‘Asesino del futuro’: La mística ficción

La atemporalidad de lo retro.

El ímpetu de viajar en el tiempo representa la inutilidad del hombre ante su situación, la inoperancia de todos sus métodos, una fantasía que pareciera garantizar una vida sin errores, una utopía temporal. Ingenuamente se piensa que cambiando el pasado cambiamos el futuro, pero se olvida con facilidad el ciclo que sigue la historia. El ser humano es el único ser vivo que repite el mismo error y, tan desconfiado, que dudaría de sí mismo. Sobre algunas de estas premisas es en lo que se basa Looper de Rian Johnson, creador de cintas como Brick del 2005 y que ahora explaya su impresionante bagaje en ciencia ficción.

Rehenes del Futuro.

La trama es relativamente compleja, Joe (Joseph Gordon Levitt) es un looper, un asesino a sueldo que recibe gente enviada del futuro para liquidación inmediata. El viaje en el tiempo es ilegal, así que solo es usado por grandes “sindicatos criminales” (por ahí ha de andar la Maestra Gordillo, seguro), hasta que todos los asesinos comienzan a recibir a sus versiones mas viejas, Joe recibe a Joe viejo (Bruce Willis) y antes de poder asesinarlo, este escapa. Mientras el Joe joven se enfrenta a todos los gatilleros por su error, Joe viejo busca asesinar a quien ordeno su ejecución, lo que implica asesinar a un niño.

El mundo creado por Rian Johnson aporta otra versión pesimista y estilizada del futuro, otro simil de El Vengador del Futuro o de Blade Runner cuya originalidad no recae en el diseño, sino en el concepto. El mundo de Looper es uno que mira constantemente al pasado en sus usos y costumbres, sea en el mundo criminal que sigue actuando bajo el mismo código de la mafia más antigua o Joe, fjado en el estilo sesentero de la nouvelle vague (corbatas y el idioma francés), esta obsesión queda resumida en una línea del líder criminal interpretado por Jeff Daniels: lo que admiras son copias de otras copias. La comanda es siempre mirar al futuro.

Eternos arquetipos.

La ciencia detrás de cómo se logra el viaje en el tiempo se evita dentro del discurso de la cinta, cosa que se agradece y que únicamente será motivo de estreñimiento para gente mórbidamente obesa que aspiran a ser como Sheldon de The Big Bang Theory. La ciencia ficción nunca resulta satisfactoria bajo sus propios principios, es mística en su condición de ‘ferviente creencia en lo imposible’; si nos portáramos escépticos frente a esto, toda la ciencia ficción carece de fundamento. Rian Johnson entiende a la perfección esta condición y crea una mitología increíblemente sólida basada en arquetipos clásicos, de la misma manera que Christopher Nolan usó el tarot para la creación de sus personajes en Inception. En México usamos la lotería o a la Virgencita.

Padres e hijos putativos.

En su trabajo con actores, Johnson nos brinda actuaciones redondas y motivaciones claras y sólidas, al menos de los personajes principales. Joe encuentra una airosa interpretación del personaje Bruce Willis con Joseph Gordon Levitt, quien capta a la perfección la inflexión de voz, gesticulación y manierismo seco y particular de la legendaria estrella de acción. Bruce Willis se interpreta a sí mismo, lo cual es un mérito otorgado (además pronuncia re bonito el francés). Emily Blunt logra una interpretación sólida y un casi perfecto acento americano como la madre del futuro ‘Rainmaker’, un joven con poderes telepáticos capaces de provocar un cataclismo. Pierce Gagnon, un niño actor logra bordar un personaje empático, tierno y al mismo tiempo aterrador y amenazante, evitando el cliché fácil del niño demoniaco y buscando emular las humanizaciones del monstruo logradas con maestría por Karloff en Frankenstein o John Hurt en El Hombre Elefante.

Una adicción ocular.

La acción de Looper es contenida y Rian Johnson sabe cómo dosificarla, pero ésta no se trata de una cinta de acción sino de una compleja reflexión sobre la convergencia del pasado y su influencia en el futuro, y de cómo el futuro puede influir en el pasado, además de jugar con nociones como la memoria, el recuerdo y la atemporalidad del tiempo. Es como si Proust se hubiera unido a Los Indestructibles de Stallone armado de un cuerno de chivo.

Sin embargo, Looper no peca de pedante y densa, plantea sus líneas temporales con envidiable claridad, sus postulados y dilemas éticos y morales son disparados con letal precisión a nuestro cerebro, donde cada bala perfora con verdades tan profundas como ligeras, una revalorización más de lo que es cool. La esencia es una sencilla combinación de estilo e inteligencia, características que Looper garantiza tener a través del tiempo, sea hoy o dentro de 30 años. Lo único que se mantiene vigente es el tiempo.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

–Y, por favor, nunca te untes aceite de bebé en el pelo…

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