‘Estar o no estar’: Dilemas de telenovela

Durante los últimos años, el cine romántico de manufactura mexicana ha intentado obtener su toque personal. Sin estar deslindada de la influencia de la fórmula norteamericana, algunas películas han colocado preceptos de infidelidad en una propuesta de corte independiente (En la sangre), otras con un sencillo espejo shakesperiano del amor imposible por la diferencia de clases sociales (Amarte duele).

Estar o no estar (2015) es otro intento por mantener la presencia del género dentro de las producciones nacionales. Después del fallecimiento de su madre Verónica (Patricia Reyes Spindola), el reservado Augusto (Flavio Medina) se exilia en el pueblo de Tlacotalpan en Veracruz, donde conocerá a la joven Nastenka (Aislinn Derbez), una inmigrante ucraniana por la que sentirá un fuerte afecto, estableciendo un vínculo que marcará su existencia.

Con un toque de melancolía, el realizador Marcelo González, en su opera prima presentada en el Festival de Cine de Guadalajara de 2015, entreteje el creciente sentimiento de afecto de Augusto hacia la muchacha con el cuestionamiento de la muerte y la razón de la existencia. Las referencias literarias en las acciones de la pareja protagónica, séase con la imposibilidad del amor con el Cyrano de Bergerac de Edmond Rosand o el planteamiento de la existencia en la Niebla de Miguel de Unamuno, contaba con un potencial para enriquecer al relato, se le desaprovecha por la simpleza de su precepto filosófico y romántico.

Rayando en el cliché del entorno de provincia retratado a la usanza del formato televisivo de las conocidas empresas nacionales, González bordea con demasiada superficialidad la crisis existencial del protagonista con la presencia constante de diálogos simples y con el fantasma de la madre, el tormento en el espejo que resulta una herramienta sobrada mejor destinada a los escenarios del teatro.

El enamoramiento de la contraparte femenina es sólo una ilusión creada por parte del protagonista, la friendzone que pierde fuerza por los clichés del guion del propio realizador en el intento de explotar la complejidad en la relación de Augusto y Nastenka: él, buscando la libertad de decisiones y el amor por primera vez en su vida, ella añorando el un cambio de vida regreso del novio que partió para perseguir el sueño de marino.

El aspecto técnico, con la constante de luces y noches de estrellas, peca de pretensión por la excesiva presencia que demerita la sutilidad en los días de calma y luminosidad, con encuadres vistos mil y un veces en telenovelas mexicanas. La subsecuente caída existencial de los protagonistas y el afronte con la realidad con la toma de decisiones rescata un poco la falta de carisma del relato y de la mayoría de los personajes, con momentos de comedia negra eclipsados por los excesos melodramáticos.

Si bien el reparto tiene rostros identificados principalmente por su presencia en las televisoras mexicanas, Flavio Medina hace un trabajo meritorio como el atormentado Augusto, mientras que Aislinn Derbez queda a deber como aquella inmigrante extranjera que debe decidir su destino, sin captar algún tipo de acento ni algo en particular que respalde al origen de su personaje, además de evidenciar una ausencia de química en la dupla.

Así, Estar o no estar, su búsqueda de introspección y de resaltar los tópicos de la existencia humana se distinguen un poco de vacuos romances mexicanos como Inspiración (2001), terminando por convertirse en un melodrama más de las seis de la tarde.

Por Mariana Fernández (@mariana_ferfab)

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