‘Entre copas’: El vino visto como la vida misma

Miles, un escritor fracasado que tiene dos años sumido en una fuerte depresión tras su divorcio, y su mejor amigo de toda la vida, Jack, un actor fracasado que está a punto de casarse, se van en un viaje en carretera por los viñedos de California para celebrar la despedida de soltero de Jack.

Miles es un tipo serio, tranquilo, introvertido, fanático del vino, que ve este viaje como una oportunidad de catar los mejores vinos de Estados Unidos y aprovechar para pasar una semana agradable en compañía de Jack jugando golf y enseñándole todo el proceso artístico que involucra la producción y la degustación del vino.

Jack, por otro lado, es todo lo contrario, vive con completa indiferencia, está siempre en el relajo, el vino no le importa en lo absoluto, no hace mucho por ayudar a Miles a salir de su depresión y sobre todo ve el viaje como una oportunidad de aprovechar con distintas mujeres sus últimos días de soltería.

Durante el viaje conocen a Stephanie y Maya, una vendedora de vinos y una mesera respectivamente, con quienes pasan la mayor parte del tiempo. Jack, a pesar de estar a escasos días de su boda, hará de las suyas con Stephanie, y  Miles tendrá que luchar contra sus traumas e inseguridades para lograr tener una relación con Maya.

Entre copas (Sideways) es, en mi opinión, el mejor trabajo de Alexander Payne hasta el momento (tomando en cuenta el triste y lamentable hecho de que todavía no he visto Nebraska, su nueva película). Es una película muy sencilla, sin mayores pretensiones pero que es directa, con un guión sólido basado en la novela homónima de Rex Pickett, una gran dirección, un muy buen desarrollo de personajes y un excelente trabajo actoral de un reparto poco conocido en aquel momento; Thomas Haden Church y Virginia Madsen fueron nominados al Oscar como Mejor Actor de Reparto y Mejor Actriz de Reparto aunque increíblemente con Paul Giamatti tuvieron el descaro de ni siquiera haberlo nominado.

La trama se desarrolla en el entorno de los viñedos californianos, vinerías, bodegas, catas, restaurantes, días de campo, etc. Los momentos importantes en la película se dan mientras los personajes están comiendo. Miles y Jack conocen a Maya en un restaurante, a Stephanie mientras prueban un nuevo vino, la atracción y la tensión entre Miles y Maya se da mientras los cuatro salen a cenar por primera vez, Miles saca su mayor frustración y enojo durante una cata, etc.

El vino es un personaje más dentro de la historia. La escena cuando Miles le enseña a Jack cómo se debe tomar el vino es una clara muestra de las personalidades de ambos: Miles, dentro de su seriedad y de su forma de ser tan analítica y pensante, ve el líquido resbalar en la copa desde que sale de la botella, lo mira a contraluz, se fija en su consistencia, en su color, agita la copa, deja que le entre aire, lo huele, lo bebe en pequeños tragos y toma su tiempo para captar su sabor, para poder analizarlo, disfrutarlo, saber si es un vino digno de su paladar; en cambio Jack, con su alebrestada forma de ser que simplemente se deja llevar por el momento, se desespera de ver a Miles y cuando llega la hora de beber su copa  vulgarmente se toma todo de un trago.

El vino es el único elemento que tienen Miles y Maya en común, solamente hablando de vino es como pueden romper el hielo y tener una plática amena (al menos para los estándares de Miles). Una plática donde a Maya le entra la inspiración y hace toda una metáfora explicando por qué el vino le es tan especial, cómo no lo ve como una simple bebida sino como un ser vivo, cada botella tiene su propia personalidad, su propia historia  que contar y cada una espera el momento de ser abierta y cumplir con el objetivo para el cual fue hecha. Maya compara el proceso de la elaboración del vino y todo lo que sucede con las botellas con la vida misma.

Una bebida que es una parte importante dentro de la vida de los protagonistas, a excepción de Jack. Es un tema que no se toman a la ligera, el poco o mucho dinero que tienen lo invierten en su colección de botellas, Miles logra impresionar a Maya con su más valiosa posesión, un Château Cheval Blanc de 1961, que ha estado guardando en espera de que llegue el momento indicado para abrir un tesoro tan valioso; el vino en general es tomado demasiado en serio, incluso son capaces de dejar pasar una oportunidad si no se toma la decisión adecuada “I´m not drinking any fucking Merlot!”.

Payne también hace lo suyo a la hora de mostrar el vino. La forma en que muestra los viñedos, los extreme close up a los diferentes tipos de uva, los agricultores que las trabajan, los barriles donde es almacenado el vino, las bodegas, la colección de botellas, etc.

Sideways no es una película sobre vinos, es la historia de sus protagonistas, un par de amigos fracasados, cada uno maneja su fracaso de modo distinto y el viaje que realizan un viaje les servirá, sin darse cuenta, a reflexionar el incierto futuro que tienen por delante.

Un Miles que lucha por dejar atrás sus frustraciones, que es completamente leal a su mejor amigo aunque no está de acuerdo con su comportamiento y sabe que lo arrastrará hacia los problemas en los que se vaya metiendo. Un Jack que se comporta peor que un adolescente para poder guardar las apariencias de el vacío interior que ha arrastrado desde hace mucho tiempo.

Sin embargo el vino siempre está presente, acompaña a los protagonistas durante su convivencia, sus alegrías, sus enojos, sus tristezas, sus preocupaciones, sus frustraciones; un compañero que influye en las decisiones que toman cuando están bajo sus efectos; a veces como amigo que consuela, a veces como enemigo que no se deja controlar, de forma aparentemente discreta, silenciosa, siempre está ahí.

 Por Luis Arredondo

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