Cannes 2018 | Día 6 : De identidades difusas

Tomando como eje rector la difusión de las fronteras entre tiempo, sexo, espacio y realidad, las películas que pudimos ver en el sexto día del Festival Internacional de Cine de Cannes ofrecieron un amplío panorama de la oferta cinematográfica y los intrigantes puntos de conexión que pueden hacerse entre las mismas.

  • 3 Visages de Jafar Panahi

Se presentó en: Competencia Oficial

Haciendo eco de los fantásticos trabajos de su amigo y compatriota Abbas Kiarostami (El sabor de los cerezos, 1997), el cineasta iraní Jafar Panahi presentó su nueva película 3 Faces en la que explora las limitaciones que enfrentan, particularmente, las mujeres iraníes para poder expresarse con total libertad. Una reflexión sobre la propia suerte del cineasta, que desde el 2010 cumple una condena de veinte años de inhabilitación y que se ha visto obligado a filmar de forma clandestina.

Retratando la frontera con Azerbayán y usando una vez más un auto como principal dispositivo fílmico, la película inicia con el suicidio de una joven actriz y la posterior búsqueda que la actriz Behnaz Jafari y el mismo Panahi realizan de la misma. Jugando con la frontera entre simulación, representación y realidad, el nuevo trabajo de Panahi registra sin problemas los temas acostumbrados del cine iraní con calidez y melancolía, sin embargo no logra entusiasmar de la misma forma que trabajos anteriores.

  • Climax de Gaspar Noé

Se presentó en: Quincena de los Realizadores

El provocador par excellence argentino, Gaspar Noé, armó su salvaje Clímax inspirándose en el caso real de un salvaje rave que terminó en tragedia sucedido en 1996. El largometraje prolonga después de su escena final y créditospor un “prólogo oficial” en el que se anuncian las evidentes influencias del cineasta, éstas incluyen a Argento (Suspiria, 1977), Zulawski (Possesion, 1981), Georges Bataille, Luis Buñuel y un playlist que incluye a Erik Satie, Los Rolling Stones y Aphex Twin, entre muchos otros.

Lo que inicia como una energética y celebratoria sesión de baile (con cantidades abrumadoras de envidiable voguing que dejaría fríos a los maestros de Paris is Burning) degenera en una intensa vorágine, que pondría extremadamente ansiosos a aquellos que gustan de curiosear con ácidos y el mal viaje, hasta cierto punto condenatorio y moralino –como en los peores momentos de esa cochinada llamada Love–, que contrasta con el jubilo de su primera parte. Rica en colores neón, largos planos secuencia y escasa en momentos de auténtico escozor, Noé se recupera del colosal tropezón de Love, pero su nueva provocación resulta más conservadora que escandalosa.

  • Muere, monstruo, muere de Alejandro Fadel

Se presentó en: Una Cierta Mirada

La nueva película del cineasta argentino Alejandro Fadel es un monstruo en sí mismo. Con un ejercicio de género, abigarrado y grotesco, Fadel demuestra una mano prodigiosa para la composición de cuadros visuales memorables y una fina construcción de atmósferas sonoras en este relato sobre un monstruo en la provincia argentina que asesina violentamente mujeres y sobre los atribulados policías encargados de resolver el caso. Otro brutal fresco de la provincia latinoamericana a la que los festivales europeos suelen ser tan afectos.

La película de Fadel no termina de funcionar a causa de sus constantes y bruscos giros, así como un caótico acto final, está construida como un misterio que busca evocar la enigmática sordidez de Twin Peaks, con una criatura de modus operandi muy similar al cefalópodo de La región salvaje (Escalante, 2016), y policías a medio camino entre Bilge Ceylan (Érase una vez en Anatolia, 2011) y los Hermanos Cohen (Fargo, 1996). La cinta seguramente encontrará buena acogida exclusivamente con los fanáticos del cine de género, pero en la Croisette únicamente logró causar curiosidad y repulsión.

  • Lazzaro Felice de Alice Rohrwacher

Se presentó en: Competencia Oficial

Pareciera ser que para la cineasta italiana Alice Rohrwacher, el lenguaje de la santidad esta contenido en el susurro del viento. Elemento que tiene un papel primordial en su etéreo nuevo trabajo Lazzaro Felice. En él, el joven Lazzaro, ingenuo, dulce y abrumadoramente transparente, trabaja en una acogedora y bellamente fotografiada plantación de tabaco con su familia, explotados sin saberlo por una viscontiana condesa (Nicoletta Braschi, la princhepessa de La vida es bella) y su hijo, con el que Lazzaro desarrolla un fuerte vínculo que lo llevará a grados de mística beatitud.

Sin duda la mejor película de la Competencia hasta ahora, Alice Rohrwacher crea en Lazzaro Felice un paisaje en el que conviven los grandes maestros italianos como De Sica, Pasolini, el Fellini neorrealista, así como la dupla española Erice/Almendros, salpicados de una dulce epifanía que disuelve el tiempo cinematográfico hacia la segunda parte de la película de forma magistral, aún si –desafortunadamente– el cierre de la película es el punto más débil de la misma. Rohrwacher da un paso abismal sobre sus ya valiosos trabajos previos (Corpo Celeste, Le meraviglie), tan poderoso que logra convencer, en tiempos de profundo cinismo y arraigada ira, en la sublime belleza de la verdadera santidad, presente en al aliento de un lobo.

  • Girl de Lukas Dhont

Se presentó en: Una Cierta Mirada

El cineasta Lukas Dhont construye en su opera prima Girl, con delicadeza y extrema finura, un relato sobre los cambios del cuerpo en una etapa crucial desde un lugar particularmente complicado: la condición transgénero. De envidiable naturalidad y sin ánimos o ínfulas sensacionalistas, Dhont presenta la historia de Lara (Victor Polster), un joven que está en medio de su tratamiento para cambiar de sexo y que desea fervientemente ser una bailarina de ballet profesional, lo que la lleva a poner su cuerpo a límites de dolorosa exigencia.

Apoyándose en una naturalista actuación de Polster, Girl resulta más efectiva en alcances que Una mujer fantásticadel chileno Sebastián Lelio, al poner énfasis no en el estado del cuerpo transexual, sino en el proceso de transformación física como tal, lo que permite a todos los miembros de la audiencia, independientemente del sexo, crear un sólido punto de vinculación con la protagonista. Inteligente en su tratamiento, la película de Dhont es muestra de que los temas de agenda no necesitan seguir manuales ni esquemas preestablecidos para lograr cambiar percepciones. Se trata de dar dignidad a través de la naturalidad y ligereza de un pas de bourée.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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