55 Muestra | ‘Érase una vez yo, Verónica’: Impotencia ante el vacío de la realidad

La vida de Verónica parece ir viento en popa, recién terminada la carrera en medicina le acaban de asignar su propio consultorio en un hospital público, la relación con su padre está mejor que nunca y en el ámbito amoroso podría tener prácticamente al hombre que quisiera; pero una gran preocupación la invade.

Entre los miles de pacientes que la visitan diariamente y la rutina en la violenta ciudad de Recife a Verónica la rodea la de inquietud de no saber si el curso por el que atraviesa su vida es el correcto, de no saber si realmente quería dedicarse a la medicina, de ver cómo su padre envejece cada día más y que el inminente fin de su vida se acerca, de ver que no es capaz de tomar en serio a ningún hombre, de no ser capaz de aceptarse a sí misma.

Verónica está desesperada por salir de esa crisis, pero no tiene claro el cómo ni sabe realmente qué es lo que quiere. Se limita  a salir con sus amigas y cantar canciones de despecho para poder dejar a un lado la impotencia con la que vive, pero es el sexo el único método que tiene para realmente escaparse de la realidad aunque sea por un momento, sin importar que sea una insípida relación casual; pero al terminar sus efímeros encuentros sexuales su realidad la sigue esperando.

El director Marcelo Gomes presenta un retrato de la juventud actual, una juventud ensimismada, hundida en el consumismo propiciado por una sociedad capitalista que los ha convertido en personas llenas de indiferencia hacia su entorno, una juventud que trabaja en empleos que no les satisfacen para poder llenar con cosas materiales el vacío que sienten en sus vidas.

Una película que muestra el proceso de madurez cuando los estudiantes acostumbrados a vivir en un mundo sin mayores complicaciones salen de su burbuja protectora y se enfrentan a la cruda realidad de la vida laboral. La realidad de darse cuenta que no son los genios que pensaban ser y que hay un largo y difícil camino que recorrer para poder ser alguien en la vida.

Verónica, como médico que es, se dedica a ayudar a las personas, a curarlas, a ayudarlas a terminar con su sufrimiento pero ¿Quién la ayuda a ella? ¿Quién se preocupa por ella? ¿Quién se da cuenta que ella también tiene una enfermedad que necesita ser tratada? Verónica es capaz de entender y curar a unos pacientes envidiosos que ni siquiera conoce y que no tienen ningún otro interés más que ellos mismos, pero no es capaz de entender ni mucho menos de arreglar su propia vida.

Las actuaciones son sobresalientes en Era Uma Vez Eu, Verônica, Hermila Guedes hace un gran trabajo como Verónica y logra imprimir y transmitir al espectador la monotonía, lo aburrida y desesperante que es su vida y la desilusión con la que vive. Así mismo W.J. Solha ínterpreta magistralmente a su padre, un adulto ya de la tercera edad que añora el pasado por medio de discos de vinilo y que está preocupado por su hija, pero que está consciente que debido a la enfermedad el final de su vida se acerca y que no puede hacer mucho para ayudarla.

La música es un elemento muy bien explotado por el director. La música pop actual que le ayuda a Verónica a expresar lo que siente y a olvidar sus problemas aunque sea durante los tres minutos que dura la canción o la vieja música de los discos de vinil del papá que le traen la nostalgia del pasado, un pasado feliz donde tenía muchos años por vivir junto a su esposa para sacar adelante a su pequeña hija.

Era Uma Vez Eu, Verônica es un retrato del Brasil moderno parecido a lo que quiso hacer Kleber Mendonça Filho con su Sonidos vecinos (de hecho es la misma ciudad de Recife), pero a diferencia de él la película de Marcelo Gomes sí funciona. A pesar de ser en un universo mucho más pequeño al de Sonidos vecinos (la cual es contada mediante historias paralelas en una colonia de clase media) Gomes logra mostrar cómo a pesar de vivir en una enorme ciudad aparentemente perfecta donde se está rodeado de gente, de ruido y del movimiento urbano cotidiano; a nadie le interesa el individuo, la persona no tiene ningún valor y termina sintiéndose completamente solo y perdido en la enrome jungla de concreto.

Por Luis Arredondo

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