‘Avengers: Era de Ultrón’: La infinita expectativa

Son ya ocho años de pertenecer a un universo mucho más grande del que podríamos haber imaginado. Hemos sido testigos de una transformación que ha tomado por sorpresa a muchos; que a los ojos de ciertos tradicionalistas ha desmoronado el alma del cine, un atentado responsable de crear un supuesto “genocidio cultural”. Por otra parte, se han despertado emocionantes pistas por resolver, una especie de arquitectura evolutiva del entretenimiento, una estructura casi infinita.

Marvel funciona como un organismo consciente de si mismo, en el que cada una de sus ramificaciones apunta siempre hacia el gran plan sin olvidarse de sí mismas. Es increíble cómo se ha desarrollado su estrategia a largo plazo. A pesar de las complicaciones intelectuales han sabido tomar ventaja de cada elemento y atacar a un colorido abanico de espectadores. Las piezas de este rompecabezas apenas están a la mitad del proceso, por lo que Avengers: Era de Ultrón (Avengers: Age Of Ultron, 2015), representa un punto esencial, una especie de columna vertebral de lo que está por venir.

Sería muy ingenuo creer que todo iba a salir a la perfección; el punto de partida viene de la tradición de la historieta sobre el papel, un mundo en el que se necesita a un escritor, un dibujante y un puñado de coloristas, por lo que nuestros personajes favoritos podrían aparecer y desaparecer en cantidades inimaginables. Pero en este universo cinematográfico, donde existe el diluvio de jugosos contratos, limitaciones de tiempo en salas de cine y nuevos públicos, eran de esperarse ciertas deficiencias en el desarrollo de la historia. Lo anterior se siente sobremanera en los primeros 45 minutos de la película. Pareciera que la cinta se está moviendo a una velocidad mayor a la planeada, donde apenas se permite disfrutar lo que está sucediendo. El rollo de celuloide corre más allá de lo debido y se genera la sensación de que la sala terminará en llamas en cualquier momento.

Esta impresión se va desvaneciendo muy lentamente y, por extraño que parezca, las secuencias más pausadas son las que más cuerpo le otorgan a la narrativa. A diferencia de Los Vengadores (The Avengers, 2012), en esta nueva entrega quedan de lado los héroes protagonistas, que si bien son cruciales, parece que sólo están de visita y esto se agradece, ya que dichos espacios se aprovechan para hacer brillar a quien antes sólo parecía un adorno. Destaca la gran participación de Jeremy Renner, haciendo justicia a Hawkeye y los nuevos fundamentos que entrega al equipo. De igual forma, el trabajo vocal de James Spader y Paul Bettany es increíble; lamentablemente, su encarnación no termina de representar la personalidad y peso en el mensaje que buscan transmitir.

No puedo atreverme a predicar que es la mejor producción de Marvel y me molesta un poco que represente más un puente que un capítulo definitivo. A final de cuentas, es un puente que cumple y podría decirse que apenas rebasa las gigantezcas esperanzas que se habían depositado en los fans devotos de los comics y los nuevos interesados en el tema del súper poder. No decepciona, sigue generando la expansión de su universo, abriendo las puertas necesarias y dilatando las pupilas del espectador.

Age Of Ultron representa un nuevo estándar en el lenguaje de las taquillas, de la comunicación a un público disperso, por lo tanto es muy atinado que el villano utilice el internet como hogar y herramienta de propagación. Un ataque a las mentes que observan aterradas a la evolución del cuadro por cuadro y el desmoronamiento de quien intente detener el proceso. Si bien es cierto que la capacidad de asombro cada vez es un tema más extraño y subjetivo, el nuevo capítulo de Marvel nos recuerda la magia que sólo el cine puede hacernos sentir. ¿Acaso no es una de las primicias del séptimo arte? La convivencia de nuestros miedos y fantasías alejándonos por unos instantes de la realidad.

Por Oscar Rodríguez (@sadpizza)

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