‘No es una película’, es una denuncia iraní

A Jafar Panahi el régimen islamista le ha condenado a 6 años de cárcel y prohibido filmar durante los próximos 20 años. Jafar Panahi se pasa por el arco del triunfo dicha restricción y no sólo realiza un documental de 72 minutos, sino que consigue sacarlo del país (en una memoria usb dentro de un pastel) para que sea exhibido en Cannes.

En No es una película (This is not a film, 2010), Panahi hace un retrato del hastío que padece un creador cuando su voz es acallada por una absurda ley. Armado con una cámara digital y su iPhone, Jafar registra un día en su vida. En esta suerte de documental lo vemos paseando de un lado a otro de su departamento de Teherán, pasando el tiempo mientras espera el resultado de una apelación que, espera, pueda reducir su condena.

La cámara, que está fija durante las primeras tomas del día, captura a la perfección la monótona y desalentadora espera. “¿Qué hacen dos peluqueros encerrados sin nada que hacer? Se cortan el cabello entre ellos”, le dice el documentalista Mojtaba Mirtahmasb a Panahi al hacerse cargo de las tomas mientras le hace compañía. Ése es el eje rector de la cinta. ¿Qué otra cosa puede hacer un director sino filmar?

A lo largo del día vemos a Panahi hablar por teléfono con su abogado para revisar el avance de su apelación; lo vemos navegar en internet, ver la televisión y alimentar a su iguana. Es precisamente en ese hastío del encierro en donde reside el poder de la cinta.

Al tratar de buscar huecos en la ley que le permitan filmar, Panahi decide narrar y recrear él mismo uno de sus guiones hasta que la frustración puede más que él y termina abandonando la idea.

El grueso de la breve cinta se va en reflexiones sobre el cine y la censura, sobre la condición humana y la creatividad, sobre la imposición de la visión político-religiosa del gobierno iraní.

Al final, el documental se ve enriquecido por el encuentro entre Panahi y un universitario que  en sus ratos libres funge como conserje del edificio. El director acompaña al joven a través de su recorrido de recolección de basura por el edificio. Un ilustrador testimonio de las condiciones por las que atraviesa él por el edificio mientras recoge la basura de  todos los departamentos del lujoso condominio.

Ambos hombres avanzan lentamente piso por piso hasta llegar casi a la calle. “Señor, no salga con la cámara a la calle, la policía podría verlo”, dice el joven mientras empuja el enorme bote de plástico hacia la calle, es el último diálogo de la película y la afirmación más contundente del drama por el que atraviesan los creadores iraníes, a quienes Panahi dedicó la cinta.

Por Carlos Morales (@spacemono)

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