‘Furia asesina’: Tiburón, tiburón

En el botadero la encuentras comoFuria asesina (1990)

Pregunta por ella así: “A este aguachile le faltó callo de hacha, ¿tiene algo para acompañarlo que no sea Tonicol?” 

Valor Agregado: Como cereza en el pastel, la música corre a cargo de José Alfredo Jiménez Jr. (que no le entra al género ranchero) y como premio extra, duelo de pelo en pecho entre Omar Fierro y Tony Bravo.

Se vive un boom del sharkxploitation, tiburón por aquí, tiburón por allá. Pero hace veintitantos años, un visionario director mexicano: René Cardona Jr., de la mano de Videovisa, nos regaló una de sus más hilarantes películas: Furia asesina. Cardona Jr. ya nos había dado un Tiburón (Jaws, 1975) a la mexicana con Tintorera (1977), pero en Furia asesina, le entra a la nueva época.

Un tiburón llamado Furia ha sido inyectado con un virus experimental para probar la resistencia de los escualos al cáncer y el SIDA. Ya era muy aburrido experimentar con ratones y conejos, pero el virus sólo aumenta su fiereza. Furia ha sido localizado cerca de las costas de La Paz, Baja California Sur. El Dr. Alex Dumas (Omar Fierro), la Dra. Bárbara Collins (Leticia Lozaya) y el Dr. Marco Contti (Tony Bravo) irán en su búsqueda. No estarán solos. En el Mar de Cortés se encontrarán con el biólogo Carlos Beltrán (Roberto Montiel), la experta buceadora Roda (Mónica Vali) y el simpático y dicharachero pescador Piteco (Juan Ramos). La búsqueda no será fácil. Nuestro grupo tendrá que pelear con el salvaje tiburón experimental, que por nada del mundo se dejará atrapar.

“Quién iba a decir que esas pobres criaturas come-hombres se iban a convertir en la esperanza de la humanidad”. Con ésta poética frase, Omar Fierro abre la cinta. Ya lo sabíamos de antemano: nadie en la producción sabía un carajo sobre tiburones, pero ¿por qué evidenciarlo? A pesar de que los personajes presumen ser grandes doctores o biólogos, ninguno muestra el más mínimo conocimiento en torno a las criaturas del mar. Es más, al inicio de Furia asesina, se nos dice que Furia es una enorme tintorera, para que a la mitad de la historia resulte ser un tiburón tigre. No hay manera de confundirlos, créanme. Vivimos en una época ecologista, de respeto a los animales, ¿qué se pensará de esta cinta al ver cómo, a favor de la acción, se electrocutan escualos frente a la cámara, se atosiga a elefantes marinos y se arriesga a los tiburones de plástico en escenas sangrientas y pavorosas?

La búsqueda de Furia se ve mermada por la misteriosa desaparición de Bárbara, situación que sólo desencadena tragedias, y la parte más “virtuosa” de la cinta. Porque en realidad no pasa mucho: vamos de tomas en botes a tomas submarinas (de las cuales algunas valen la pena) a tomas de la fauna de la zona –comerciales pagados por el estado de Baja California Sur– a diálogos sin sentido, sobre todo los de Piteco. A la expedición se le ha hecho de noche. Deciden acampar en una isla, esperar el día siguiente, y continuar con su exploración. Bajo la luz de la luna cosas raras pasan en la mente de los humanos; se desatan sus lados más salvajes. Tal vez por eso la Dra. Collins decide que es un buen momento para nadar en una poza cercana, pero la muy bárbara no se conforma con presumir cuerpo en bikini, sino que decide entrarle al topless. El siempre astuto Alex la sigue, intrigado ante los pocos escrúpulos de su compañera, pero en ese momento Furia hace acto de presencia.

El extraordinario Piteco caza al tiburón, que se presume incontrolable. Es más, sólo con una cadena, un mecate, y sus dos brazos, Piteco logra retener al enorme escualo, pero es confiado. Furia termina bañando de sangre el mar azul, y acaba con la vida del pescador. Un compañero ha muerto, la doctora no aparece, el resto de equipo no sabe qué hacer. Cabe mencionar que Roda está muy triste por la muerte de su amigo, y preocupada por la desaparición de Bárbara, pero eso no le impide mostrarse en traje de baño. Ponen en marcha un plan: uno irá por ayuda, otro buscará cerca y ella ayudará en lo que pueda. 

¿Qué más esperar de Furia asesina? Un secuestro. Bárbara ha sido raptada por un maleante traficante de pieles que come carne cruda de elefante marino, un truhán en el que yo no confiaría mucho, pues hace ver las pieles de los elefantes marinos como pieles de cabra. Pero tiene su lado bueno, pues decide tapar la parte superior de Bárbara, aunque después amenaza con violarla… entonces ya no entendí muy bien sus intenciones. El malhechor es traicionado por sus clientes, que lo asesinan con una bala, sin saber de la presencia de la secuestrada, lo que hace que la doctora se quede sola en una isla desierta, atada y amordazada. Por otro lado, Roda ha convencido a Alex y Marco de que probablemente Bárbara esté muerta, así que deciden regresar a  tierra por más ayuda y a aceptar las cosas.

¿Lograrán encontrar a la Dra. Bárbara Collins? ¿Localizarán a Furia (sí, aún sigue en la historia)? ¿Servirán de algo las tomas de la Marina Nacional? Sólo hay una manera de que lo descubran: ¡véanla!

Por Ali López (@al_lee1)

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