‘Al filo del mañana’: Cronología perfectible

La manipulación del tiempo parece ser uno de los sueños más acariciados por la fantasía humana; la oportunidad de cambiar el fatuo destino con conocimiento de causa, revertir los errores en aras de la inalcanzable perfección. Quien conoce su pasado es capaz de controlar un enigmático y aterrador futuro, pero conocerlo implica una cruenta batalla con uno mismo. Al filo del mañana (Edge of Tomorrow, 2014) presenta con minuciosa y fragmentada atención y pericia, los detalles de ese embate al tiempo.

El director Doug Liman, cineasta de oficio hollywoodense (Mr. & Mrs. Smith2005), nos presenta el eterno día de un “militar” encargado de prensa, el Coronel Bill Cage (Tom Cruise), un hombre cuyo negocio consiste en hacer de la guerra una cuestión cosmética y que únicamente ha visto los campos de batalla en su PSP. De manera arbitraria, Cage es embaucado para ir a pelear al frente contra unos alienígenas meduseicos denominados mimics. Al asesinar a uno de ellos, su sangre entra en contacto con el rostro del otrora Jerry McGuire, ocasionando que su primer día en el ejército se repita una y otra vez, atrapándolo en un vertiginoso loophole que parece haber sido diseñado por un experto y disperso gamer.

La belleza de una película como Al filo del mañana radica en su complejamente simple estructura, una firme línea recta que encuentra una serie de digresiones que inevitablemente nos regresan a la pauta de esa línea. Una historia convencional con un disfraz apantallante por su delicada ingeniería, como aquella de las simbióticas armaduras portadas por los soldados en la película. Liman borda de manera hábil un entramado que no confunde pero desorienta, jugando bélicamente con las convenciones de una audiencia acostumbrada a trayectorias simples y sin ningún asomo de cambio.

El refrescante cambio también le sienta bien al polarizante chaparrito Tom Cruise, quien se recupera después del descalabro creativo que fue esa linda cochinada de Oblivion (2013), interpretando aquí a un hombre atrapado por la arbitrariedad, a la Hitchcock, que se encuentra en una situación límite. El Bill Cage de Cruise no se trata de un hombre de bullente seguridad como el Ethan Hunt de Misión imposible  (Mission: Impossible, 1996) o de implacable furia como el Vince de Colateral (Collateral, 2004), éste es un hombre que aprende a dominar la torpeza y el miedo a través de una vorágine repetitiva que lo lleva a ser el héroe de acción tradicional; el giro es que aquí el supersoldado no se concibe, se construye.

Adicionalmente, en Al filo del mañana encontramos una heroína de flagrante dureza y profunda vulnerabilidad, la arrebatadora Emily Blunt como Rita, la soldado que entiende mejor que cualquier otro el camino tortuoso que Cage habrá de sobrellevar. Le dan peso al elenco las presencias de un camaleónico Bill Paxton y las distinguidas presencias de Noah Taylor y el gran Brendan Gleeson. Por otro lado, el mundo futurista presentado por Liman, de un realismo que viene de la dimensión del videojuego (con todo y su GAME OVER ad infinitum), mantiene un nivel de realismo lo suficiente para resultar creíble, una precisa dirección artística presente desde los mimics hasta los parajes desolados por la intensa guerra y el hábil y dosificado uso del humor, tan necesario en tiempos de solemnes blockbusters.

Sin embargo, podríamos afirmar que de ninguna forma Al filo del mañana se trata de una propuesta completamente innovadora o tremendamente original: sus líneas y políticas siguen un esquema que parece ser inamovible en los cánones del cine de estudio, pero su mayor virtud recae en su intempestiva sabiduría. No se trata de “ver el futuro”, como le afirman a Cage en un momento de la cinta, sino de un exhaustivo conocimiento del pasado. No es divisar el porvenir, es contemplar lo pasado con los ojos de la experiencia.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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