FICUNAM | Sergei Loznitsa y los instantes de lo eterno

Sin duda se trata de uno de los cineastas más importantes en el panorama actual, dueño de una aguda, cortés y refinada voz autoral. Capaz de poetizar la realidad más cruenta y de hacer extraños los objetos más emblemáticos de una sociedad en particular. El cineasta ucraniano Sergei Loznitsa estudió matemáticas y trabajó en el Instituto de Cibernética de Kiev hasta que a inicios de los años 90 decide estudiar cinematografía, graduándose con honores.

El rigor en su pensamiento y una inquieta curiosidad se encuentra presente en gran parte de los trabajos del ucraniano, que no se adhiere a las reglas y cánones formales de ningún género para trabajar desde una visión del mundo humana sin ser sentimentalista, lírica sin abandonar la terrenalidad y audaz sin necesidad de ser escandaloso.

Aquí presentamos tres de sus trabajos documentales más representativos que podrán disfrutar en la quinta edición del FICUNAM

  • Portret (2002)

Construyendo una intrigante colección de fotogramas que respiran con profunda calma, Loznitsa presenta a un grupo de campesinos que posan delante de la cámara con la mirada clavada en el espectador, transmitiendo con su mirada una voraz melancolía que por momentos es capaz de generar una gran incomodidad. Estas instantáneas perdurables hacen palpable el espacio de encuentro liminal entre los linderos del cine y aquellos de la fotografía.

Definidos por su indumentaria y una delicada semiótica de lo rural, Loznitsa construye a base del silencio y la paciencia la identidad y el cotidiano de todo un grupo que en su aparente impostura y quietud, terminan por ser más reveladores y elocuentes que cualquier discurso, la imagen dual de Loznitsa, tanto fotográfica como cinematográfica irradia misterio, agonía y calma.

  • Revue (2008)

Ensamblado a partir de varios fragmentos de imágenes de archivo provenientes de noticiarios, programas de televisión, propaganda política o incluso largometrajes de la época de la URSS durante los años 50 y 60, Loznitsa trae una visión personal de un tiempo en el que la pujanza de un emergente y poderoso bloque político en todos sus ámbitos y cuyos hitos en Revue son recontextualizados y desacrazlizados en pos de los personajes rurales, protagonistas silentes del desarrollo y que suelen ser sepultados por los discursos triunfalistas, no solo del socialismo, sino de todo dogma político. Un mosaico integral de la identidad, ahora erosionada, más que de una nación de una trepidante noción romántica.

  • Pismo (2013)

Sergei Loznitsa rodó Carta (Pismo, 2013), un cortometraje documental que expone austeramente la vida de un asilo psiquiátrico en el norte de Rusia, uno que parece estar insertado en una abismal atemporalidad. Siendo un cineasta de una delicada sensibilidad artística, presenta una micro civilización en la que el lenguaje está lejos de ser comprensible, no sólo por la barrera del idioma, sino de la gramática misma.

En Carta, el cineasta ucraniano hace uso de un crisol luminoso que otorga una cualidad etérea a su imagen, en la que podemos ver que un padecimiento psiquiátrico no implica una agitación constante ni un dolor perpetuo, pero que aprecia la quietud y la virtud del silencio, donde una apacible vida rural se convierte en un antídoto ideal a estados salvajes inducidos por la civilización. Aquí los pacientes deambulan libremente por el campo, interactúan con la naturaleza y el mundo, sin temor de juicio o sometimiento alguno.

El filme de Loznitsa se encuentra estructurado a base de postales de una aguda composición que emula con gracia los trabajos de impresionistas como Millais al tiempo que su naturaleza epistolar nos remite a esas correspondencias que entablaron algunos cineastas como el español José Luis Guerín o el lituano Jonas Mekas, con quienes Loznitsa parece hermanarse en estilo: uno que exige contemplación de la audiencia y a través del cual el cineasta bielorruso nos propone un estado liminal, desde el cual nos envía una enigmática misiva cuya redacción es serenamente desquiciante para seres dominados por la razón. Una carta que no se lee antes de experimentarse.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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