Brocha gorda, pincel y celuloide

El objetivo de esta nueva sección dentro de Butaca Ancha ® es la de hacer notar que el cine es un medio que se alimenta (algunos dirían “que mama”) de muchas otras referencias visuales (sean pictóricas, escultóricas o extraídas del mismo cine). La identidad individual de una sola película puede tener una gran infinidad de referencias a un “inconsciente colectivo cultural” vasto, aunque muchas veces se suele pensar que esas ideas son “nuevas”, cuando todo es un reflejo de algo más. Con una tendencia que inicia desde los albores del cine en el que se buscaba imitar de manera rígida al teatro, o cuando en los años 20 se buscaba utilizar el cine como arte (Man Ray, Marcel Duchamp, René Clair y un largo etcétera) hasta nuestros días, en el que el uso, no solo de otras artes visuales (o acústicas) sino del cine mismo como referencia ha idealizado aquella idea godardiana (oseáse de Godard) de que el cine puede funcionar como una crítica del mismo. Tomando en cuenta estos principios, basados en un juicio absurdamente subjetivo, buscar una relación (casi sensual) entre filme, pintura y cine. Ay cabrón…

HOY PRESENTAMOS:

 A Single Man (2009) de Tom Ford

La retina inmóvil y Psycho como axioma formal

A lo largo del filme del sastre sobrepagado que responde al nombre de Tom Ford, es notorio el uso del filme Psycho (1960) de Hitchcock como un referente estético y temático. La historia del suicida profesor de literatura George Falconer (Colin Firth) en el año de 1962 es aquella de un escapista, al igual que Marion Crane (Janet Leigh), esta huida responde a un aspecto “femenino” que no sabe realmente que es lo que quiere después de vivir un evento fortuito. En el caso de George, la muerte de su amante, en el caso de Marion, la llegada de un dinero ajeno que debe depositar.  Recordemos que el cine de Hitchcock en los 60´s era un sinónimo de elegancia y estilo en el cine, que uso como faros de elegancia a Grace Kelly en Rear Window (1954) o Tippie Hedren en Marnie (1964), en la que además es violada por Sean Connery, todos esos pervertidos en los 60 tenían buen gusto.

Un hombre soltero y una amante abandonada

Ariadne, del pintor estadunidense neoclásico, John Vanderlyn, presenta el momento en el que Ariadne es abandonada por su amante, Teseo, mientras duerme. Esta historia mitológica se repite en A Single Man, George es presentado después de la muerte de su amante Jim. Tom Ford elige, adecuadamente, un mito griego representado en una pintura, le quita la pasión del rojo en Ariadne y nos deja un depresivo azul, acentuado con una mancha negra en la mano de George. La pose de Ariadne es erótica mientras que la de George es de desconcierto y miedo. Aunado a esto, es difícil diferenciar quien tiene senos más firmes, si Ariadne o Colin Firth

Digestión Fashion

Siendo Tom Ford un ícono de la moda contemporánea, era obvio esperar de él una película de una sofisticada y elitista refinación, que buscará en cada cuadro una precisión estética reflejada en nitidez y glamorización que nunca cayera en lo vulgar. Siendo Tom Ford el único tejano que es fan de Francia (absurdo, lo sé) elije un ícono francés de belleza con el look que la inmortalizaría, Brigitte Bardot en Le Mépris de Godard, estrenada en 1962, precisamente el año en que se desarrolla la trama de A Single Man. El uso de esta imagen está perfectamente justificado en el hecho de que en esta época la juventud de EU dejaba de mirar a sí misma y enviaba la mirada a las deidades nacidas de la “cultura Vogue” en los años sesenta. La eterna adolescencia, la eterna adoración de amazonas de papel, como las de Playboy (hasta La Mapacha).

Pop Art & Make Up: La plastificación de la mujer

El Pop Art, como se sabe, nace de una crítica a la sociedad de consumo, bla, bla bla. De este nuevo y atractivo ideal estético se ha desprendido una corriente artística que sigue vigente a la fecha como influencia de numerosos artistas visuales; sin embargo su influencia no ha sido trasladada al cine con demasiado éxito, teniendo claros referentes en ejemplos tan sosos y psicodélicos como Modesty Blaise (1966) de Joseph Losey o Barbarella (1968) de Roger Vadim. Ambos filmes comparten como eje el ideal plástico “mujer-moda” y funcionan mejor como versiones fílmicas de la revista “Vanidades”. En A Single Man, Tom Ford usa este concepto visualmente atractivo con relativo éxito, basado en obras de artistas como James Rosenquist o Roy Lichtenstein, ligando el ritual del maquillaje a un ideal del Pop Art: la plastificación del ser humano y un ideal estético que será vendido hasta el hartazgo, como prostituta en Sullivan.

“Olympia” como referente del ideal masculino

Calificar A Single Man como “cine reaccionario” sería un eufemismo. Podríamos decir que Tom Ford simpatizaba “un poco” con Hitler, no, más bien con Leni Riefehnstal, la más famosa actriz/cineasta del cine nazi de la UFA en los años 40, siendo su obra más conocida, “Olympia”, una superficial colección de postales homoeróticas que Elton John usa como fondo de pantalla en sus fiestas de fin de año. Sin embargo, Tom Ford comparte ese ideal “atlético/masculino” que Riefenstahl encumbró en el cine nazi. A Single Man es una película en la que Tom Ford se hace más de una chaqueta mental utilizando a jovencitos shirtless jugando tenis (¿así o mas gay?) mientras que Colin Firth babea su caro traje. Ni Madonna es tan superficial…olvídenlo, si ella hasta le dedicó su última película (“W.E.”) a Leni. ¡Esperen muchos desnudos en esa!

El Psicópata como Anti-héroe

La influencia de todo lo hip en los años 60 define el esfuerzo de Tom Ford como director de cine, quien ciertamente tiene un estilo visual que se apoya en la sobrecomposición y en la constante referencia. Ford es un exponente del “arte” de la élite o hacer de revistas de moda, álbumes de obras maestras cuya valoración como arte es permitida a unos cuantos. Al ver A Single Man uno no deja sentir el hedor del pino californiano y loción de marinero. Ver A Single Man equivale a ver una película realizada por un Norman Bates del  jet set.

Por JJ Negrete

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