Bruno Dumont en el FICM: La belleza de la crudeza

Del distanciamiento a la confrontación: La vie de Jesus y Hors du Satan

Del distanciamiento a la confrontación: La vie de Jesus y Hors du Satan

El espectro del extremismo recorre con silente fuerza la filmografía del cineasta francés Bruno Dumont, uno de los invitados especiales de la presente edición del Festival Internacional de Cine de Morelia. El ‘extremismo francés’ es una neocorriente cinematográfica que coloca aquello que es considerado como grotesco, violento o aquello que se encuentra fuera de los cánones clásicos de belleza, sutileza y discreción. Esta corriente encuentra como propósito la ruptura de todo tabú, sumergirse en la secreción humana como la bilis, la sangre, la orina y el semen. Explotar el cuadro con imágenes crudas, un cine reaccionario que busca sensibilizar a una audiencia que se encuentra ya embrutecida y habituada a actos de violencia de distinto orden, desde la simbólica hasta la psicológica. Cineastas como Gaspar Noé, Claire Denis, Catherine Breillat y Phillipe Grandrieux participan de este duro, pero necesario credo, del cual, el antes profesor de filosofía, Bruno Dumont es uno de sus más grandes exponentes.

Los rostros del dolor: La enfermedad física en Dumont y la social en Pasolini.

Los rostros del dolor: La enfermedad física en Dumont y la social en Pasolini.

El debut fílmico de Dumont, la brillante, aguda y desgarradoramente esperanzadora La vie de Jesus (1997) se muestra la vida en un barrio de limitados recursos materiales y humanos de una provincia en el Norte de Francia, donde Freddy, un joven con problemas epilépticos y considerables déficits emocionales, vagabundea junto con sus amigos (uno de los cuales ha muerto de una ETS) andando en motonetas. En este ambiente donde la violencia comienza a llegar hasta un punto de ebullición incontenible, volcada en rampante xenofobia hacia un joven de descendencia árabe que comienza a echarle el can a la novia de Freddy. Toda esta tensión juvenil y contemplativa, pero peligrosa, y la haraganería del proxeneta Vittorio Accattone (Franco Citti), en el debut de Pier Paolo Pasolini Accattone (1961), filmes que se educan en la sordidez para dar paso a profundas reflexiones sobre el actuar humano.

Suavidad sumida en la dureza: la belleza de Degas.

Suavidad sumida en la dureza: la belleza de Degas.

Dumont, quien se alejó de la filosofía y sus rigurosos métodos por sentir que lo aislaban del mundo, también sabe encontrar retazos belleza y esperanza dentro del nihilismo doméstico que invade los mundos creados por él. En La vie de Jesus, se encuentra este destello en algunas escenas de tan delicado porte que parecen emular representaciones del impresionismo más frágil de pintores como el francés Edgar Degas, famoso por sus representaciones de bailarinas y cuya serie de desnudos es relativamente poco conocida. La conexión con el mundo y la esperanza parecen nacer de esta solitaria intimidad.

El origen y el fin del mundo: Dumont reinterpreta a Courbet.

El origen y el fin del mundo: Dumont reinterpreta a Courbet.

Para su siguiente filme, Dumont toma un título que parece englobar un concepto tan abstracto como preciso, L´ Humanité (1999). Abriendo con una agresiva reinterpretación de la ya de por sí controversial y polémica obra del pintor Gustave Courbet, El origen del mundo, Dumont nos presenta una más sombría visión del mundo en la que la ingenuidad y la casi inapropiada inocencia de un teniente de la policía, encargado del caso de una niña violada y asesinada. Del origen del mundo se pasa a la podredumbre y la muerte del mismo, de la frondosa fertilidad de la visión de Courbet a la núbil y dolorosa confrontación de Dumont. Una imagen que se imprima con facilidad, pero imposible de borrar.

El eterno referente: Bergman y su influencia en Dumont.

El eterno referente: Bergman y su influencia en Dumont.

En L´Humanité, Dumont presenta una enigmática cinta de tonos variantes, que juega con los silencios y cuyo desenlace parece anudarnos más en un intricado misterio, muy a la manera de los sombríos juegos del maestro de maestros, el sueco Ingmar Bergman, que a lo largo de una carrera de más de 40 años, impuso estándares de calidad tan altos y un legado tan grande que sigue siendo tangible en el trabajo de millares de cineastas, entre ellos, Dumont. En el filme un hombre sufre por creer demasiado en los demás, su confianza se ve traicionada hasta que se desahoga en un desesperado grito. Bergman fue uno de los misántropos más hábiles, que dentro de su ilimitada agudeza, guardaba un poco de la funesta ingenuidad de Pharaon, el protagonista de L´Humanité.

Un peligroso balance: brutalidad y vulnerabilidad.

Un peligroso balance: brutalidad y vulnerabilidad.

Después de sus dos primeros filmes, Dumont se convirtió en un referente obligado en el ámbito cinematográfico internacional, gozando sus trabajos de una ampliamente polarizante recepción en casi todos los festivales donde se presentaba. Ya sea en la compulsiva y brutal sexualidad de un filme como Twentynine Palms (2003), la odisea pastoral y bélica de Flandres (2006), que lo hizo acreedor al Gran Prix en la edición de Cannes de ese año, hasta la  más profunda  y texturizada meditación sobre la fe y la religión en Hadewijch (2009), Dumont ya estaba consagrado y canonizado por cineastas como Carlos Reygadas, cuando entregó la que quizá es su cinta más polarizante: la volátil Hors du Satan en el 2011.

El fuego trascendental: Dumont y Tarkovski.

El fuego trascendental: Dumont y Tarkovski.

Con un ritmo y un estilo que algunos críticos califican como “trascendental”, Dumont elige una cinta de profundos y espaciados silencios, que permiten la acumulación de una incontenible presión que es liberada en un fugaz acto de salvaje furia. En Hors du Satan, un misterioso hombre se convierte en oscuro ángel protector de una extraña joven, cuando el primero comienza a asesinar violentamente a todos aquellos que perturban la paz de la última. De una rigurosidad precisa, el trabajo de Dumont es cruel pero atrayente, inclinándose a emular lo sublime de otro monstruo sagrado como lo es el ruso Andrei Tarkovski, cuyo filme Offret (1986) guarda una similitud temática con este. Dumont se niega a salirse de la ambigüedad, quizá por miedo a la certeza de la cual Tarkovski gozaba.

Composición de la Fealdad: La fealdad en Passerotti.

Composición de la Fealdad: La fealdad en Passerotti.

Para su más reciente filme, Camille Claudel 1915, que tuvo una recepción mixta, incluso por fervientes admiradores del cineasta francés en la pasada Berlinale, Dumont subvierte el orden y la línea que había trazado a lo largo de su filmografía y lo lleva al mundo interior, expresando ese denso balance entre furia y esperanza en el hábil rostro de la reina francesa Juliette Binoche. En este filme, Dumont presenta el sanatorio mental en el cual se encuentra recluida la escultora Camille Claudel, quien fuera amante del escultor Auguste Rodin, conocido por sus estéticas esculturas, que en Camille Claudel 1915 son cambiadas por manieristas representaciones de las internas del sanatorio mental que juegan y ríen ingenua y macabramente como aquellas figuras representadas por el artista italiano Bartolomeo Passerotti. Siempre a la búsqueda de la estética de la repulsión.

El sublime sufrimiento: Camille Claudel y Munch.

El sublime sufrimiento: Camille Claudel y Munch.

Dumont entrega un trabajo de bellísimas y rigurosas composiciones, de sublimada y contenida locura, de exquisita iluminación y detallada dirección de arte, en la que Juliette Binoche brilla en su modalidad más ansiosa, inquietante y desesperadamente melancólica, un trabajo de menguado expresionismo que es digno de aplaudirse. Con esa mirada dulce y resignada es como Dumont cierra su más reciente filme, una mirada aparentemente tranquila y dócil que guarda en sí misma su más grande enigma.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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