‘Cantinflas’: Un cantinfleo coherente

Cuando una industria se encuentra sumida en una profunda crisis, se enfrasca en una regresiva dinámica que refuerza los principios que la llevaron a consolidarse en primer lugar, aun cuando el contexto cronológico es incapaz de reconocer como vigentes tales principios. Detrás de la nostalgia existe un profundo miedo a la innovación y al riesgo, el necio deseo de la permanencia resulta en decadencia pura y pomposa autocomplacencia. El biopic mexicano Cantinflas (2014) hace gala de una nostalgia que no rescata los enormes valores de una, otrora influyente, industria nacional, sino que ensalza y gira alrededor de aquellos que corresponden al sistema de estudios hollywoodense, hoy sumida en un profundo abismo.

El director Sebastián del Amo, que ya había entrado en el género con El fantástico mundo de Juan Orol (2012) sobre el mítico cineasta Juan Orol, toma la vida del ídolo cómico mexicano Mario Moreno Cantinflas, arrancando con sus humildes inicios como actor de carpa hasta culminar en su triunfo obteniendo un Globo de Oro por La vuelta al mundo en 80 días (Around the World in 80 days, 1952). Como todos los esfuerzos de este tipo, Cantinflas se ve presionada por el tiempo cinematográfico a hacer una síntesis industrializada de la vida de la figura, ensombreciendo lo oscuro e iluminando lo más claro, haciendo un ejercicio que aun más que alabar la figura de Cantinflas, besa los pies de Hollywood y de la bravura de sus mavericks, como el insoportablemente ambicioso productor de cine Michael Todd.

Tomando como ejes narrativos los inicios de Cantinflas y la desesperada lucha de Michael Todd para llevar a la pantalla la novela de Julio Verne, Del Amo presenta una dramatización que resulta ágil en ritmo y tiempo, pero profundamente incapaz de sobresalir en rubro alguno más que en la impresionante mimetización alcanzada por el actor barcelonés Óscar Jaenada. El trabajo de Jaenada es aun más loable por su negación a la mera imitación y al gesto. No caricaturiza a Cantinflas ni acartona a Mario Moreno, entregando una visión inteligente por su sutileza y naturalidad que llega al punto en que no estamos viendo a un actor interpretar increíblemente bien a Cantinflas, sino al mismo Mario Moreno interpretar a Cantinflas.

La comunicación que se establece con la película producida por Todd (Michael Imperioli) abarca también el recurso de los cameos, muchos de ellos fallidos en interpretación o semejanza física, que incluyen, entre muchos otros,  a Joaquín Cosío como Emilio “El Indio” Fernández, Julio Bracho como Jorge Negrete o Ana Layevska como Miroslava Stern. Mención aparte merecen las infames representaciones de Charlie Chaplin, Marlon Brando o Yul Brynner, tan terriblemente tibias e impersonales como la genérica fotografía o los acartonados decorados que hacen parecer opulentos los escenarios que aparecen en las primeras películas de Cantinflas.

A pesar de contar con suficientes anécdotas de la vida de Mario Moreno que podrían generar el interés de la audiencia, como su involucramiento con los sindicatos, su extensa carrera en México o profundizar en su vida personal, la cinta se decanta por una lambisconería que no se dirige a la figura de Mario Moreno, más que al sistema de estudios y su funcionamiento, considerando este como el punto más alto en la carrera de Cantinflas, aunque La vuelta al mundo en 80 días se trata de una superproducción que de ninguna manera es emblemática de lo que hace trascendente al legendario cómico mexicano, ensalzando una serie de arcaicos valores que evocan una época en la que el cine era el mejor de los negocios, dominado por la magnánima figura del productor y regida por la política del espectáculo, que dejaba de lado el sublime artificio del verbo ficticio y enredado del ahora paradigmático “cantinfleo”. El problema de Cantinflas es olvidar que un espontáneo y libre ingenio hicieron grande a Cantinflas y no el ser parte de la nómina de un decadente espectáculo, por muy grande que se haya jactado de ser. Por ello ,un cantinfleo coherente no es un cantinfleo real.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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