‘Familia Gang’: Una comedia del narco

De algo de lo que nos jactamos en México es de nuestro humor, decimos que somos capaces de reírnos hasta de la muerte. La tragicómica historia de nuestro país lo evidencia ante el mundo; nos burlamos de ellos, de aquellos traidores a la Patria que han osado profanar al pueblo mexicano; sacamos chistes de lo caído, árboles, edificios, estatuas, esperanzas. El humor negro, la sátira y la farsa habitan no sólo en la narrativa mexicana, sino en toda su cultura, mientras viene y va, mientras camina. Es cierto, tenemos un humor particular y específico; somos capaces de reírnos de nosotros mismos, incluso, en el momento menos oportuno. Familia Gang (Armando Casas, 2014) pretende ser una comedia oscura, negra, casi pantanosa, que sirva como válvula de escape, un catalizador violento en contra de la violencia. La película nos narra las desventuras de una familia ligada al crimen organizado, sus miembros no son de los altos mandos; son apenas los chalanes encargados del trabajo sucio. Familia común y corriente que lo mismo sufre por los malos manejos del gobierno, que por lo malos manejos del narco. Familia que se va descubriendo a sí misma no sólo de manera figurada; algunos de ellos, no llevan una relación fraterna. A la par de este círculo del infierno, contemplamos lo que sucede algunos pisos más arriba, donde las estratosferas del poder se concentran, se conectan y se traicionan.

Familia Gang se centra en el humor, y ahí mismo tambalea. El filme no sólo habita, retoza en la tierra de lo políticamente incorrecto; hay chistes discriminatorios para casi cada una las minorías de este país. Regresa aquella época donde la comedia se centraba en reírse y burlase del otro, del diferente; producto del que Jorge Ortíz de Pinedo puede sentirse orgulloso. Es un humor Televisa, y sí, funciona, arrancará las risas del respetable puesto que el lenguaje humorístico con el que estamos educados es más que de barrio. El melodrama es ese de buenos y malos, aunque un poco trastocados, pero definidos concretamente. Es el de la risa loca y el llanto épico al final del filme. El de la trama moralina y educadora que pretende ser transgresora; pues habrá que aceptar que Familia Gang toca los temas tabúes para una parte de la sociedad que busca precisamente esto, reírse de la travesura.

El tema del narcotráfico es el tema de moda, la base económica que permea todos nuestros medios (y miedos) y en la cinta está presente, tan presente como en la vida, y tan nebuloso como sucede. No es pecado reírse de las tragedias sociales o humanos, ni mofarse de las situación satíricas y surrealistas que parecen sólo suceder en nuestro país; de hecho, esa debería ser una de las funciones de la comedia, y es esa, también una de las razones por las que más se extraña. Pero por más graciosa que pueda a llegar la cinta, su comedia queda escueta, pues ser burla para criticar, pero termina cayendo en la rúbrica eterna de lo antes mencionado; el chiste pícaro de moraleja, la bofa de payaso de transporte público contra los usuarios y el poco ritmo utilizado.

De la estética casi todo falla, personajes exagerados, que refuerzan la idea del estereotipo; cámaras llanas que poco narran, y una narrativa predecible y ligada al trabajo de bajo presupuesto. Sería más interesante, tanto para la cinta, como para la cinematografía nacional, que Familia Gang abrevara de la aguas del cine de ficheras o del videohome; más que de la televisión. Y es que en ambas corrientes, se concentran las raíces de este tipo de comedia, y aunque retoma un poco, lo hace más de manera involuntaria que con conciencia. La presencia de Rafael Inclán, como el desenvolvimiento mismo de los personajes, nos invita a pensar en que hubo un intento de enlazar esta cinta con aquella etapa; tal vez como homenaje, tal vez como sátira, lo cierto es que ni se incorpora ni se aleja, y al no definirse pierde fuerza. Pudo haber tenido ahí un ancla.

Familia Gang no es, ni será, de lo más notable del cine mexicano, es más que otra cosa un producto rebuscado, y prefabricado para encajar en su público y no salir jamás del nicho. Los creadores conocen a su gente, a los futuros ojos que verán la cinta, y a las futuras risas que musicalizarán sus salas. Lo saben ellos, lo sabemos nosotros; somos mexicanos, y nos reímos de todo.

Por Ali López (@al_lee1)

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