‘Doble vida’: Lectura Virtual

Olivier Assayas es un hombre que cree en los fantasmas, no en la tecnología –o, cuando menos, es más escéptico sobre la misma–. Sea como escritor o cineasta, pocos alcanzan la agudeza del director francés para señalar la forma en la que dispositivos tecnológicos, más que deshumanizarnos, generan una nueva instancia del ser que por desconocida resulta sospechosa y compleja. Pareciera que para Assayas, la tecnología es una variante de la ficción, otro dispositivo que altera la realidad sin dejar de ser realista: sombras o proyecciones de lo real.

El largometraje más reciente de Assayas, Doble vida (Doubles vies, 2019), reúne varias de las preocupaciones más recurrentes en la filmografía del otrora crítico francés, particularmente la frontera entre ficción y no ficción. La película presenta a Leonard Spiegel (Vincent Macaigne), un escritor, y Alain Danielson (Guillaume Canet), su editor, cada uno con sus respectivas parejas: por un lado Valerie (Nora Hamwazi) y Selena (Juliette Binoche), una actriz que tiene un romance con Leonard a espaldas de Alain. Los encuentros de los personajes se dan el marco de un debate que incluye el analfabetismo letrado, la “democratización cultural” a través de lo digital y las nuevas formas de consumir, más que leer, libros.

Al centro de Doble vida, Assayas pone una pregunta que no llega a una conclusión definitiva: ¿Cambia el sentido de lo que leemos si el formato es distinto? O quizá, más bien, ¿dónde yace la esencia de las obras y de las personas? En la película, un escritor sólo es capaz de escribir de lo que le pasa, es decir, sólo es capaz de ficcionar su experiencia. Amoríos, debates y anécdotas que evocan la fina sociología fílmica de Jean Renoir, se convierten en material listo para ser consumido en kindles, tablets y celulares para un público que lee todo el tiempo, en papel o en pantalla.

Léonard Spiegel es mejor personaje que escritor, no por él mismo sino por lo que le sucede, convirtiéndose en un protagonista sin agencia, que evoca, justamente, al pastor de Luz de invierno (Nattvardsgästern, 1963), de Ingmar Bergman, mencionado por Alain en la película. Siendo la ficción un acto de fe en los mundos creados por Assayas, sus personajes llegan incluso a la conciencia de sí mismos, por ejemplo, cuando al final mencionan el nombre de Juliette Binoche en presencia de Selena (interpretada por Juliette Binoche). El gesto de confusión de Binoche, así como el de casi todos los personajes en distintos momentos de la película, habla de un espacio entre la ficción y la no ficción: lo virtual

Los nuevos dispositivos tecnológicos se nutren de ese mundo virtual, uno en el que las ideas son lo único que puede vivir tanto en la ficción como en la no ficción. Doble vida es una película rebosante en ideas enunciadas por personajes ficticios sobre problemas reales. Creer lo que discuten, resulta así, un acto de fe.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

    Related Posts

    FICUNAM | El cosmos genital y las cavidades del cine
    ‘La búsqueda’ y el remordimiento paternal
    ‘Una bella luz interior’: Diálogos de amor
    ‘Fantasmas del pasado’ y el peso del arrepentimiento
    ‘La vigilante del futuro: Ghost in the Shell’: Johanbots
    ‘Fantasmas del pasado’: Gasparín wears Prada