FICUNAM | Jacques Tourneur y la redención de los antihéroes

Después de tener al mismísimo Barbanegra (Thomas Gomez) como mentor, la capitana Anne (Jean Peters) ha hecho de su barco pirata uno de los más temidos. Muchos ingleses han sufrido las consecuencias de toparse con su tripulación, cuya leyenda se ha ido expandiendo aunque los hombres que la escuchan no conciben que al mando del notorio barco está una mujer.

En Anne de las Indias (Anne of the Indies, 1951), filme dirigido por el francés Jacques Tourneur para 20th Century Fox, la protagonista se ha convertido en una maestra de una actividad ilegal que, obviamente, se considera masculina. No sólo esto, ella no tiene ningún problema con juntarse con los piratas que suelen beber ron y organizar apuestas alrededor de una pelea entre un oso y un hombre (¡gran momento!). Anne sobresale en este ambiente, incluso queda claro que puede derrotar a Barbanegra en un duelo con espadas.

El conflicto de la película surge cuando la tripulación de Anne toma posesión de una embarcación británica y encuentran al prisionero francés Pierre (Louis Jordan), quien sacudirá el mundo de la protagonista. Parece que ella no ha asumido su “rol femenino” anteriormente, probarse un vestido (el cual Pierre había tomado como botín del barco inglés, quizá para llevárselo a alguien especial aunque él lo niega), hablar de la caballerosidad, enamorarse y sentirse gustada, no son acciones habituales para la capitana pirata. Lo inusual se nota en esa memorable secuencia que concluye con Anne dando órdenes ¡con todo y el incómodo vestido puesto!

Sin importar el sentir de su desconfiado mentor/protector y las consecuencias que le traerá su desobediencia, Anne cree en un escenario emocionante, de romanticismo y aventura, de perseguir una especie de sueño que nunca había imaginado en su rol de pirata ruda/pupila de Barbanegra: encontrar un tesoro junto a su nuevo “socio” Pierre, para después ir con él y ver por primera vez la ciudad de la luz (y el amor), Paris. Un drama en technicolor que no carece de acción, Anne, la pirata es principalmente un fascinante seguimiento a la protagonista mientras tiene que enfrentar la disyuntiva más importante de su vida. Dejando a un lado los roles de género, cuando Anne experimenta la amargura de la traición, tendrá que elegir entre actuar de una manera despiadada para saciar su sed de venganza, o recordar la humanidad que mostraba aún siendo una temida pirata; consciente de que esto último le podría costar la vida.

El camino del gaucho (Way of a Gaucho, 1952), por su parte, es otra cinta en technicolor de Tourneur, aunque con un acercamiento más naturalista, al haber sido filmada en los paisajes abiertos de Argentina donde se desarrolla la historia. En ese sentido, la película se preocupa por hacernos entender la esencia de los gauchos, al menos aquí queda claro que eran personas que, tal y como esos campos abiertos, representaban absoluta libertad y estaban lejos de la cultura extranjera. Sin embargo, El camino del gaucho lidia con el cambio, dado que el tiempo de los gauchos parece llegar a su fin, sea por la presencia extranjera (británica) en la región pampeana o por los mismos gauchos ahora “más civilizados”.

Luego de la muerte del patrón de una estancia gaucha, su hijo de sangre (Hugh Marlowe) se convierte en el nuevo líder. Para el hijo putativo del fallecido patrón (nuestro protagonista Martín, interpretado por Rory Calhoun) su “hermano” se ha rendido ante los “caminos” foráneos. Él, por su parte, aboga por lo que considera es el alma del gaucho, por las maneras de hacer las cosas que siempre conoció.

En parte, El camino del gaucho se conecta con el western contemporáneo The Sisters Brothers (2018), en este último como apunté en mi reseña: “el trasfondo es una época en la que las sociedades civilizadas, regidas por leyes y alejadas de las características del viejo oeste, comenzaban a surgir”. En otros tiempos, cuando el antiguo patrón seguía con vida, Martín se hubiera salido con la suya tras asesinar a un hombre en un “combate justo”; en el tiempo en el que se desarrolla El camino del gaucho, su hermano putativo se ve obligado a remitirlo ante la justicia.

En la mente de Martín, el mundo civilizado, con injerencia de los europeos, ha contaminado la naturaleza salvaje de La Pampa (que sin duda tiene equivalencia con el viejo oeste americano, bastar mencionar que también hay batallas en contra de los indios) y ha “domado” a gauchos como su “hermano”. Martín, durante buena parte del metraje, se erige como esa figura indomable, que no se rendirá en su afán de mantener viva la flama gaucha, ni en la cárcel ni mucho menos cuando es remitido al ejército bajo las órdenes del comandante Salinas (Richard Boone). En la parte más mitológica y western de la película, Martín incluso se convierte en un líder de leyenda, en un forajido conocido como Valverde quien, como antihéroe de western, comanda la resistencia gaucha ante cualquiera: los bandos liderados por británicos o la propia autoridad.

Si bien el guión de Philip Dunne y Herbert Childs evidencia que la ley a la que tanto se resiste nuestro protagonista, encarnada por Salinas (primero como parte del ejército y luego relegado a policía), es todo menos civilizada (porque torturan y matan sin titubear), tanto El camino del gaucho como Anne de las Indias apuestan por explorar a su personaje central. Aquí, el inevitable romance (Gene Tierney interpreta a Teresa) termina pesando más que cualquiera otra cosa (la cárcel, el ejército) que pretendía “domar” al gaucho. En ambos casos, el de Martín y Anne, por un amor recíproco o truncado (respectivamente) los inmorales protagonistas terminarán en una encrucijada. Y, a pesar del sacrificio personal que esto conllevará, se decantarán por lo correcto/humano, así redimiéndose.

Por Eric Ortiz (@EricOrtizG)

    Related Posts

    FICUNAM | Q&A: Chris Fujiwara sobre el legado de Jacques Tourneur
    FICUNAM | Hagamos todo pedazos, rebelión en tiempos de capitalismo
    Diarios del FICUNAM – Día 7
    FICUNAM | Q&A: Artemio Narro sobre ColOZio
    FICUNAM |El lado optimista de Jacques Tourneur
    Diarios del FICUNAM – Día 6