‘Justo ahora, mal entonces’: Humana repetición

La repetición es uno de los mecanismos más complicados de mantener vigentes en el panorama cinematográfico actual. Las audiencias consumen frenéticamente todo lo que despida el más remoto tufo a “novedad”, ya lo han visto todo, pero quieren ver más. El gran cineasta coreano Hong Sang-soo representa una especie peculiar de artista, particularmente para los tiempos actuales. En la superficie, pareciera que el cineasta ha venido repitiendo una serie de temas más o menos similares, personajes más o menos similares y estructuras más o menos similares durante los últimos 10 años. Mal ahora.

Hong Sang-soo, un discípulo oriental de la gentil y profunda mirada de cineastas como el francés Eric Rohmer (Ma nuit chez Maud, 1969) o el italiano Nanni Moretti (Caro Diario, 1993), se ciñe a una estructura que modela su visión de la vida y el arte y como estos se modifican en el tiempo cinematográfico. En su más reciente filme, Justo ahora, mal entonces (Ji-geum-eun-mat-go-geu-ddae-neun-teul-li-da, 2015) que se hizo acreedor al cotizado Leopardo de Oro en el Festival de Locarno, Hang-soo presenta un ejercicio formal en la misma vena que trabajos previos como Hill of Freedom (Jayueui onduk, 2014) o El día que llega (2011), donde la misma película se presenta dos veces ¿o no? Justo entonces.

El filme, como casi todos los de este sereno amante del soju, presenta al cineasta Ham Chun-Su, quien por error llegó un día antes a Suwon, donde estará presente para la proyección de una de sus películas. Para matar el tiempo, acude a un viejo palacio en el que conoce a Yoon Hee-jung, una joven pintora con la que pasará la tarde que habrá de acrecentar el vínculo entre ambos. Pero cuando Chun-Su le revela a Hee-Jung que está casado, la decepciona profundamente… y el asunto se repetirá con ligeras variaciones.

Cual Día de la marmota (Reiner, 1993), Sang-soo juega con la cronología y el error con una agudeza y una claridad que de tan fina es casi imperceptible, cambios discretos, pero significativos, en la toma o en la puesta en escena. La comicidad de Hong es humana por su cruda y gentil sinceridad, que no necesita recurrir a cualquier artificio narrativo para seguir expandiendo un mundo que muchas voces antagonistas parecen dar por finito. Mal entonces, mal ahora.

Justo ahora, mal entonces es a todas luces una película que condensa todo aquello que a través de los años hemos llegado a identificar con la firma autoral de Hong Sang-soo, particularmente el bucle infinito que el cine, o el arte en general, genera en nuestras vidas y el impulso que nos lleva a imaginar posibilidades alternas, aun cuando sabemos que una película, por mucho que la veamos, no va a cambiar. La frescura de Hong es ostentar la repetición como algo innovador y mantenernos en ese bucle sin dejar de fascinarnos. Justo entonces, justo ahora.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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