11º FICUNAM | Los Plebes: Un retrato de violencia sin violencia

Eduardo Giralt y Emmanuel Massu, dos jóvenes cineastas, decidieron acercarse a unos jóvenes narcos, apodados en la zona como “los plebes”, que actualmente trabajan para la organización que controla el estado de Sinaloa con la fuerza del crimen y la violencia.

“Como mensajeros, guardias o sicarios, los plebes son la carne de cañón del crimen organizado; trabajos que, a pesar de proyectar una corta expectativa de vida, reúnen en sus filas a casi medio millón de jóvenes”, expresaron los directores en una entrevista, en la cuál también hablaron de cómo buscaron separarse del amarillismo mostrado en series o películas como Narcos (2015-2017) o Heli (2013), de Amat Escalante, para conocer la psique de estos jóvenes que motivados por la pobreza decidieron ejercer ese “estilo” de vida.

“Un plebe” apodado La Vagancia funciona como protagonista del documental, escuchamos y observamos su día a día. Vive en un barrio rural, en un ambiente de aparente tranquilidad, separado de los lujos mientras convive con su gente y espera la llamada del “patrón”. Las redes sociales son un factor importante porque, como cualquier <i>millennial</i>, viven pegados a su teléfono, publicando fotografías y muchas otras cosas. La Vagancia se encariña con un perro, que funciona como mecanismo para fragmentar emociones humanas y expectativas. Usualmente la sociedad mira este tipo de vida como malévolo, como si el mal habita en todo momento a estas personas. Los Plebes busca simpatizar con los muchachos, desean escapar sin poder lograrlo. Uno de ellos lo subraya: “el final puede ser la cárcel o la muerte”.

Los sueños rotos, las pérdidas familiares, cuestionar su existencia, el dolor y el miedo están siempre presentes en la vida diaria de estos personajes. Su trabajo no los acerca al estereotipo del narco trillonario e imparable, rodeado de exquisitos lujos. Quisieran otra vida, pero no pueden. El peligro y la muerte los esperan “a la vuelta de la esquina”.

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Entre sus anécdotas escuchamos sobre enfrentamientos con policías y otros grupos delictivos con juguetes de plástico y de los velorios pertenecientes a los amigos recién fallecidos que no querían asistir al combate donde perdieron la vida. Para ellos, son señales de esperanza. Hacia el final de la película se preparan para una misión, las armas están cargadas, una cruz se clava en el suelo, el destino es impredecible. El miedo se acelera en sus venas.

El material provino de grabaciones con celulares, los píxeles le dan una cercanía natural a los personajes, sin la pretensión de un enorme crew. La apuesta no es la de un reportaje o un documental informativo, sino mostrar la intimidad entre cineastas y narcollennials.

A excepción La Vagancia, una máscara digital cubre los rostros de los personajes ocultando su identidad. Los familiares y personas externas portan una máscara blanca, mientras que Los Plebes son marcados por un rojo parpadeante, como si observáramos el flujo de su sangre.

Durante todo el documental se percibe peligro, la violencia respira en la nuca de los cineastas. La falta de morbo en esa violencia humaniza lo inhumano. Estos jóvenes sicarios, asesinos pagados, viven en un ambiente humilde, una vida común dividida entre ver a las novias, la familia y jugar videojuegos. El amor que le tienen a un arma es el mismo que le tienen a un perro o a sus seres queridos. Con estas viñetas de cotidianidad, el documental se aleja de las películas y series modernas que muestran una otra cara distinta y superficial.

Los Plebes es un acercamiento distinto a las organizaciones criminales, su intimidad refleja los miedos y desesperación constante que padecen estos jóvenes, hundidos en un ambiente violento e indeseable.

Por Alex Guax (@Alex_Guax)

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