humana.

Amat Escalante crece notablemente como cineasta con La región salvaje sin dejar de lado los temas y elementos que han sido recurrentes a lo largo de su filmografía y el riesgo tomado en La región salvaje abre nuevas posibilidades formales y narrativas. Desde los cuadros de abominable belleza compuestos por Escalante y el cinefotógrafo Manuel Alberto Claro como el de los animales en el cráter o las tomas de un puesto de carnitas, hasta la enervante atmosfera sonora y la música de Guro Moe.

Al igual que Henry Miller, el autor de la controvertida novela Trópico de Cáncer, Escalante ha sido duramente juzgado y criticado por obscenidad y violencia, particularmente con sus dos últimas películas, pero ante ambas obras no estamos ante un mero despliegue de morbo gratuito, sino ante trabajos que exploran con obscena libertad esa inhóspita región de la sexualidad humana, solo que en lugar de una novela, Escalante redactó con exquisita prosa y elegante estilo un semanario de lo insólito y un diario de nota roja.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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