‘La búsqueda’ y el remordimiento paternal

En una familia, la separación de los padres conlleva un largo proceso de aceptación y adaptación para todos sus integrantes, sin exceptuar a los hijos. No obstante, las decisiones individuales tras finiquitar un matrimonio pueden repercutir el entorno, percepciones y emociones del niño, a expensas de los acontecimientos sociales o vivenciales que suelen ser, en muchas ocasiones, impredecibles.

Y la fragmentación incide también en las rutinas de los progenitores. La búsqueda (Mon garçon, 2017), además de ejecutar un drama convencional, presenta un thriller que no únicamente se presta en buscar al infante perdido por circunstancias acaecidas sin el control de los padres, sino también en retratar a la culpa como el móvil de reinserción. Julien (Guillaume Canet) viaja constantemente por motivos laborales y su obsesión por su desarrollo profesión lo llevó a divorciarse de Marie (Melanie Laurent) y a alejarse de su hijo Mathys (Lino Papa). Durante un viaje de negocios en una escala a Francia, su ex esposa le informa que el niño desapareció en un campamento de verano de manera misteriosa, empujándolo a emprender la citada búsqueda en la zona rural francesa que conoce por su pasado familiar.

Si bien la trama tiene un par de aspectos concordantes con Sin Amor (Loveless, 2017) a través de los soslayos de la indiferencia social ante la tragedia y la incapacidad judicial, no cuenta con la misma profundidad psicológica ni la contundencia de la cinta de Andrey Zvyagintsev, en cuanto al entramado familiar se refiere.

El realizador Christian Carion construye un relato sencillo que no únicamente coloca a la ausencia del padre como el catalizador de las acciones de Julien, sino también al descuido de los lazos afectivos por parte de Marie y su esposo Gregoire (Olivier de Benoist) con el pequeño. La absorción en el crecimiento de su relación y la repentina pérdida de un hijo nonato los lleva a desconocer varios aspectos de Mathys, entre ellos su rechazo inicial en acudir al campamento infantil, creando que los personajes y sus repercusiones anímicas se desvanezcan en el planteamiento del núcleo familiar. Caso opuesto ocurre con el padre, quien por la culpa y al documentarse de la vida de su hijo, despierta el deseo de resarcir el vínculo con la justicia en propia mano por el fracaso de las autoridades. Carion realiza una necesaria transición hacia el thriller que compone al periplo familiar, adquiriendo más agilidad en el relato con una persecución de culpables que termina por dotar a Julien de la ansiada redención personal.

El previsible conflicto familiar y su falta de un sólido desarrollo provocan que La búsqueda encuentre una irregular perspectiva del amor paternal, el cuestionamiento de las decisiones y el sentimiento de culpabilidad, tomando prestados elementos activos del juego de persecuciones que nunca logran brillar lo suficientemente por sí mismos.

Por Mariana Fernández (@mariana_ferfab)

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