El fin de semana es una de las jornadas más fuertes del Festival Internacional de Cine de Cannes, esto se debe a la afluencia de gente y la programación de títulos, que suele reservar sus cartas más fuertes para este espacio, este año no fue la excepción. El menú de fin de semana fue variado y comienzan a develarse caminos más o menos claros en la propuesta de programación de este año.

Zombie Child
de Bertrand Bonello
Sección: Quincena de los Realizadores

Mucho se ha comentado entre la crítica especializada sobre la influencia de la seminal I Walked With a Zombie, de Jacques Tourneur, en muchas de las películas que se presentan en Cannes este año, quizá quien la usa como un referente esencial para su propuesta es el francés Bertrand Bonello en Zombie Child. La película que presenta a un grupo de jovencitas en un colegio al que llega una joven haitiana cuyo abuelo es un zombie que va penando perdido en el tiempo.

El largometraje sostiene un diálogo implícito con Atlantique, la película de Mati Diop –que comentábamos en el reporte pasado–, a través de la exploración que Bonello hace de la identidad del zombie y la forma en la que el neocolonialismo se ha apropiado no solo de los cuerpos foráneos, sino también de muchas de sus manifestaciones culturales. Filmada con extraordinaria elegancia y rebosante de ideas, Zombie Child quedará como uno de los mejores títulos de esta edición, que ha sido numerosa en películas que van directo a devorar el intelecto y adormecer los sentidos.

J’ai perdu mon corps
de Jeremy Clapin
Sección
: Semana de la Crítica

J’ai perdu mon corps, única película francesa en la Semana de la Crítica, fue presentada con gran entusiasmo por Charles Tesson, director de programación de la Semana como un proyecto que revertía ingeniosamente el decoupage cinematográfico y a pesar de que la película de Clapin, una animación sobre una mano que busca a su dueño en las calles de Francia, tiene momentos de montaje realmente bellos y secuencias de acción fantásticamente diseñadas, sus pifias terminan pesando lo suficiente para opacar sus aciertos.

El trabajo de Clapin, más cerca de los vicios del más manido cine estadunidense “independiente” (con todo y manic pixie dreamgirl), expone involuntariamente la manera en las que las formas de narrar estadunidenses –aún contando con un protagonista de origen marroquí, particularmente las del “triunfo del espíritu” a la John Irving–, pululan y tratan de homologar todas las historias. De haberse tratado únicamente de la travesía de la mano, estaríamos ante algo mucho más interesante.

The Staggering Girl
de Luca Guadagnino
Sección: Quincena de los Realizadores

El nuevo trabajo de Luca Guadagnino, creado a partir de una colección de ropa diseñada por la casa de moda Valentino, se estrenó en el marco de la Quincena de los Realizadores con una sola función y ante la expectación de la chaviza amante de los duraznos magullados y ballets torcidos de las películas anteriores del cineasta italiano.

Estelarizado por Julianne Moore, The Staggering Girl apenas y cuenta con una narativa bastante difusa, ligeramente inspirada por la película Another Woman (1988), de Woody Allen, en el que lo que más luce, como en el resto de la filmografía de Guadagnino, es lo que no habla: la ropa y los interiores.

Resulta peculiar la forma en la que Guadagnino logra hacer que la ostentosidad y la opulencia tengan cualidades rústicas en sus trabajos, algo que muchos de sus detractores usan para tildar su cine de “superficial”, y él quizá sea el cineasta más preocupado por filmar la superficie de la superficie, cuya preocupación central no es la belleza sino la apariencia de belleza, aspecto que le garantiza un lugar de predominancia en estos tiempos obsesos por la imagen. Un comercial ataviado con un engañoso disfraz de cine.

La cordillera de los sueños
de Patricio Guzmán
Sección: Fuera de competencia

El cineasta chileno Patricio Guzmán concluye la trilogía iniciada con El botón de nácar y La nostalgia de la luz con La cordillera de los sueños, una conclusión mucho más modesta que deja un sentido preciso de conciencia histórica al tiempo que genera reflexiones de aguda belleza.

En este capítulo el peso está sobre la Cordillera de los Andes y la forma en la que dicho sistema montañoso ha fungido un papel ambivalente de protección y de aislamiento del Chile contemporáneo. Abriendo con una nítida toma aérea de la ciudad de Santiago a las faldas de los imponentes Andes, Guzmán recolecta testimonios de artistas y escritores chilenos que comparten ideas sobre la forma en la que la identidad chilena se configura a partir de su relación con la naturaleza que, en la visión de Guzmán, resulta necesaria para entender el presente.

Incorporando algunas reflexiones sueltas y algo dispersas sobre las nuevas movilizaciones sociales, a las que Guzmán declara con candidez sentirse ajeno y distante, La cordillera de los sueños replantea el vínculo intrínseco que existe entre la geografía y la política.

Little Joe
de Jessica Hausner
Sección: Competencia Oficial

En un mundo ahogado en antidepresivos y la necesidad de imponer la felicidad, la cineasta austríaca Jessica Hausner presenta en Little Joe a una botanista quien busca crear una planta que al ser atendida correctamente ésta procure la felicidad al cuidador. Al alterar a escondidas de su laboratorio el protocolo de una nueva planta, la especialista comienza a experimentar cambios apenas perceptibles en su alrededor.

Trabajado en una clave que remite a The Invasion of the Body Snatchers (1978) o The Stepford Wives (1975), la película de Hausner hace uso de una rigurosa puesta en escena y una perturbadoramente sencilla banda sonora para crear tensión constante con muy pocos elementos, al mismo tiempo logra mantener una postura ambigua sobre la febril definición de la salud mental y la paranoia asociada a la misma.

Le añade capas a la película una sutil capa de psicoanálisis en la vena de Melanie Klein y la exploración de miedos inconscientes maternos. Con nuestras drogas, se activan nuestros instintos más maternales, que nadie me las toque.

Jeanne
de Bruno Dumont
Sección: Una cierta mirada

Dumont regresó a Cannes unos años después de presentar Jeanette: la infancia de Juana de Arco en la Quincena de los Realizadores con una visión profundamente radical y musical de la heroína francesa. El cineasta francés continúa reinventando la forma en la que narra sus historias, sin dejar de mantener una integridad autoral reconocible, un rasgo notable en tiempos que cineastas buscan desesperadamente crear una “firma o estilo” antes de permitir que las historias los conduzcan en el rumbo adecuado.

Nuevamente tomando los densos textos de Charles Pegúy, Dumont plasma el Juicio de Juana de Arco manteniendo el espíritu de exploración que ha caracterizado sus últimas películas. Más cerca de las adaptaciones de Roberto Rosellini u Otto Preminger en su dramaturgia que de Robert Bresson, Jeanne es una película en la que el texto de Péguy es recitado con tal artificialidad por rostros de fisionomías y rasgos tan distintivos, que ponen al centro de la película la tensión entre naturalismo y artificio, una constante en la filmografía de Dumont, que a pesar de mantener su consistencia como “autor”, ofrece tonos y ritmos distintos en cada película.

Liberté
de Albert Serra
Sección: Una cierta mirada

Es muy distinto hacer una película con toques sadeanos a una obra que auténticamente extienda lo que el Marqués de Sade era capaz de expresar en sus escritos, quizá desde Saló (Salò o le 120 giornate di Sodoma, 1972), de Pier Paolo Pasolini, nadie había logrado conseguirlo hasta la fecha.

Liberté del catalán Albert Serra es una película que usa con toda justicia e integridad el adjetivo “sadeano”, con una visión tan aguda y un entendimiento tan profundo de dicho concepto que rebasa las limitaciones de una adaptación, creando una experiencia sórdida, audaz y dueña de una macabra belleza.

Sin límites y llevando por derroteros abismales una manera de concebir la libertad, Serra presenta una orgía entre un grupo de libertinos en el S. XVIII previo a los días de la Revolución Francesa que durante toda una noche se entregan a los impulsos más primarios y muestran sin asomo de vergüenza ni pudor, la faceta más oscura del deseo, quizá la verdadera.

Elevando lo grotesco y lo abyecto a puntos casi trascendentales y religiosos, el trabajo de Serra es de una libertad absoluta al punto que resulta perturbadora. La transgresión llega a su fin con el amanecer, que nunca había sido filmado con tanta ambigüedad. Liberté es una obra que definitivamente discutiremos por mucho tiempo y que cuestiona la limitada comprensión que tenemos de la libertad.

Gomera
de Corneliu Porumboiu
Sección: Competencia Oficial

Una de las tendencias de festivales internacionales como el de Cannes es perfilar las cinematografías nacionales en temas y figuras que se repiten. El caso del cine rumano después de La muerte del Sr. Lazarescu (2006) no ha sido la excepción. Tras años de obtener visibilidad a través de los secos retratos de su burocracia y la supervivencia en medio de las ruinas soviéticas, el cineasta Corneliu Porumboiu, después de la excepcional Comoara (2015), revisa nuevamente las claves del cine popular para Gomera, una película de intrigas, robos, espionaje con todo y una despampanante femme fatale llamada Gilda (revelación Catrinel Marton), en la que el lenguaje de silbidos usado en la Isla de Gomera, que da título a la película, resulta fundamental para el desarrollo de la trama.

Llena de color y sin perder la oquedad característica de lo que en otras latitudes hemos llegado a identificar como “rumano”, la nueva cinta de Porumboiu funcionó como un respiro de contra programación en medio de la densidad de otras propuestas.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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