56 Muestra | ‘Se levanta el viento’: El poético vuelo de Hayao Miyazaki

Durante el marco del Festival de Cine de Venecia del año pasado,el nipón Hayao Miyazaki dio a conocer dos aspectos importantes con respecto a su carrera: una, su retiro del cine de animación, noticia que ha sorprendido a propios y extraños debido a la gigantesca vitalidad creativa que ha mostrado como autor de historias a sus 73 años de edad. La segunda: compartiría por primera vez al medio internacional, de acuerdo con sus palabras, su “presunta” última película, la número 11 de su prestigiado currículum animado: Se levanta el viento (Kaze Tachinu, 2013).

La admiración del sensei de la animación japonesa por el mundo de la aviación y el surco por el cielo se vio reflejada en Nausicaa del valle de viento (1984) y en El castillo en el cielo (1986). Esta vez resurge con un tributo al ingeniero aeronáutico Jiro Horikoshi, primera ocasión en la que una obra suya se basa en la vida de un personaje real (con ciertas libertades hechas en el biopic, al agregar una hermana al protagonista), que fue, por cierto, crucial en el diseño de aeronaves en su país natal en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, al crear el Zero, el avión combatiente utilizado en el ataque a Pearl Harbor en 1941.

En su infancia, Jiro desea ser piloto, a pesar de tener una baja visión ocular. No obstante, su imposible aspiración da un giro trascendental cuando conoce a Giovanni Caproni, quien le afirma que construir aviones “es construir grandes sueños”. A partir de allí, tal como su ídolo italiano, Jiro decide convertirse en ingeniero aeronáutico, no sin antes atravesar por momentos históricos cruciales que definirán su destino.

Tal y como en Porco Rosso (1992), el peso de la historia lo llevan el rol masculino, la cultura italiana y la aviación forman parte de la narración, llevándolos esta vez a la motivación e inspiración del protagonista para lograr su anhelada meta. Con el característico estilo tradicional en animación del estudio Ghibli, la poesía recreada en imagen es estética, presente desde el vuelo por los aires, la ensoñación y el taller para construir aviones, hasta en los tiempos difíciles en Japón, como la crisis económica y el temible terremoto que sacudió a Kanto en 1923, expresando el miedo y el desasosiego, pincelado con un cielo invadido por el humo y el poblado consumido por el fuego y la destrucción.

Ante la historia más realista de su carrera, Miyazaki se distancia del elemento fantástico de El viaje de Chihiro (2001) y del mensaje ecologista de La princesa Mononoke (1998), aproximándose a una etapa en la Segunda Guerra Mundial que el mismo Japón quisiera olvidar. La postura antibélica del cineasta se representa en la búsqueda del cumplimiento del sueño como prioridad, y no en las consecuencias de la guerra. No obstante, converge con la realidad el onirismo, por medio de las conversaciones de Jiro con Caproni y en la pasión por su trabajo que lo inspira a diseñar (cuando se observa a sí mismo pisando las alas del avión mientras vuela e imagina).

La amistad y la lealtad son representadas en los colegas de Jiro, su familia y su hermana Kayo (aunque por un momento, inconexo con la trama, como el viaje a Alemania con su amigo Honjo), atisbado por la comedia. Contraponiéndose a ello se encuentra el espionaje, una constante utilizada sobremanera en los tiempos de guerra que Miyazaki critica en su obra: Jiro, al convertirse en un genio de la ingeniería aeronáutica en su país, es acechado a causa de sus diseños.

El propio título de la cinta se inspira en la novela de Tatsu Hiro y en Paul Valéry, poeta francés cuyo poema El cementerio marino cita el verso que es su eslabón argumentativo, fundamental a manera retórica y pieza crucial para otro aspecto importante: el amor.

A diferencia de otros trabajos de la filmografía de Miyazaki, el romance es retratado con mayor profundidad y preponderancia, en este caso, el de Jiro y Nahoko, chica que conoce en el terremoto de Kanto y con quien se reencuentra en la adultez.

El viento es el lazo fortuito que une a la pareja. Marcado por los estragos que representó la tuberculosis en varios poblados de Japón, este último aspecto coincidente con Mi vecino Totoro (1988) realza la tragedia social de la mencionada enfermedad a través de la historia de amor, siendo uno de los aspectos que más la diferencian de obras más optimistas, como El Increíble Castillo Vagabundo (2004). Dicho romance humaniza a Jiro, instándolo a levantarse, a continuar viviendo…

Sutil y conmovedora, Se levanta el viento es la película más “adulta” de Hayao Miyazaki, en la que retrata a un hombre soñador que sólo deseaba crear el avión que siempre anheló, sabiente de los fines bélicos del que su creación sería objeto. Miyazaki acompaña su obra a un vuelo muy alto.

Por Mariana Fernández (@mariana_ferfab)

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