FICM | Oscuridad y elegancia: Claire Denis y Tindersticks, una relación negra, negra

El cliché cultural termina imperando, como barrera y puerta para conocer algo nuevo. Nuestros prejuicios pueden, a veces, darnos la pauta. Los franceses son conocidos por su nariz alzada y exquisitez sibarita, su lengua sexualizada y el excelente vino que beben en cantidades industriales. A los ingleses, por su parte, se les encasilla por aquel sobadísimo adagio de “robarle algo a Estados Unidos para perfeccionarlo después”, su puntualidad para las citas y el té. Son poseedores también de uno de los humores más sardónicos del mundo entero.

En el primer plano se encuentra una de las pocas cineastas a las que sí es pertinente ubicarlas en el usadísimo mote de ‘cineasta de culto’: Claire Denis -de quien las nuevas generaciones supieron de ella en México hasta 2006, cuando el ya extinto Festival Internacional de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México (FICCO) le rindió un homenaje y la tuvo en retrospectiva, durante la tercera edición del festival, en 2006- puede considerarse una de las artistas francesas con mayor reputación dentro de la crítica y el gusto de sus seguidores, que si bien no son pocos, no tiene un reconocimiento tan masivo o de entrega unánime.

El cine de Denis suele tener elementos constantes de provocación social, un agudo sentido humano y una sensibilidad crítica, que en sus trabajos más ‘comprometidos’, no resta en cuanto a calidad cinematográfica se refiere: historias complejas cargadas de un matiz negro, de misterio; en ocasiones clínicamente erotizadas, a través de una radiografía soberbia de una Francia contemporánea, más real que la que solemos ver en cintas bucólicas sobre Paris y sus alrededores. La directora de White Material (2009), su anterior largometraje, regresa a las salas con Les Salauds, conocida en inglés como The Bastards o Los perversos en nuestro país, la cual fue presentada en la más reciente edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).

Les Salauds confirma aquello que las críticas de la cinta afirmaban: estamos ante uno de los mejores trabajos de toda la carrera de Denis. En Les Salauds hay un asomo más negro y cruento de la sociedad francesa actual, no de los vuelos claramente sociales que hemos visto en Chocolat (1988), Us Go Home (1994) o la ya mencionada White Material, sino que de forma interiorizada y cruenta.

Los perversos es una película que surfea por el llamado neo noir, cargado de una violencia dramática inusual. La venganza es revisada en un filme que está grabado y editado con un ritmo también atípico, con encuadres cerrados y un sumo cuidado en el detalle, con una iluminación solemne y elegante que se inclina sutilmente por lo oscuro, la perversión y el cuestionamiento feroz, violento y desgarrador.

Al respecto de su violencia y trasgresión, Denis dijo en 2006 a la prensa mexicana: “Tengo en mis películas algo de violencia, porque ésta es inherente al ser humano, pero no significa que mis cintas representen la violencia, sólo la que tienen ciertos individuos. Mostrarla internamente no significa que se hagan películas violentas, que la muestran como algo de entretenimiento. Como las películas no son la realidad, expresar la violencia y frustración que pueda haber en el alma de una persona no significa que hieras a los demás”.

El contraste de lo cruento y extremo, logra un equilibro estilístico y maduro. Denis ha aprendido del trabajo de Jim Jarmusch, Costa-Gavras y Wim Wenders (nada más), y ha sido una afilada crítica sobre la migración y la realidad africana, derivada de sus experiencias y observaciones. En Les Salauds, esa crítica se encuentra debajo de una tela delgada, seductora y sumamente perturbadora: donde hay un recoveco amargo y solitario se esconden más dolor y amargura. Detrás de esa amargura hay venganza, abuso y perversión… Claire Denis no se anda con rodeos, es cruda e inclemente con sus personajes, sin excepción; tanto el dominante como el dominado se encuentran incrustados a un embudo sórdido que succiona a cada paso: la oscuridad total. El ojo y tino pertinente para elegir a los protagonistas de sus historias, al igual que su estética clínica y ajada esperanza, acaban por darle forma y hace de Los Bastardos una película madura, contundente y sumamente recargada psicológicamente, sin que ello derive en un despliegue extravagante o grandilocuente.

Todo lo contrario, la autora francesa logra una apabullante consistencia fílmica, gracias a su discreción de tono y ritmo, generando atmósferas inesperadas que llevan a estados extremos del ser humano, profundos y, sí, totalmente negros. Esas atmósferas se dan en buena medida por los pertinentes trabajos sonoros de sus películas. Sus scores han tenido un nombre clave en común: Tindersticks, grupo inglés formado en 1991, que también debería recibir las mejores referencias de sus seguidores. Una banda de culto, vaya.

El sexteto encabezado por la voz barítono de Stuart Ashton Staples, encaja sutilmente en un equilibrio de fuerzas que no termina por decantarse por el pop-jazz, los arreglos orquestales o las experimentaciones oscuras del soul. Tindersticks es una de esas bandas que a veces recuerdan al ‘amor fiel y callado’ que se le profesa a grupos como Morphine o a cantantes como Scott Walker.

El grupo lleva tiempo trabajando con Claire Denis para crear el score de sus filmes. Contando Les Salauds, ésta es la séptima ocasión en la que Tindersticks trabajan al lado de la francesa para generar las atmósferas precisas de sus películas. El año pasado, su sello habitual, Constellation, editó un boxset con la colección completa de los trabajos sonoros para seis películas, a lo largo de los últimos diecisiete años de trayectoria de Claire.

Toda la elegancia y dramatismo melódico que suele tener Tindersticks en discos como su más reciente y fabuloso The Something Rain (2012), o el desgarrador Waiting for the Moon (2003), es trastocado en una síntesis oscura y experimental a la hora de hacer scores. Esas tibias similitudes a Bowie o a Nick Cave desaparecen por completo en los scores de cintas como White Material  o Trouble Every Day (2001), y sobre todo en el referido Les Salaudes, en donde hay orquestaciones gandallas y oscuras, pero también sutiles y completamente sumergidas en un pasaje sonoro que funciona a merced de las imágenes y tensiones narrativas de diferente calibres dentro del cine de Denis.

Para 2013, la sutileza agreste y elegantemente maldita de Tindersticks encaja a la perfección con el salvajismo contenido en Les Salaudes y sus habitantes de vorágines sin fondo. Trabajos como el mencionado Trouble Every Day o 35 Rhums (2008) suelen funcionar con sus pasajes, incluso por separado en varios casos. Sin embargo, se recomienda ver primero la película y darle varias oportunidades posteriores a los scores para entrar en sintonía. En Les Salaudes, Tindersticks se arriesga y va más allá, generando una tensión sórdida de vuelos discretos y completamente dramáticos. En ocasiones, si vale el término, es una sutil paranoia, un tejido dulce de situaciones sicóticas. El silencio, la oscuridad y la contención juegan un papel muy importante en la correlación música-película.

El trabajo maduro y claro de Denis permite que los Tindersticks puedan crear libremente, sin salirse del poderoso reto establecido por Claire. Las películas de Denis han sido un lienzo fructífero para una banda de altos y diversos vuelos sonoros. Tindersticks se encuentran muy similares artísticamente hablando en parangón con Claire Denis, cada uno, desde su palestra, genera un trabajo que tiene varias capas, que se disfruta al contacto con los sentidos, pero que también permite el diálogo constante y el acceso mental, sensorial, poético y metafórico, muchas veces también onírico. Los motes no están de más, porque suelen verse como normales e inevitables en los dramas de Denis y en los pasajes solitarios y bellamente oscuros de Tindersticks.

Lo interesante del arte y de los clichés artísticos enfocados a los nacionalismos o a los lugares comunes, es que en ocasiones se gesta algo que ni es un thriller francés totalmente, algo que no es rock avant garde o pop intelectualizado británico necesariamente. Algo que es una película muy propia de Francia con una conexión universal específica, casi callada, a la sombra, como esos gritos desesperados que muerden y desgarran durante la noche del cigarro que vela los sueños.

Unos creen que sólo es alabanza sin miramientos, gracias a la crítica especializada, otros saben que la magia negra existe. Claire Denis dibuja una esperanza invisible, que con su simple ausencia puede iluminar el lado más retorcido de nuestra sonrisa. Tindersticks no pelea, no da batalla, al respecto. Es un equino salvaje, negro y desbocado que cede ante las fuertes escenas, mismas que se toman su tiempo, que casi se detienen sobre sí mismas para dilatar el derrumbe de las cosas.

El grupo sabe actuar como un personaje más dentro de los filmes de la directora de Good Work (1999) y No Fear, No Die (1990). Es Les Salaudes, un todo complemento atmosférico, introspectivo y preciso, visualmente y sonoramente hablando. Coqueteos celestiales, que en esta ocasión vienen aderezados con un peso especial en las secuencias de beats electrónicos, sobre todo en el único tema vocal que tiene el disco y la película, “Put your love in me”, el cual nos recuerda a ese synth pop europeo, frío, oscuro y gandallón de finales de los setenta y buena parte de los ochenta. La parte en la que aparece el tema referido dentro de la película es sencillamente perturbador, resaltando el trabajo a cuadro de un estupendo y fuerte Vincent Lindon, que trae la desgracia y la venganza como tareas pendientes en su calendario, así como el de una guapísima y elegante Chiara Mastrioani y el de la joven y altamente sensual, Lola Creton.

El score de Les Salaudes de Claire Denis funciona en especial cuando se les aprecia a cuadro, pero al igual que las películas de la francesa, el más reciente trabajo fílmico de los británicos merece revisarse en varias ocasiones para ver lo que hay escondido en ese fondo ciego. Les Salaudes es, para quien esto escribe, una de las mejores películas del año y uno de los mejores trabajos de Denis a la fecha. Los Tindersticks, por su parte, siguen siendo enormes.

Por Ricardo Pineda (@Raika83)

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