Unas postales del 9º FICUNAM

El Festival Internacional de Cine UNAM (FICUNAM) llega a su novena edición con una programación amplia que ofrece #PosibilidadesInfinitas en el trazo de caminos a lo largo de las diferentes propuestas que lo integran. Caminar con libertad y encontrar un sendero propio podría parecer una oferta generosa, pero siempre es necesaria cierta pericia al enfrentarse a caminos fílmicos rara vez caminados, como muchos que se encuentran en FICUNAM. Aquí ofrecemos un pequeño acercamiento a diferentes títulos que quizá puedan echar luz, no para dar certezas del camino, sino para ofrecer una idea de lo que se puede encontrar para motivar el andar.

  • Segunda vez de Dora García

En el psicoanálisis se habla de la abreacción como el momento en el que los síntomas de un padecimiento son más intensos porque están a punto de ser curados. El dolor y la angustia experimentados prometen un período de relativa calma, pero en el caso de la Historia, la abreacción parece ser constante y esos períodos de frágil estabilidad apenas y se asoman.

La cineasta argentina Dora García retoma en su película Segunda vez el trabajo del psicoanalista Oscar Massotta, quien fue célebre por sus audaces happenings durante los años más duros de la dictadura argentina a inicios de los 70. A través de la reconstrucción de tres happenings entremezclados con un grupo de psicoanalistas que discuten las implicaciones de su trabajo. En la película, García evita la paja biográfica y se avoca en encontrar la pertinencia del trabajo de Massotta en el contexto, no solo de la Argentina actual, sino de toda Latinoamérica. La reflexión de Segunda vez parece apuntar a que, quizá, la enfermedad del mundo es la necedad de curarlo.

  • Classical Period de Ted Fendt

Si los personajes hablan mucho en una película y sus conversaciones tienden hacia la “filosofía” o la “naturaleza de las relaciones”, inmediatamente se le tilda con la influencia de Eric Rohmer, comparación recurrente al hablar de la filmografía de cineastas como el coreano Hong Sang-soo y, en este caso, el cineasta estadunidense Ted Fendt. Particularmente, en el caso de Classical Period, estamos ante una obra que usa las palabras como imagen y el diálogo como montaje, un principio mucho más cercano a la práctica de Straub & Huillet, consentidos de FICUNAM que también en esta edición presentan la restauración de su seminal opera prima La crónica de Anna Magdalena Bach (1968).

Fendt presenta conversaciones entre sibaritas contemporáneos, que discuten a profundidad sobre temas de interés común, como la exactitud de una traducción de Dante al inglés. En sus diálogos, los personajes de Fendt no aluden a ellos mismos ni a ningún rasgo de sus personalidades y sin embargo, entendemos su asilamiento del mundo contemporáneo, ahogado en superficialidad que siente repulsión por el conocimiento. Siendo así, Classical Period no es una película de resentimiento sino de auténtica nostalgia que celebra la riqueza del hablar.

  • What You Gonna Do When The World’s On Fire? de Roberto Minervini

El cineasta y documentalista italiano Roberto Minervini ha construido una notable filmografía explorando, con sobria neutralidad, la composición de la fragmentada sociedad de los Estados Unidos, primero desde la periferia de la promesa obamista en The Other Side (2015), para ahora desembocar en las ruinas trumpistas en What You Gonna Do When the World’s on Fire?, documental filmado en pulcro blanco y negro, que evoca los trabajos del gran Charles Burnett (Killer Sheep, 1977). 

El documental muestra cuatro historias sucedidas en Nueva Orleans y Missisipi, poniendo énfasis en la protesta de un grupo de Panteras Negras que buscan justicia por el asesinato de un miembro de su comunidad a manos del Ku Klux Klan y la de un par de hermanos que viven en un barrio acosado por la violencia. Aunque en ocasiones se vuelve monótono y algo repetitivo, Minervini usa estas deficiencias para reforzar el discurso de las minorías étnicas para contrarrestar los efectos de un poderoso aparato mediático y político que busca minimizar su incendiaria lucha.

  • CoinCoin et les Z’inhumains de Bruno Dumont

Las invasiones de cuerpos por fuerzas alienígenas en el cine suelen conllevar una alegoría política, como en las versiones de Invasion of the Body Snacthers –de Siegel, Kaufman y Ferrara–, pero en la visión de Bruno Dumont, esta suplantación de cuerpos toma un tono absurdo, lúdico y hasta grotesco que se alinea en las rupturas que han venido puntuando el trabajo del cineasta francés.

En CoinCoin et les Z’inhumains, Dumont regresa al pueblo donde filmó la brillante miniserie P’tit Quinquin (2014), solo que en esta ocasión no se persigue a un peculiar asesino en serie, sino que se trata de resolver los misteriosos incidentes relacionados con la caída de una pegajosa sustancia negra en distintas partes del pueblo que han detonado extraños cambios de conducta en varios miembros de la comunidad. Rozando la comedia dadaísta, Dumont destruye todas las limitantes de los géneros para crear, con absoluta libertad, un volátil pero atractivo híbrido de ciencia ficción y comedia que lo mismo evoca a los Looney Tunes que a los Hermanos Marx. Una serie cuya hilaridad radica en la constante tensión entre rigor y descontrol.

  • Cómprame un revólver de Julio Hernández Cordón

El nuevo trabajo de Julio Hernández Cordón está situado en un futuro postapocalíptico, donde el que el narcotráfico ha tomado el control total del país y las mujeres se han convertido en objetos preciados por su escasez. Cómprame un revólver aborda en clave fantástico-literaria problemáticas sociales dolorosamente vigentes en México, como dijera el programador de la Quincena de los Realizadores, Eduard Waintrop, es una mezcla de “Mad Max con Peter Pan”… aunque, quizá, cambiaría la referencia a Barrie por el Huckleberry Finn, de Mark Twain.

Hernández Cordón ofrece una visión ingeniosa del complejo panorama social en México, no obstante deja varios huecos en el desarrollo de su trama que impiden a la película cumplir su explosiva promesa, pasaba lo mismo con Te prometo anarquía (2015). Manteniendo un fino humor negro, un afilado sentido de la ironía y un imaginativo diseño de producción, Hernández Cordón castea a su hija Matilde en el rol principal, en el cual la pequeña revela una radiante frescura y entrañable resiliencia a cuadro. Esta es una fábula que está a punto de convertirse en crónica.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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