FICUNAM | El año de la tormenta sin fin: tempestades domésticas

A pesar de su cercanía, la cuarentena y el cierre total de actividades parecen lejanos en la temporalidad de la vida en pandemia. Muchos discursos repitieron hasta el hartazgo qué representaba esto y otros tantos esfuerzos se hicieron para dimensionar la magnitud del evento. Replegarse a la familia o a la soledad forzó situaciones con un amplio registro y para varios representó una situación radicalmente nueva, para otros, como el iraní Jafar Panahi, simplemente eran días no muy diferentes a los de la última década.

Al ver que la reclusión era global, Panahi decidió reunir a un grupo de cineastas de diversas partes del mundo para filmar su visión del encierro tomando como regla central no romper con las leyes impuestas en cada país para la cuarentena y usar los recursos únicamente disponibles a la mano. El reto incluyó a Apitchapong Weertasethakul, David Lowery, Laura Poitras y nuestros entrevistados Anthony Chen, Malik Vitthal y la cineasta chilena Dominga Sotomayor.

Conversamos con ellos en la pasada edición del Festival de Cannes sobre el proyecto y las tempestivas enseñanzas de una pandemia que aún no termina. Compartimos la charla con motivo de la presentación de El año de la tormenta eterna (The Year of the Everlasting Storm, 2021) en la décimo segunda edición del Festival Internacional de Cine UNAM (FICUNAM).

¿Cómo fue el acercamiento inicial para este proyecto?

Dominga Sotomayor (DS): Se nos contactó en el 2020 a cada uno por separado con la idea de hacer una película con el espíritu de las Jafar Panahi. Lo único que sabíamos es que querían hacer cortometrajes y que Jafar estaría involucrado como uno de los productores y dirigiendo uno de los cortos. Habían limitaciones: un presupuesto chiquitito y hacer cortos que no fueran contra las reglas de cada país. Podías hacer ficción o documental, era muy libre, en verdad. Teníamos un tiempo muy acotado, como de un mes. Me pareció interesante el proyecto además de que ya conocía a la productora y también aprovechar la oportunidad de filmar algo en un tiempo muy raro.

En Chile pasamos del estallido social, más juntos que nunca, las mujeres en la calle… y dos días después estábamos en cuarentena. Fue un tiempo muy extraño, en el que yo me cuestioné muchas cosas, todos mis proyectos quedaron parados. Fue una linda oportunidad de hacer algo chico y muy espontáneo sin ninguna expectativa más que hacer un corto. En Chile estábamos en pleno invierno, teníamos un permiso a la semana de dos horas para salir. Decidí hacerlo con mi mamá y mi hermana, fui un par de fines de semana a filmarlas y estar con ellas. Fue muy precario, mi hermano chico me ayudó con el sonido. Mi fotógrafo me ayudó por Zoom porque acababa de tener un bebé y terminó siendo un corto de nosotras.

Malik Vitthal (MV): No teníamos idea de quiénes eran los otros cineastas, fue un proceso muy individual. Tampoco sabíamos cuáles serían los otros temas. Pensé en cuál sería la mejor perspectiva para expandir los temas de mis películas desde una dimensión emocional o espiritual y pensé que la animación sería el mejor modo de hacerlo. Imaginé que quizá alguno de los otros segmentos tendría animación, entonces pensé en cómo hacerlo diferente.

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Anthony Chen (AC): Recibí un e-mail y acepté inmediatamente porque estaba desesperado por hacer algo. Estaba muy fastidiado de la cuarentena, me sentía muy deprimido. Había estado trabajando en otra película el año anterior y empecé a caer en depresión. Me basé en mis experiencias con mi esposa y mi bebé de dieciocho meses. Filmé durante marzo y abril del 2020, tres cuarentenas después siento que no hemos terminado.

¿Qué tan complicado es acercarse a un evento que al momento de filmar no ha terminado, incluso sigue, y de tal magnitud para la cultura sin saber sus implicaciones finales?

AC: Lo haces desde un lugar personal. Sabía de inmediato qué película quería hacer. Me interesaba hacer algo en donde una relación enfrentaba un reto. Es básicamente Historia de un matrimonio (Baumbach, 2019) en cuarentena; de hecho, ese fue mi pitch (risas). La lenta erosión de una relación estando juntos. Siempre me involucro con mis películas desde un lugar personal. No sé qué traerá el futuro, solamente puedo hablar de lo que he sentido.

MV: Sí, de acuerdo. Es como si alguien te dice que te queda un año para vivir. Probablemente seguirías haciendo lo mismo y no otras cosas. Estarías con la gente que te importa, haciendo las cosas que te importan. La situación nos dio claridad respecto a lo que es importante para cada uno de nosotros.

Sus cortos son sobre familia, quizá porque era lo más sencillo o es porque las familias están en el centro de una cuarentena. ¿Cómo explican esa coincidencia?

AC: Todas mis películas son sobre familias. Actualmente estoy trabajando en una película de ciencia ficción y es sobre una familia. Es como un equipo básico con el que siempre se trabaja.

DS: Uno debe ir a la esencia, a lo primero que aparece. Para mí fue lo más espontáneo, lo que tenía enfrente. Eran literalmente el único “material” que tenía a la mano. Fue bonito el experimento porque pudimos pasar tiempo juntas. Nunca pensamos que fuera a ser un largo, con grandes pretensiones o ambiciones, fue una reacción cultural de lo que estaba pasando en ese momento y lo que a mí me gusta es que no es una película sobre la pandemia sino que está atravesada por ella. Es un registro de lo único que podíamos hacer en ese momento.

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MV: La familia es una de las primeras cosas que tenemos. Es esencial. Pasé más tiempo con mi familia en los últimos dos años que en los diez anteriores. Creo que tiene sentido que hayamos regresado a las relaciones centrales que tenemos en la vida. Ya sea una recreación o un registro de tu familia real. El miedo a la muerte nos hizo replegarnos hacia allá.

¿Creen que en su trabajo para el futuro esta experiencia tendrá incidencia? ¿Los cambiará esto como artistas?

DS: Cada proyecto me cambia un poco. Me cuesta pensar cómo se transforma mi trabajo a largo plazo, pero es cierto que las películas que hago son un reflejo de lo que me está pasando en ese momento. De hecho tengo un largometraje que había escrito hace un año y ahora lo quiero reescribir completo porque es imposible que no se vea afectado por todo esto. Algo que se me hizo mucho más evidente es la libertad que da la “pequeña escala”. Aunque tenga un proyecto “grande”, quiero que sea lo más chico posible. Mantener la escala me da libertad. Solo quiero hacer películas que me importan porque valoramos el tiempo de otra manera. Me tiene que cruzar emocionalmente un proyecto como para pensar que voy a pasar un año desarrollándolo.

AC: Lo único de lo que me he dado cuenta es que la vida es muy corta. Comentaba con Dominga que entre nuestra primera y segunda película nos tomó seis años y me di cuenta que antes de que cumpla cuarenta solo tendré tres películas. En ese sentido, creo que la cuarentena fue muy útil, pude encontrar tiempo para escribir y algunas de las cosas en las que llevas trabajando años empiezan a tomar forma. Sí, quiero trabajar más. Creo que hay demasiada basura en el mundo. Deberíamos hacer más películas.

Muchas personas reevaluaron su rol social después de la pandemia, ¿cómo lo reevaluaron ustedes?

MV: Aún continúa. Esta exhibición, esta celebración de cine es una continuación de esa perspectiva de cómo queremos seguir avanzando. Películas como Titane o Lamb te orientan respecto a cómo quieres incidir en otros y con qué sentido de osadía. Como dijo Anthony no vamos a estar aquí mucho tiempo, entonces ¿por qué no ser osado? Decir y hacer lo que se tiene que hacer.

DS: Todo lo que pasó con el estallido social en Chile me hizo repensar esto de hacer películas “íntimas”. Me sería muy raro contar historias desde el lugar en el que estoy acostumbrada, siento que ahora lo político en Chile volvió a ser íntimo. Por otro lado, la cultura ha representado una salvación para muchos en este período. En Chile nunca se había visto tanto cine chileno como ahora y la pandemia mostró también la fragilidad de los trabajadores de la cultura. Muchos sobrevivimos leyendo y viendo películas. Eso me hace pensar que tiene mucho sentido seguir filmando, el cine nos ha mantenido con esperanza.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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