FICUNAM | ‘National Gallery’: La relevancia del marco

En tiempos de crisis económica, las instituciones culturales son las que generalmente sufren los embates más duros en sus, de por si, ajustados presupuestos. La tarea, más allá de la educar, de potenciar la riqueza de la experiencia humana se ve afectada por intereses mezquinos, arribismo y apostar a una versión estatal de lo que es “la actividad cultural”. Resulta a la vez, por tanto, tan fantástico como agobiante apreciar el trabajo más reciente del celebrado y prolífico documentalista Frederick Wiseman, en esta ocasión nos presenta cada uno de los vericuetos de la operación de ese faro esencial para el arte moderno, la Galería Nacional ubicada en Reino Unido.

Desde sus primeros trabajos como esa piedra angular del documental titulada Titicut Follies (1967), hasta proyectos más recientes como Crazy Horse (2012) o At Berkeley (2013), la mirada de Wiseman es minuciosamente curiosa y con gracia desvanece la frontera entre la cámara y el observador mientras nos va llevando desde las juntas con las cabezas del museo hasta las visitas guiadas y desde luego, los detalles a obras de leyendas como el italiano Da Vinci o el maestro español Diego Velazquez.

Un documentalista inusualmente generoso, Wiseman presenta la galería como un performance detrás del cual se encuentra la gestión administrativa y la misma curaduría como una tarea que también precisa sensibilidad artística haciendo que los cuadros dialoguen usando luz y sombra como elementos comunicativos, lo que termina por generar las exhibiciones, el acomodo y distribución de las obras a lo largo de las salas y cómo es que este opulentamente sutil montaje falla para capturar a la “gran audiencia”, referida en el documental como “regular people”. La respuesta de la administración del museo parece recaer en generar una cultura visual desde la infancia que fomente la observación y la imaginación como herramientas de una perspectiva crítica que acerque a la gente al arte, hacerlo relevante.

La tarea de Wiseman y su equipo parece ser, tal como ha hecho patente en sus otros trabajos sobre instituciones públicas, culturales, deportivas o lúdicas hacer relevante su tarea, al igual que el gran Rubens en la obra Sansón y Dalila, haciendo que su composición y representación despierten emociones y que se haga de ellas un desmontaje cognitivo que responda al cómo es esto importante, particularmente en tiempos tan turbulentos como estos.

Al igual que la pintura, el cine es un arte interdisciplinario y científico, que en la Galería Nacional apela a la “exquisitez del pensamiento” que resulta inexistente sin un marco definido que la limite y nos permite capturar parte de su esencia. La toma que bien podría englobar el tema central del documental sería la de la meticulosamente compleja colocación de un marco dorado en una de las pinturas de la galería. Uno no ve el marco, el marco es ajeno a la obra, así como Wiseman no define a la Galería Nacional, la Galería Nacional no define a Turner, Vermeer o a Tiziano, pero el marco las adhiere a un espacio determinado, uno en el que la obra se convierte en parte de una dialéctica mayor a sí misma. Así Wiseman lleva la Galería Nacional fuera de sí misma y nos permite experimentarla, aunque sea limitada, por la pared cinematográfica.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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