El necesario mano a mano (Uno contra Uno)

“La hoja muerta que describe una espiral y cae al suelo
La mano que errante, vaga por todo el cuerpo
El alivio sano, el reposo, la satisfacción:
Y este ramillete que he arrancado
Al azar, de mí mismo:
Lo arrojo, para que caiga en cualquier parte”

Spontaneous Me, Walt Whitman

Si de por sí es extremadamente difícil pensar que la poesía podría ser usada como material para una adaptación cinematográfica, lo es más cuando ésta proviene del verso libre de Walt Whitman. Sin embargo, un ligerito pero irrompible lazo une a Leaves of Grass (2009) de Tim Blake Nelson con la muy criticada obra poética de 1885: la ardua búsqueda de identidad.

Bill, famoso Doctor y profesor de filosofía antigua, regresa a su natal Little Dixie en Missouri arrastrado por la supuesta muerte de su hermano gemelo Brady, feliz cosechador y distribuidor de mariguana. Los hermanos Kincaid, remarcablemente bien interpretados por Edward Norton, son en la manera más obvia, la vida de los apasionados: de un lado o de otro, pero radicalmente convencidos de lo que no quieren ser.

Hasta el momento se podrían imaginar un filme divertido –después de todo es una comedia– que no pasará más allá de la interesante experiencia de la extravagancia, digamos, como mirar al recatado filósofo ponerse high y escuchar música country, o las insensibles y ácidas pláticas que mantiene Daisy Kincaid (Susan Sarandon) con su apasionados hijos. Pero el valor agregado de Leaves of Grass reside en algo más universal: a gran escala, el prejuicio que una amplia parte de la vida nos gobierna –a algunos más tiempo que a otros– termina derrotado en el más maravilloso golpe de estado interior.

Veámoslo de la siguiente forma: hasta antes de un trascendental acontecimiento en sus vidas, tanto Walt Whitman como el honorable filósofo Bill Kincaid se encontraban escalando una enorme pared de ideas construidas a través de la identidad cultural, sí, lo que se nos enseña a perseguir en pro de la felicidad: la profesionalización académica, el reconocimiento de la obra y, por supuesto, el agridulce éxito.

Por supuesto, en el caso de Billy la confrontación con su ‘peculiar’, como él la describe, familia destruye el propio estereotipo que se ha creado en torno a sus limitaciones. Pero el caso de Whitman es más autodidacta. Cansado de buscar el reconocimiento periodístico que jamás le fue otorgado –y mira que hablamos del siglo XIX en que el ejercicio era más oficio que profesión–, Walt declina por la poesía de una manera más sincera, pues lo que realmente buscaba era la autosatisfacción, esa búsqueda por lo propio, por el gusto propio.

Entonces, a Whitman no le importó ni el ritmo, ni la rima,  tampoco hacer alusiones sexuales y mucho menos la auto descripción –cosa que pocos hacen–, pues su propósito, ese acontecimiento en su vida del que hablábamos antes, la ruptura con el incansable peso del éxito frustrado que no podía cargar más, se recargó en el pasto / “That when I recline on the grass I do not catch any disease” (Que cuando me recuesto en el pasto no podré enfermarme).

Así… libre, autónomo y real resultó el golpe de estado de Whitman contra Whitman en su muy criticado compendio de poesía Leaves of Grass, publicado en 1885 (imagínense). Casi tan verso libre –o sea contenido sin tanta regla– como lo es Brady Kincaid en el filme del más-bien-conocido-como-actor Tim Blake Nelson, pues no le importa sembrar, compartir o inducir al consumo de mariguana, es para él, como debería ser para cualquiera, una libre elección y no una prohibición.

Al final, ambas Leaves of grass dejan el sabor de una reflexión: podemos decir que a veces en la transgresión o, si prefieren, en la revaloración de los deseos, debería caber la pregunta ¿es realmente esto lo que soy? Y con optimismo vemos que de facto, al dar ese paso, por el sólo hecho de la búsqueda de algo más, como con Whitman, la recompensa es grata (su obra trascendió y es reconocida pese a las críticas, ¿no?).

FIN

Por Adele Snails (@adelesnails)

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