Andrés Almeida, a la búsqueda de Amores modernos

En Amores modernos (2019), una familia debe afrontar las fisuras de su relación cuando la madre del clan sufre un fatal accidente de cocina. Hijos, padre, parejas y aparentes desconocidos chocan buscando el sentimiento que valide sus vidas. La película, producida y distribuida por Cinépolis, llegó el 31 de julio a diversos complejos cinematográficos del país.

El amor, parece decir el realizador Matías Meyer (Los últimos cristeros, El calambre) en su nuevo trabajo, envuelve de tal manera cada una de las fases de nuestra vida que es imposible escapar de sus consecuencias.

Uno de los protagonistas del largometraje es el actor Andrés Almeida, encargado de interpretar a Carlos, el hijo mayor de la familia, quien “disfruta” de un infeliz matrimonio con Ana (Ludwika Paleta). Para Almeida, este es un proyecto especial porque tuvo la oportunidad de compartir cartelera con algunos de los actores más reconocidos de su profesión, además de realizar un retrato generacional de la manera en que nos relacionamos actualmente.

Esto fue lo que nos contó sobre su participación en Amores modernos:

¿Qué te atrapó del proyecto?

Andrés Almeida (AA): El guión, aunque cambió mucho entre lecturas y la filmación, tenía de entrada esta premisa de buscar una especie de aglomerado de las maneras en que se comporta el amor en tiempos contemporáneos. Empieza con esta escena que se me hace magnífica y plantea una gran premisa: la relación de una pareja de la tercera edad.

Es algo que ha existido muy poco en el cine, como en Amour, la obra maestra de Michael Haneke, pocas veces vemos el amor, el coito, que tiene esta pareja al inicio de la película. Lo vemos poco porque justamente apela a algo que nos da miedo, el amor que llega a cierta edad, al no ser joven y bello.

El guión siempre tuvo esa magia, siempre trabajó bajo estructuras poco convencionales, explorando el amor de una manera poco lineal. Explora, más bien, las fases que experimentan los seres humanos en el amor. Cabe decir que no sólo de pareja, sino el fraternal, el amor entre hermanos e, incluso, entre desconocidos y la infidelidad. Ahí se transforma el amor.

La pareja de la tercera edad parece ser la única feliz en Amores modernos, el resto la está pasando bastante mal.

AA: Más allá de la infelicidad, todo el tiempo hay una búsqueda. Los personajes están buscando el amor, de qué manera pueden consolidar el ideal del amor. Siento que esta pareja, si bien es un gran reflejo del dicho de hasta que la muerte nos separe, también demuestra cómo esta pareja vive con ciertas situaciones disfuncionales. El marido, por ejemplo, fue infiel, tenía una casa chica, es la consolidación del amor lo que permite sobrepasar eso y crecer a partir de los errores.

Los demás personajes tienen esa misma búsqueda, personajes que como todos los buenos humanos tienen aciertos y desencuentros. Tratan de ser lo mejor que pueden ante las situaciones que se les ponen enfrente.

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También parecen preferir cierta normalidad, aunque ésta los haga infelices. Como tu personaje, que parece ignorar las infidelidades de su esposa.

AA: Creo que él lo acepta, sabe que existe. Más allá de estar buscando amor perfecto, en su caso, Carlos está buscando amor dentro de sí mismo. Es una persona totalmente aislada de toda realidad, está aislado de sus padres, su hermano, la pareja, su mejor amigo. Es alguien que vive con una cantidad increíble de ideales y preceptos, estos lo acaban construyendo hasta que él no puede romper con los estereotipos que lo han creado. Es realmente lo que ha impedido el crecimiento en esta parte de su vida. Aceptar que está mal marca un momento de evolución.

Mi personaje es uno de los que mejor retrata la manera en que funcionamos como sociedad. Todavía tiene los ideales del matrimonio, de la pareja y la fidelidad, que son muy arcaicos en muchos sentidos. Se ve en esta tolerancia, la evasión a la verdad. Si la mentira no es pública, entonces que se mantenga así. Hay demasiados casos a nuestro alrededor donde se fomentan este tipo de situaciones.

Por el otro lado, están todos estos personajes, como los de Ilse Salas o Leo Ortizgris, que parecen ir un poco más hacía la búsqueda de una sociedad moderna, contemporánea. Una que entiende que los ideales del amor no son lo que está adoctrinado como una pareja casada. Ellos prefieren ser fieles a sí mismos.

Carlos parece estar resentido, como si a pesar de haber tomado las decisiones correctas en su vida no es feliz.

AA: Es lo que ejemplifica el malestar de la sociedad. Si yo me pongo a pensar en las generaciones de mis abuelos, no por recalcar la relación que se ve en la película de los padres, que no sólo es avanzada sino tolerante. Hay una gran cantidad de matrimonios en esa generación que vivieron juntos siempre y al final ni se hablaban, existían estos fenómenos de una sociedad muy restringida, sofocada, fue lo que dio pie a que el divorcio se convirtiera en un fenómeno en la generación que le siguió, la de mis padres, que ahora se ha normalizado.

En nuestra generación, hacemos compromisos sabiendo que los podemos romper, más allá de tener un compromiso perpetuo. Son evoluciones que se dan en una sociedad, siento que esta película retrata un poco todo. No sólo son estereotipos, ahonda en otro tipo de búsquedas sobre el amor.

¿Cómo se dio la construcción de este personaje? Si no me equivoco, es una de las primeras experiencias de Matías Meyer con un elenco de actores profesionales.

AA: Él tenía la necesidad de trabajar con actores. Como primera instancia, quería romper con un tabú que él mismo se construyó, el de trabajar con actores no profesionales. Esta película inició con la necesidad de trabajar con actores profesionales, eso fomentó a que fuera una especie de pieza coral. Incluso algunos no llegaron a la pantalla grande. También se quería dar a la tarea de trabajar con la selección actoral que eligió.

Hubo un proceso largo antes de filmar, con lecturas y ensayos. El proceso de casting fue largo. En un principio, Matías no quería que yo fuera Carlos, pero cuando lo decidimos eso ayudó mucho con el casting, hice escenas con varias personas. Fue un ejercicio en el que él descubrió mucho de su potencial como director para narrar desde una perspectiva a la que no le había dado oportunidad.

Por Rafael Paz (@pazespa)
Publicado originalmente en Forbes México Digital.

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