FICUNAM 2013 | Abismos cinéfilos: ‘Vida en sombras’

Los peligros de la cinefilia son acentuados cuando imperceptiblemente se transforman en lo que algunos llaman cinefagia, la devoración compulsiva de cine. Un hábito difícil de deshacer y que conlleva una elusiva catarsis y una búsqueda feroz de nuevos ‘platillos’ que degustar. Cuando el cine se encumbra como el núcleo de nuestra realidad existe un descuido evidente de las conexiones sociales, logradas de manera frágil en un amplio marco temporal, que inevitablemente llega a la erosión o la pérdida de los mismos. Ésta es la condición que parece sufrir el protagonista de la cinta Vida en sombras, película española de 1948 dirigida por el catalán Llorenç Llobet-Gràcia y que tuvo una presentación especial en el FICUNAM.

Protagonizada por una auténtica leyenda del cine español, Fernando Fernán Gómez (El Espíritu de la Colmena, Ana y Los Lobos) en una brillante interpretación, la historia habla sobre Carlos, un hombre que toda su vida ha estado en contacto con las cámaras y los vástagos de las mismas. Desde antes de su concepción, sus padres entablan una relación especial con la cámara, misma que se verá consumada bajo la invención de los Lumière. No hay duda, Carlos está unido al cine desde el vientre. Sea como un niño fascinado por la sala oscura hasta un hombre que escribe sobre las virtudes del cine como arte (más allá de ser una “mera curiosidad científica”). En el trayecto y cultivación de su cinefilia aprenderá que las grandes satisfacciones generadas por tan peculiar adicción no están exentas de altos pagos.

El personaje de Carlos, modelado sin duda en la presencia y porte de grandes galanes de la época dorada hollywoodense como Gary Cooper o Douglas Fairbanks (y que sin duda es reminiscente del personaje de Fassbender en Inglorious Basterds), es un personaje elegante que empuja a su hermanado cine a rebasar su condición de espectáculo de circo o de curiosidad científica, teorizando sobre el mismo e incluso llegando a la fusión perfecta: aquella que se da cuando el que teoriza usa la cámara del mismo modo que el químico manipula la probeta con la misma mesura, cuidado y rigor. cosa que habrían de hacer otros grandes teóricos en Francia como Godard, Rivette o Astruc.

Esta unión encuentra su maridaje perfecto cuando algunos de los personajes, incluido Carlos, están presentes en una función de Rebeca, de Hitchcock. La figura esencial es la que pregona Hitchcock: una perfecta comunión de todo lo que el cine es desde la concepción natal del personaje principal. La explosión generada en Carlos es la misma que Vida en sombras busca generar en todos aquellos que obtienen un perverso placer en la escoptofilia más sublime. Vida en sombras es celebración y reproche al mismo tiempo, una enorme contradicción de términos y objetivos, de encuentros imposibles y de profunda sincronicidad. Vida en sombras es lo que se depara aquél que pasa demasiado tiempo quemando su retina apreciando y examinando a detalle cada premeditada ecuación de esos locos llamados cineastas y su devoto séquito de pervertidos que se hacen llamar ‘cinéfilos’.

 Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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