‘Jazmín azul’: Contra uno mismo

En la vida se pelean muchas batallas, pero la única ineludible, la más difícil, es la que se emprende contra uno mismo. De esa, nadie se salva. Jazmín azul (Blue Jasmine, 2013), la nueva película del director estadounidense Woody Allen, es una muestra de que en la interminable lucha contra uno mismo o sucumbes al cambio o te avientas al vacío.

Jasmine es una mujer socialite en Nueva York. Su vida transcurre entre lujos, excentricidades, dinero, poder y glamour. Cuando su esposo es arrestado por fraude, su mundo queda en ruinas. Orillada por la crisis, Jasmine decide mudarse a vivir con su hermana adoptiva y sus dos hijos a un suburbio en San Francisco.

Aferrada a mantener una vida que ya no existe, que se derrumbó completamente, Jasmine, espléndidamente interpretada por la actriz Cate Blanchett, decide prolongar su agonía y continuar viviendo en un mundo fantástico, irreal, en el que aparenta seguir siendo todo lo que ya no es.

Así, la vieja Jasmine socialite desprecia la vida de su hermana Ginger, caracterizada por la actriz Sally Hawkins, al tiempo que se esfuerza diariamente por ignorar la realidad a la que ahora pertenece: la pobreza, la soledad, el abandono de la gente que la quiere y el encuentro con ella misma.

Woody Allen presenta en Blue Jasmine un drama fuerte sobre el punto catártico en la vida de una mujer que lo ha perdido todo. La narrativa transcurre con el humor característico del cineasta, quien expone que la opción del cambio para esa mujer está latente, esperando a que ella la tome.

La película está llena de contrastes. Woody pone radicalmente a su personaje en una circunstancia de la que no puede salvarse: repensar su vida, mirarla de frente, y aceptar su presente. Sin embargo, Jasmine se mueve sutilmente sobre esa línea con la firmeza de que incluso en situaciones adversas, lo que prevalece es ella y su deseo de prolongar la agonía a través de la mentira y la pose.

Cuando el mundo que daba identidad a Jasmine se acaba, también se irá su sentido de realidad, borrando la delgada línea entre la razón y la mentira, lo cual repercutirá catastróficamente en su nueva vida. Ahí se inserta un sentido del humor ácido cuando vemos a Jasmine ir a contracorriente con cada pequeño detalle en su entorno.

Vale la pena hacer una mención a la capacidad histriónica de Cate Blanchett, quien a lo largo de la película muestra a Jasmine como un bólido de emociones que pasan de la alegría a la tristeza, de la serenidad a la ansiedad con sutileza, lo que transporta al espectador a entender más que juzgar las acciones de esa mujer.

Con Blue Jasmine, Woody Allen introduce parsimoniosamente una lección durísima de vida: a pesar de la lucha que cualquiera emprende contra sí mismo, al final, la verdad te alcanza.

Por Alejandra Arteaga (@Adelesnails)
Ésta es una reedición de nuestra cobertura del FICM.

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