FICUNAM | ‘Lukas nino’: El río de nitrato

El cine filipino ha tenido una trayectoria interesante durante los últimos diez años a raíz de la exposición internacional que han recibido dos de sus mayores exponentes: el crudo formalismo de Brillante Mendoza, quien fuera recompensado en el Festival de Cannes del 2009 por su disección tortuosa en Kinatay; y la trascendental contemplación del cineasta Lav Diaz, cuyos épicos trabajos suelen tratar temáticas como la identidad filipina, el misticismo y la filosofía en volúmenes de amplía duración. Sin embargo, al margen de estos dos grandes nombres se halla un grupo de jóvenes que exploran venas singulares en su cine, labrado en la tradición de pioneros como Mike de Leon, Ishmael Bernal o Lino Brocka y que incorpora una energía contemporánea de naturaleza experimental.

El joven cineasta John Torres nos presenta, en nítidos 35mm,  la “historia” de Lukas, un adolescente que se encuentra en plena fase liminal para convertirse en hombre. Cuando descubre que su padre es una extraña especie de centauro tropical llamado tikbalang, Lukas comienza a dudar sobre su verdadera naturaleza al tiempo que un equipo de filmación llega a su vecindario enloqueciendo a los pobladores, quienes desean aparecer en el filme, en el que se desarrolla una historia sobre un río mágico, que quién es capaz de cruzarlo, tiene derecho a eliminar un recuerdo doloroso.

Este río es el caudal cinematográfico, del cual emergen imágenes de contenido ralo, disperso y desorientadoramente bello. Lukas nino es un extraño y audaz viaje de nostalgia fílmica sobre el celuloide, un filme que incorpora elementos intimistas y plásticos del cine de Jonas Mekas o Stan Brakhage y juega con las convenciones de ese género añadiendo guiños del incuantificable legado psicotrónico, un filme de óptica sensible, líricamente húmeda, un sueño de textura contemplativo-fantástica.

John Torres teje un filme a base de recuerdos, pietaje de My Husband, Your Lover (1974) haciendo una folklórica transmutación de cine y realidad, donde hay una idea clara de lo que el medio cinematográfico podría hacer en un futuro, alejado de la pereza contemplativa o de la ornamentación visual hueca, el amor de Lukas nino por el medio es contagioso, una exquisita enfermedad.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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