Cinema Móvil Presenta: ‘Ted 2’

Si bien la conclusión de Ted (2012), exitoso primer filme de Seth MacFarlane, indicaba que los tres protagonistas (Ted, John Bennett y Lori Collins) vivirían juntos y felices por el resto de sus días, la secuela prueba que el narrador sacado de los cuentos de hadas estaba equivocado. Aún así, Ted 2 (2015) también inicia con ese toque de magia y felicidad, ya que nos sitúa en el día de la boda entre el vulgar oso y su novia white trash Tami-Lynn; una pareja que, tan sólo un año después, perderá interés y aterrizará en la realidad, con constantes peleas entre ellos a la mínima provocación.

Tras obtener críticas duras de colegas como Trey Parker y Matt Stone, por su escritura llena de gags gratuitos y sin conexión en las tramas de los capítulos de Family Guy (1999-), MacFarlane pareció entenderlo y, para su opera prima, trató de construir una historia concreta. Los mejores gags de la original conectaban con la narrativa central, por ejemplo, el homenaje a Flash Gordon fungiendo como parte vital en la amistad de John y Ted.

Así, MacFarlane dio un paso rumbo a la madurez como escritor cómico con Ted, sin dejar a un lado su humor característico. De hecho, el tema central del filme fue precisamente eso: la lucha de un hombre de 35 años (Bennett) por madurar (o sea, comprometerse con su novia de 4 años y ser responsable en su trabajo) y desprenderse por completo de un pasado infantil e irresponsable (drogas, películas populares y por supuesto su mejor amigo Ted).

Al final de Ted parecía que la madurez había llegado para Bennett (al no abandonar a ninguno de sus dos seres queridos), pero Ted 2 bien podría fungir como una regresión para el personaje interpretado por Mark Wahlberg y, por momentos, incluso para el mismo MacFarlane. Sin llegar a ser una colección de sketchs, Ted 2 sí contiene más gags sueltos que la original. Ahí está un cameo sorpresa de un colaborador de MacFarlane en su filme previo (A Million Ways to Die in the West), o la exageradísima reacción de los “thunder buddies” ante la cada vez más grande adicción de John a la pornografía; momentos como este último en particular son fallidos y no provocan las risas que justificarían su existencia, aún cuando no ayudan a que la trama siga fluyendo.

En cuestión temática, MacFarlane se mantiene apegado a lo mostrado en la cinta original, simplemente cambia roles: Ted es el nuevo protagonista, quien experimentará lo difícil de una relación amorosa y el conflicto central de la trama. La idea del director sobre las relaciones humanas no está fuera de la realidad, en lo absoluto, aún cuando el personaje principal es un oso. Si antes se expuso la necesidad de compromiso que surge con el paso del tiempo en un noviazgo, ahora se explora la realidad del matrimonio. La noción de tener un hijo para solucionar los problemas en un matrimonio (que Ted aprende gracias a su hilarante compañera de trabajo) sin duda está presente en el pensamiento de muchas parejas, aunque sea de una forma inconsciente.

De igual forma, MacFarlane trata de usar a su oso para brindar un toque sociopolítico. Al crear una serie como Family Guy, el director ciertamente ha dado comentarios del estilo, sin embargo temas similares quedaron prácticamente fuera de la primera parte. En Ted 2 es momento de abordar de una manera más seria el hecho que Ted es un juguete con vida (una idea que se tenía que explotar en algún momento) y, consecuentemente, algunos de los temas más polémicos que ocupan a Estados Unidos.

Recordemos que al inicio de la original, se ve el tremendo impacto que Ted causó en el mundo, pero se concluye que –como pasa con cualquier otra celebridad– con el paso del tiempo a nadie le importará su existencia. Aquí, Ted vuelve a ser relevante para el mundo que existe más allá de su mejor amigo y esposa.

Ted 2 es básicamente un “drama” (entre comillas porque siempre hay gags) situado en gran parte dentro de una sala de juzgado, donde se discuten temas comparables con la discriminación hacía los homosexuales (y las minorías en general) e incluso con la abolición de la esclavitud en E.U. A pesar de mencionarlo, finalmente MacFarlane no se muestra interesado en explorar a fondo el ámbito sociopolítico, y el filme no pasa de presentar divertidos chistes con Ted comparando su situación con la de un esclavo negro de la serie Roots (1997); dedicarle algunos diálogos a la guerra contra las drogas (sabemos que el director es uno de los más grandes partidarios de la legalización); y un discurso genérico en pro de la igualdad.

Un rol clave en Ted 2 es la joven abogada (Samantha Leslie Jackson) que eventualmente se convierte en la defensora del oso en el caso principal: el estado dice que a pesar de todo, Ted no tiene derechos por ser propiedad. Aquí surge la regresión de Bennett, y del propio MacFarlane: la creación de un personaje femenino que no contrarresta la inmadurez de los amigos John y Ted, sino que es partícipe de su relajo. Más que el oso parlanchín, a quien ya conocemos a la perfección y no resulta sorpresivo en ningún momento, es completamente inverosímil que la abogada comience a fumar marihuana en su primer encuentro con los protagonistas.

Este personaje es parte del discurso en pro de la legalización, pero, sobre todo, de una nueva noción en torno a las relaciones. Antes, MacFarlane parecía decir que encontrar la plenitud significaba cambiar y tratar de comprender a la pareja; ahora que para ser feliz, tienes que esperar la aparición de alguien con una personalidad similar a la tuya. Para cuestiones dramáticas, esta nueva idea resulta menos efectiva, dejando a Bennett casi como un personaje plano, sin mucho que decir.

El arco narrativo de Ted tampoco fluye de gran forma; eventualmente, sus problemas legales y maritales se sienten mero pretexto para que el filme arribe a lugares de ensueño, como una inmensa granja de mota o una reunión geek, y recree deliberadamente el tercer acto de la original. Parece que este tipo de personajes vulgares y cómicos, siempre tendrán un destino similar una vez que sus historias son expandidas; véase el caso de Sherk (2001).

Aún con todos sus momentos olvidables (un montaje sin gracia, una insípida aparición de Morgan Freeman, por ejemplo), Ted 2 logra divertir. Esto gracias a los gags recurrentes, las interminables referencias a la cultura popular (que van desde F. Scott Fitzgerald hasta Rocky, pasando por Samuel L. Jackson y regresando a Flash Gordon), y al carisma de Wahlberg y Ted; o sea, el material probado. MacFarlane cumple con entretener, simplemente no podemos decir que su primer secuela sea un logro o avance para su carrera.

Por Eric Ortiz para @CinemaMovil_Mx

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